Una catástrofe anunciada
La crisis alimentaria de nuestros tiempos es una "catástrofe anunciada". La FAO advirtió hace 15 años sobre la situación alimentaria que enfrentaría el mundo, pero al parecer muy pocos países tomaron en serio esto. El problema afecta no sólo la producción de granos y cereales, sino también su distribución. "En este momento más que un problema de escasez, es de distribución", afirmó Mark Plant, representante del Fondo Monetario Internacional.
Las causas de la inflación mundial son de todos conocidas: alza del 77% del precio del petróleo en un año, costo de los insumos, la caída en la inversión agrícola y el crecimiento de las economías China e India.
El tema es preocupante si consideramos que los pobres gastan el 70% de su ingreso en alimentación. Cifra que aumentará al ritmo de la inflación. Muchos gobiernos subsidian a estas poblaciones, acción que para los economistas ha controlado un desbordamiento de la pobreza extrema en el país.
La inflación le cuesta cada vez más al Estado, pues necesitará destinar más dinero de la bolsa fiscal para hacer frente a la situación.
Lo que nos lleva a la pregunta, ¿cuántos rubros está dispuesto a subsidiar el gobierno sin afectar su economía? ¿Qué pasará si el crecimiento económico no sigue el ritmo previsto y, por ende, los aportes fiscales al Estado disminuyen?
La solución es de raíz: incrementar la productividad y producción del campo para ser autosuficientes en alimentación. Hablamos de políticas de Estado, no de gobierno. ¿Seremos capaces de afrontar la crisis con responsabilidad?