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Una carta por la democracia


La semana pasada nos reunimos en Lima, Perú, los Cancilleres de los países que integran la Organización de Estados Americanos (OEA) para considerar y aprobar el texto de la Carta Democrática Interamericana. Correspondió a Panamá el alto honor de presidir la sesión inaugural de la Asamblea Extraordinaria, la cual estaba programada para iniciarse a las nueve y treinta de la mañana hora de Lima, diez y treinta de la mañana hora de Nueva York y Washington D.C. Poco antes de la hora programada, todos los presentes quedamos horrorizados ante la noticia de los ataques terroristas perpetrados en ambas ciudades estadounidenses.
Al iniciar la sesión, correspondió a Panamá proponer un minuto de silencio por las víctimas de tan abominables actos terroristas, que atentaron no solamente contra los Estados Unidos de América, sino contra la propia condición del ser humano. Este acto de solidaridad con las víctimas y el pueblo estadounidense constituyó, con toda seguridad, la primera manifestación de repudio en un foro internacional a los hechos acaecidos. Posteriormente y por unanimidad de todas las delegaciones se procedió a elegir al Canciller del Perú, Diego García Sayán, como Presidente de la Asamblea Extraordinaria.
A solicitud del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Collin Powell, se modificó la agenda de la reunión a fin de aprobar el texto de la Carta Democrática con antelación para luego proceder a las deliberaciones, de manera que el Secretario de Estado Powell pudiese participar de la aprobación de tan importante documento para la democracia en el hemisferio. Una vez aprobada la Carta Democrática por el consenso de los presentes, hizo uso de la palabra el Secretario de Estado Powell, quien posteriormente se retiró de la reunión para regresar a su país.
Para Panamá, cuya política exterior tiene como uno de sus pilares la defensa, promoción y respeto a la democracia representativa, es particularmente grato que la sede de la Asamblea Extraordinaria de la OEA que aprobara la Carta Democrática haya sido Lima, Perú. En este sentido, cabe destacar que Panamá se convirtió en el país del hemisferio que se pronunció un mayor número de veces, de manera enérgica, por el respeto a la soberanía popular en el Perú y la restauración de la democracia plena en ese país, a través de notas de la Cancillería de fechas 26 de abril de 2000, 20 de noviembre de 2000, 9 de abril de 2001 y 4 de junio de 2001. Nunca en la historia panameña se ha pronunciado gobierno alguno tantas veces en tan corto tiempo, de manera tan categórica, en defensa de un proceso de transición a la democracia en nuestro hemisferio. Ello nos valió una amenaza de retiro de su Embajador por parte del anterior gobierno del Perú. No obstante, mantuvimos nuestra posición de apoyo al pueblo peruano y por el respeto de la soberanía popular.
Quiero registrar además, de manera especial, mi reconocimiento al Consejo Permanente de la OEA por el magnífico trabajo realizado al elaborar el proyecto final de la Carta Democrática. En especial, es importante resaltar la labor desempeñada por nuestro Embajador ante la OEA, Juan Manuel Castulovich. Su liderazgo en las deliberaciones y en la redacción del documento final fue reconocido durante su intervención por el propio Secretario General de la OEA, Dr. César Gaviria, y por mis colegas Cancilleres, quienes en distintos encuentros informales reconocieron el papel protagónico de la misión panameña en la elaboración de tan importante documento.
Mediante la Carta Democrática queda claramente establecido el derecho que asiste a todo gobierno democrático, cuyo legítimo ejercicio del poder pudiera estar amenazado, para recurrir a la OEA y recibir su apoyo para proteger la institucionalidad democrática. También es relevante la forma ponderada, basada en el principio de gradualidad, como están previstas las etapas que deben preceder a la aplicación de una medida de suspensión del sistema hemisférico, que siempre debe ser el último recurso. Se ha establecido, además, el camino para la reincorporación expedita a nuestra comunidad de naciones democráticas de aquel Estado que haya perdido, pero luego recupere, su normalidad constitucional.
Aunque podemos estar orgullosos del texto que se ha logrado, creo que nuestro orgullo sería mayor si nunca tuviéramos la necesidad de recurrir a la Carta Democrática para prevenir la interrupción de la democracia o para restablecerla.
La Carta Democrática contiene otros aspectos que van mas allá de los mecanismos preventivos o de las acciones reparadores de la institucionalidad democrática. En efecto, se introducen en ella normas que destacan la importancia de promover la cultura democrática, especialmente entre las nuevas generaciones. Inculcar en nuestros jóvenes los valores esenciales del sistema democrático ayudará a que formemos ciudadanas y ciudadanos comprometidos a luchar por su preservación y a construir democracias sólidas y duraderas.
Importantes son también los capítulos dedicados a los derechos humanos y a promover la superación de todas las desigualdades. Y, particularmente, sentimos especial complacencia por la forma en que la Carta Democrática destaca la relación que existe entre la democracia, el desarrollo integral y la erradicación de la pobreza.
La democracia es el sistema de gobierno que ofrece las mejores posibilidades para alcanzar el desarrollo, pero si los regímenes democráticos no producen resultados que devuelvan esperanza a quienes hasta ahora han sido sólo testigos marginales del progreso, su estabilidad y su consolidación podrían estar en riesgo.
Desde el inicio de los trabajos que ahora culminaron con la aprobación de la Carta Democrática fuimos decididos impulsores de destacar en ella el tema de la lucha contra la pobreza. En el capítulo tercero no sólo se hace énfasis en la importancia de retomar dentro de la OEA la agenda social sino que también se reafirma el compromiso de diseñar y ejecutar, de manera urgente y efectiva, acciones encaminadas a luchar para erradicar la pobreza extrema, que es la manifestación más dramática del subdesarrollo.
Panamá concibe la Carta Democrática como una piedra fundacional de la construcción de un nuevo orden hemisférico. Esta construcción requiere el establecimiento de un nuevo Contrato entre las naciones del hemisferio que redefina temas como el de la seguridad humana y la jurisdicción internacional en casos de lesa humanidad, entre otros. La Carta Democrática permite que nos atrevamos a soñar con la construcción de ese nuevo orden alternativo decente. Definamos los contornos de la visión de ese futuro mundo mejor que todos deseamos.

101 años de Panamá América

 
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