default

Un problema llamado Pinochet


Desde que en 1973 derrocó al gobierno de Salvador Allende en medio de una ola de violencia sin paralelo, hasta los días que corren, el general ahora retirado Augusto Pinochet, en trance de convertirse en senador vitalicio, es el problema más grave de Chile. Como cabeza de la dictadura militar gobernó a sangre y fuego para eliminar a sus opositores izquierdistas, ya sea que residieran en el país o en el extranjero.
Sería absurdo ocultar que el régimen socialista de Allende llevó a Chile al desastre económico y al caos político. Pero la pregunta del millón de dólares es si para aplicar la receta de la economía liberal, indudablemente clave del desarrollo chileno, era necesario desterrar, encarcelar, torturar o asesinar a los opositores, como lo hizo el régimen pinochetista. La mayor parte de los regímenes de economía de mercado respetan los derechos humanos.
Acaba de concluir la carrera militar de Pinochet y empieza su carrera política formal como senador vitalicio, derivación de controvertidas reformas constitucionales que Pinochet hizo aprobar, más para cuidarse las espaldas que por amor a las leyes que despreció olímpicamente bajo su mandato tiránico.
El hecho es que a los 80 años Pinochet sigue conmocionando el país, agitando los cuarteles, poniendo en vilo al gobierno democrático, movilizando a los estudiantes y a los ciudadanos que no toleran su obstinación en continuar aferrado a un poder del que disfrutó a su antojo durante 17 años.
Pero a Pinochet nada parece importarle que no sea la satisfacción personal de su capricho egolátrico. Ante tamaña testarudez los adversarios han interpuesto una acusación constitucional para eliminarlo del senado, y de la actividad política. A manera de despedida las fuerzas armadas le han dado el título honorífico de comandante general benemérito, inexistente en los reglamentos militares. Es otra de sus astutas maniobras para pretender convertir cualquier sanción contra él en un agravio institucional.
Esta última y triste etapa de la trayectoria de Pinochet confirma que los dictadores no saben retirarse a tiempo; que viven anclados en un falso pasado de gloria; y que para saciar su inflado ego, no los perturba agitar una reconstrucción democrática que costó sangre, sudor y lágrimas restaurar constitucionalmente.
Pinochet es una amenaza para el futuro constitucional, para la tranquilidad del país, para la estabilidad del gobierno de Eduardo Frei. Su pase al retiro militar debería eliminar para siempre la más tenue asociación al estado de derecho.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América