Un toque de queda obligado
El toque de queda según mi parecer es una medida sana en estos momentos en que la delincuencia con todas sus herramientas nefastas nos mantienen en una continua intranquilidad, tensión y angustia. Lo bueno de este plan de acción es que no cuenta con millones de dólares ni de un plazo de cinco años para que se vea sus resultados; y, es que, su ejecutor Juan Carlos Navarro, alcalde del Distrito de Panamá, nos da a conocer a ciencia cierta el manejo del mismo.
Esperemos, confiemos y tengamos fe en Dios que este plan de acción nos brinde parte de la seguridad que todos estamos esperando; además, que le da la opción al menor y a su familia a que mejore su calidad de vida y que tomen conciencia del significado del respeto a la vida que todo ser humano tiene derecho.
Que más no quisiera una madre y un padre preocupados por la conducta transgresora y abusadora de su hijo que éste empiece a dar manifestaciones de cambios para el bien de él y de una sociedad que lo pide a gritos. Puesto que el menor que no es reclamado después de 24 horas por sus padres o acudientes, el Ministerio de Desarrollo Social asumirá su tutela y permanecerá en los albergues con que cuenta la institución, así como en la Ciudadela de Jesús y María, entre otros hogares de protección al menor donde se tiene la plena confianza que será para el bien del muchacho.
Mediciones realizadas por la PTJ durante el año pasado demuestran que el 47% de las víctimas de delito contra la vida e integridad de las personas era menores de edad. Y, como dice El Pulso de Panamá del martes 19 de febrero de 2008: "El Alcalde utilizando un Decreto Alcaldicio que data de 1995, busca aplicarlo ahora con severidad, para de esa manera tratar de controlar la comisión de delitos por parte de menores después de las nueve de la noche de domingos a jueves y de las once de la noche, los viernes y sábados…".
De la misma manera, el Alcalde debería involucrarse y sancionar a los medios cuyos programas de televisión promueven la violencia, el libertinaje sexual, la inmoralidad, la perversión y el atropello a la primera institución de toda sociedad, la familia, siendo la principal damnificada en estos tiempos.
Si apostamos a fortalecer la relación familiar, todo nuestro entorno se verá fortalecido.
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