Un sistema de información estatal
Los recientes cambios en el aparato informativo estatal, acompañados de una desinformación negligente sobre acuerdos de gabinete, enfatizan que lo que requiere el Estado es un sistema de información moderno y eficiente y que sin este requisito, tarde o temprano, naufragarán los nombramientos individuales.
Desde mucho tiempo atrás se cree que las oficinas de relaciones públicas e información están al servicio de la promoción personal del ministro o del director de institución. El tono invariablemente laudatorio de las noticias delata el concepto erróneo que soporta la información oficial. Las gacetillas que se remiten a los medios de comunicación, con excepciones, se caracterizan por su pobreza informativa y por su tendencia a la "lambonería" textual y fotográfica. Ante esta situación, un gobierno que propone reformas sociales de envergadura debe encarar una modificación sustantiva del enfoque informativo.
Un cambio estructural que produzca una fluida y coherente emisión de mensajes que garantice, al mismo tiempo, la correcta recepción del flujo informativo a los medios. Ya hay quejas de que algunos fax no llegan a los diarios independientes. Para corregir anomalías y deficiencias, se debería empezar ante todo por crear un sistema estatal de información con una dirección general que organice el desorden imperante en las dependencias oficiales, estableciendo jerarquías, prioridades y convergencias. Se debería, asimismo, deslindar qué es información y qué es relaciones públicas y fijar áreas que impidan la confusión entre ambas esferas que son complementarias, pero que corresponden a distintas especialidades profesionales y a distintas técnicas.
Sin embargo, quizás el cambio debe empezar por los propios generadores de las noticias; es decir los miembros del Ejecutivo y de todos los poderes públicos deben comprender que forman parte de una unidad de gobierno que implica también unidad informativa y por ende deben posponer la búsqueda de imagen personal y así asegurar que sus decisiones sean comunicadas a la opinión pública con objetividad y eficiencia.
Existen muchos casos de vacíos informativos. No se justifica, por ejemplo, que se informe que el gabinete ministerial deliberó sobre los B/.200 millones obtenidos de la Caja de Seguro Social por la compra de bonos y que no se proporcione la lista de obras que se financiarán con ese dinero. ¿ O es que primero se consigue el dinero y después se piensa qué obras se harán? La opinión pública espera respuestas claras y convincentes.
Desde mucho tiempo atrás se cree que las oficinas de relaciones públicas e información están al servicio de la promoción personal del ministro o del director de institución. El tono invariablemente laudatorio de las noticias delata el concepto erróneo que soporta la información oficial. Las gacetillas que se remiten a los medios de comunicación, con excepciones, se caracterizan por su pobreza informativa y por su tendencia a la "lambonería" textual y fotográfica. Ante esta situación, un gobierno que propone reformas sociales de envergadura debe encarar una modificación sustantiva del enfoque informativo.
Un cambio estructural que produzca una fluida y coherente emisión de mensajes que garantice, al mismo tiempo, la correcta recepción del flujo informativo a los medios. Ya hay quejas de que algunos fax no llegan a los diarios independientes. Para corregir anomalías y deficiencias, se debería empezar ante todo por crear un sistema estatal de información con una dirección general que organice el desorden imperante en las dependencias oficiales, estableciendo jerarquías, prioridades y convergencias. Se debería, asimismo, deslindar qué es información y qué es relaciones públicas y fijar áreas que impidan la confusión entre ambas esferas que son complementarias, pero que corresponden a distintas especialidades profesionales y a distintas técnicas.
Sin embargo, quizás el cambio debe empezar por los propios generadores de las noticias; es decir los miembros del Ejecutivo y de todos los poderes públicos deben comprender que forman parte de una unidad de gobierno que implica también unidad informativa y por ende deben posponer la búsqueda de imagen personal y así asegurar que sus decisiones sean comunicadas a la opinión pública con objetividad y eficiencia.
Existen muchos casos de vacíos informativos. No se justifica, por ejemplo, que se informe que el gabinete ministerial deliberó sobre los B/.200 millones obtenidos de la Caja de Seguro Social por la compra de bonos y que no se proporcione la lista de obras que se financiarán con ese dinero. ¿ O es que primero se consigue el dinero y después se piensa qué obras se harán? La opinión pública espera respuestas claras y convincentes.