Una ciudad de lego
A mediados de la década del ‘90, cuando militaba en el Movimiento Papá Egoró, mi hermana Rita me regaló un árbol verde de Lego, vaticinándome que de ese partido solamente me quedaría ese recuerdo. El candidato de las maracas estuvo a un tris de ser Presidente (sino fuera por los jurados), y así me siento después de las primarias del PRD, cuya aplanadora incluyó la vara mágica del hada madrina, los recursos abundantes de la familia de mi candidato usados en su contra (lo malo no es que se ofreciera, lo inmoral es que se aceptara) y la posición privilegiada en el actual gobierno de su mentor político.
Por tales razones, seguiré pregonando por una ciudad ideal, por la ciudad que yo soñé desde mis años en la Facultad de Arquitectura, y más ahora que he vivido en carne propia la abismal diferencia que existe en esta capital donde, al lado de impresionantes condominios y ciudadelas, hay barrios de pobreza, donde ni agua potable existe; donde la gente sobrevive a punta de cerveza (eso no puede faltar, aunque falte el resto) y reggae; y donde los que más gritan se proclaman dirigentes.
Lo que hace falta es un proyecto de país ("remember", El país que estamos construyendo) y de ciudad. Un proyecto que prescinda del caudillismo, que ya está desfasado y le corresponde a otra generación hacer su propuesta.
Los resultados de estas primarias, que han dejado muchos heridos en el camino, hay que sopesarlos en su justa dimensión, para que no empiece el estribillo o el cuco de la izquierda (que ya no existe), o que un programa de trabajo carece de incentivos para la empresa privada.
El único que presentó un programa de trabajo coherente, y en base a su recorrido, fue Noel Riande; y estoy segura que ninguno de los candidatos a alcalde han tenido estas vivencias y, mucho menos, han tomado en cuenta a los menos favorecidos de tanta bonanza externa en esta supuesta gran ciudad. El alcalde que sea electo en mayo del 2009 tiene que recoger diez años de descuido, hostilidad e improvisaciones, cambiar la cara del político que se promociona a sí mismo versus el que hace y soluciona los problemas de los corregimientos. No creo que haya ningún candidato que pueda llenar estos requisitos y mucho menos con unos representantes de corregimientos que lo único que quieren es apropiarse del botín que representa la descentralización del Municipio de Panamá.
En vista de todo lo anterior, tendré que poner el árbol verde de lego al lado del llavero de Riande para acordarme de mis ideales y esperar, si la vida es consecuente conmigo, a que haya un cambio de actitud para que exista un Distrito Modelo.