Un sacerdote ejemplar
Hablar de Julio de la Calle Jiménez es referirse al sacerdote católico que desde muy temprana edad (11) inicia su itinerario al sacerdocio. Nacido en Solana Ávila, España, realizó estudios de humanidades, filosóficos y teológicos con los padres agustinos en el Real Monasterio San Lorenzo del Escorial. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca y diplomado en catequética por el Instituto San Pío X de Madrid.
El 22 de marzo de l958 fue ordenado sacerdote en Madrid, España, y celebró de inmediato su primera Eucaristía. Estamos frente a un sacerdote de la Orden de los Agustinos que está celebrando sus 5O años de ordenación y los feligreses de la Parroquia de Nuestra Señora de Los Ángeles le han preparado un gran homenaje en reconocimiento sincero a quien ha realizado una labor de evangelización suprema y un valioso trabajo en beneficio de los que menos tienen. Esto quedó comprobado cuando se incorpora al Centro Misional Jesús Obrero desde el 8 de febrero de l97O al 2O de diciembre de l979.
El centro está en la zona Ngöbe Buglé, distrito de Tolé, en donde el sacerdote De la Calle hizo gala de su amor por aquellos que viven en abandono permanente y sufren enfermedades, ignorancia y extrema pobreza. Y es que para este sacerdote, la Iglesia católica, además de evangelizar e insistir en la conversión de los hombres a una vida nueva, también debe participar activamente en el cambio de estructuras de los gobiernos y hacer importantes recomendaciones que contribuyan a la consecución de un país en donde la democracia, la libertad y la justicia social, sean la guía y norte de los que tienen en sus manos el destino de la nación.
Desde el primer momento, apreciamos al líder que ha movido voluntades a través de los años de servicio en este país y ha logrado efectuar proyectos de hondo sentido social como Jesús en los Pobres y el Centro de Promoción de la Mujer, proyectando la acción de la Iglesia Católica en la vida de la comunidad. El sacerdote Julio fue nervio y motor en la construcción de la Parroquia de Nuestra Señora de Los Ángeles y llega a sus 50 años de ordenación dejando en el camino un ejemplo de entrega que, seguramente servirá de estímulo y guía a jóvenes sacerdotes que han empezado a caminar por la senda del bien común y de "amaos los unos a los otros".