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Una campaña docente y decente


Una campaña que determina un serio empeño en velar por la salud y que cuenta con el apoyo de la ciudadanía responsable, es la que ha emprendido el Alcalde del Distrito de Panamá, Juan Carlos Navarro, a fin de imponer fuertes sanciones pecuniarias a quienes, sin reparo alguno, lancen basuras o toda clase de desperdicios, tanto en la vía pública, aceras y otros, no destinados para ello, contribuyendo así, quienes actúan en forma poco edificante, a darle un mal aspecto al área capitalina y suburbana y más allá hasta donde llega la jurisdicción municipal. Por ello, sería conveniente que todos los municipios que integran nuestra República, se sumaran a este mismo esfuerzo que conlleva el de evitar nuevos focos de enfermedades.
Sin embargo para que sea posible una mayor eficacia en esta campaña de aseo, por medios coercitivos, sería conveniente que las autoridades municipales logren de las máximas autoridades educativas que se arraigue, desde la escuela primaria, el buen hábito por el ornato y a la vez involucrar a todos los medios de comunicación social en esta campaña, promoviendo concursos con buenos incentivos, alusivos a la misma.
Pese a que comprendemos que es cuestión de educación y del buen sentido el de depositar la basura donde corresponde, será necesario, no obstante, imponer dichas multas, con carácter permanente, hasta lograr que nuestras ciudades se mantengan lo más limpias, ya que de lo contrario por más empleados que nombre el municipio en la ocupación de recoger basuras, sería despropósito, ya que siempre existirán elementos sin conciencia social, que tras de ellos irán dejando nuevos deshechos, como muchas veces se observa, en forma indolente contra esos humildes empleados, hombres y mujeres, que bajo la inclemencia del tiempo cumplen cotidianamente su tarea, devengando bajos salarios, sin guantes y demás indumentarias necesarias que los pongan a salvo de una serie de agentes patógenos.
Ahora bien, esta campaña municipal a la que nos estamos refiriendo, debe extenderse contra los propietarios de terrenos, cuyos herbazales deben ser cortados periódicamente, ya que de lo contrario se alojan en ellos toda clase de alimañas y mosquitos y son al propio tiempo refugio para malhechores y demás actos que riñen contra la moral y buenas costumbres. No deben prevalecer ninguna clase de influencias y los corregidores, igualmente, deben ser instruidos por sus superiores para que se cumplan en forma inflexible las disposiciones legales que rigen para ello.
Estamos satisfechos de que nuestro país haya alcanzado su plena soberanía y que no sea una policía extranjera las que nos impongan sanciones, como ocurrió durante casi un siglo, pero si ese temor nos impuso ser decentes en esa área, será acaso que por temor a ser multados por nuestras propias autoridades corregiremos en el futuro nuestra conducta, evitando lanzar una pava de cigarrillo.

101 años de Panamá América

 
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