A un tuitero le cayó la gota fría
El pasado 29 de septiembre del presente año, por el Noticiero Estelar de canal 13 se leyó un tuit ofensivo, a mi modo de ver periodístico, que llamaba alcahueta a la señora Marta Linares de Martinelli, porque en unas tomas que se le hicieron y luego las pasaron por televisión, ella manifestaba su apoyo, como es lógico, a su esposo Ricardo Martinelli, y decía que mientras en Panamá no se le respetara el debido proceso, su regreso estaría pendiente (palabras más, palabras menos) y el comunicador, político, torrijista, que pareciera ser enemigo recalcitrante de los Martinelli, encontró en un tuit de muy bajo perfil periodístico y social, la forma de ofender gratuitamente a quien como mujer, esposa y madre, defiende y cuida de los suyos, como igual harían las esposas y madres de los tuiteros que agreden; periodistas y comunicadores sociales, que si bien tienen la dicha de que sus madres y esposas también los quieran y los defiendan en momentos difíciles, no aceptarían que por ello un tuitero las llamara alcahuetas, incluso no se prestarían para leerlos.
Cuando suceden esos exabruptos periodísticos, guardo silencio y me sumerjo en lo más profundo de mis soledades, activo mi vieja vitrola y dejo que mis pensamientos floten sobre el pentagrama de la música del maestro Escalona, quien fuera amigo personal de algunos parientes míos allá en Colombia.
. . . . . . . . " y ahora me mienta mi mamá, solamente por ofender y para que él también se ofenda, ahora le miento la de él " . . . . . . y cuando me oyó tocar le cayó la gota fría . . ." ¡Jo, y di un salto! ¿les cayó la gota fría?
¡Miren, cómo es la vida!, un periodista de allá, de las ubérrinas tierras de Atahualpa, también dijo palabras ofensivas en contra de nuestro presidente Juan Carlos Varela y no he visto en los medios ni he escuchado a periodistas afines al gobierno hacer, como debe hacerse, una protesta contundente, incluso, por los canales diplomáticos, pues se trata de nuestro presidente, que nos representa a todos y con él y por él todos merecemos que se nos respete aquí y principalmente afuera del país.
NUESTRO PERIODISMO.. HA PERDIDO EL CONTROL EDITORIAL, QUE ANTES TENÍAN NUESTROS MAESTROS, QUE DEJABAN EMBARRADAS LAS TECLAS DE LAS MÁQUINAS DE ESCRIBIR CON EL UNGÜENTO QUE UTILIZABAN PARA SOFOCAR EL DOLOR QUE LES CAUSABA LA ARTRITIS EN SUS DEDOS.
Volviendo a lo anterior, como periodistas no debemos dejar que los tuits nos manipulen y nos conviertan en sus marionetas y si así fuera, adiós universidad y que sean las tertulias y los dimes y diretes el nuevo norte de nuestro periodismo, que parece ya dividirse en dos flancos, el siempre profesional, decente-honesto-útil-, que en fin de cuentas siempre es formativo, y el otro el tuitero, ¡que ya, ya, pero ya! se está convirtiendo en la nueva torre de Babel.
Hay tanto pasionismo y la pasión es la madre de la desinformación; y la desinformación, la del confusionismo, así pasó allá en Babilonia, todo mundo hablaba y fue tanto el estropicio verbal, que la lengua se les trababa, y nadie entendía a nadie,? así está pasando, pero peor, ya que no solo desinforma, sino que agrede y hacen ver que aquí en Panamá no hay nada ni nadie que valga la pena; todo es miseria, basura y maldades, esa es la esencia de nuestras noticias.
Nuestro periodismo Hertziano parece sucumbir en el mercado pueril de las ideas y ha perdido el control editorial, que antes tenían nuestros maestros, que dejaban embarradas las teclas de las máquinas de escribir con el ungüento que utilizaban para sofocar el dolor que les causaba la artritis en sus dedos.
Nuestro periodismo siempre fue novedoso, colorido y agresivo; hoy el sensacionalismo, la mentira, el bochinche y la difamación han quedado condensados en los malos tuits, y la televisión se ha hecho eco de ello, la gente culta no tiene espacio en la televisión ni en la radio, salvo "Programas para gente inteligente que sabe escuchar radio", todavía escucho por allí, que en el periodismo no debe haber palabras rimbombantes, pero díganme, después de 80 años de vida universitaria, vamos a seguir hablando como Juan Pescao. No debemos perder bajo ningún concepto el respeto a nuestros presidentes y menos si la ofensa viene de afuera, en este caso de un periodista peruano, pero como en un tiempo se traían periodistas de afuera para que le dieran de zapatillazos a Martinelli, hoy no tenemos autoridad moral para quejarnos, en pocas palabras. . . del cielo les cayó la gota fría.