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Un reto al Presidente


Luego de debatir durante algún tiempo en torno a la realidad nacional actual con grupo de parientes, todos adeptos al actual gobierno, no logramos ningún acuerdo. Ellos mantenían una actitud irracional, que raya en necedad, al defender lo indefendible.

Al demostrar a través de una argumentación pausada, clara y cargada de la firme legítima voluntad de hacer las cosas de la forma correcta, alguien emitió un concepto en el que la causa de las desavenencias en la actualidad apuntan a una incapacidad sistemática del Estado para resolver los problemas de los asociados.

En medio de tanta jerigonza confusa, pude reconocer un concepto que toma vigencia en nuestros días, pero que no afecta únicamente a nuestro Panamá, modernizado, ampliado y hambriento. Al investigar sobre el novedoso concepto -a mi humilde entender-, me encuentro con que ya ha sido replanteado en distintas situaciones, como la que paso a citar, ocurrida en el continente africano.

“Las duras condiciones económicas y sociales, una corrupción generalizada, escenarios de conflictos presentes y pasados, fronteras permeables, gobiernos nacionales ineficaces y una creciente cultura de la impunidad han alimentado el desarrollo de prácticas delictivas, merced a las cuales las operaciones internacionales de delincuencia que se llevan a cabo en la región de África Occidental y Central han adquirido un mayor relieve. La incapacidad sistemática de los Estados para aplicar el Estado de Derecho y garantizar la seguridad de sus ciudadanos y agentes económicos ofrece el entorno más propicio para el desarrollo de cualquier forma de actividad delictiva dirigida a obtener fáciles beneficios a costa de los seres humanos y la seguridad de la sociedad”.

Cómo no se padecerá este mal en nuestro Panamá pobre, con un presidente que tartamudea tratando de garantizar de palabra, pero sin acción, la seguridad de los usuarios del transporte; justificando, además, con su retórica descarada, el estado de cosas en el país.

Con el último abuso en contra de los usuarios, ahora se inventa que los asesinos del transporte deben tener especificaciones, equiparándolos a un producto de calidad. Perdón, señor Presidente, me parece que al tratarse de personas, en todo caso, deberían cumplir requisitos. Pero nadie le pone el cascabel al gato, porque todos estamos amarrados en este sistema partidocrático, elitista, nepotista y enfermo de incapacidad.

Le reto para que madrugue a buscar una cita en cualquier policlínica, le invito a que se cure con nuestras medicinas, atrévase a estudiar en nuestras escuelas y universidades, viva una quincena con el salario mínimo, compre su propia gasolina y pague por la electricidad que consume usted, su familia y todos sus allegados. Le reto a que se transporte en nuestros buses...

Atrévase, Sr. Presidente.

101 años de Panamá América

 
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