Una computadora en cada escuela
El hardware puede construirlo y manejarlo cualquiera -un robot incluido -, mientras el software sólo puede diseñarlo quien está metido de lleno en la nueva era, quien conoce sus reglas y adopta sus valores. Esto lo vieron los norteamericanos antes que nadie, así que no les importó que japoneses, coreanos y taiwaneses construyeran los ordenadores, mientras ellos se concentraban en los programas, que es lo que de verdad importa.
La nueva tecnología es un estado de ánimo, una actitud especial hacia el mundo, las cosas y las personas que nada tienen que ver con lo acontecido hasta ahora. Algo parecido al Renacimiento, tras descubrirse nuevos mundos y nuevas leyes del universo. El renacentista tenía una actitud tan distinta del hombre del medievo que no se comprendían aunque hablasen la misma lengua y fueran contemporáneos. Vivían en mundos diferentes. Por mucho que mirasen los vecinos de Galileo por su telescopio, no se darían cuenta de lo que Copérnico había visto sin siquiera verlo. Por mucho que manejen las computadoras los que todavía no han entrado en la nueva era tecnológica, no vivirán en ella.
La nueva era tecnológica requiere, ante todo, un individualismo feroz. Desprenderse de todo tipo de lazos, para adelantarse por el universo inexplorado de los microchips, en busca de caminos más seguros, de atajos más cortos, de fórmulas más exactas para los millones de problemas que crea una economía, un entretenimiento, unas comunicaciones globales. El internauta, como el astronauta, es, ante todo, un individualista, un solitario, al que no le importan los riesgos por grandes que sean. Se requiere audacia, inquietud, espíritu de iniciativa, hambre de nuevos horizontes. Cuando se pregunta a los jóvenes norteamericanos en el "college" qué quieren hacer cuando acaben sus estudios, más del 80% contesta que tener su propia empresa. Todos ellos sueñan con imitar a Bill Gates. Mientras tanto, más de la mitad de los panameños quiere ser funcionario.
Si usted cree que poniéndoles una computadora en la escuela, instituto o universidad cambiarán de objetivo, está muy equivocado. La única forma de introducir la revolución tecnológica en Panamá es crear la atmósfera en que aquélla se desarrolla, apoyando la libre iniciativa, recortando el intervencionismo estatal, favoreciendo las empresas que nacen, dando facilidades a los niños con nuevas ideas, en vez de atándoles con trabas burocráticas y aplastando sus empresas incipientes con impuestos. De esta capacidad para anticipar la nueva tecnología es que el país podrá aprovecharla para éstas y las futuras generaciones; de lo contrario, el resultado será recursos tirados al caño.
La nueva tecnología es un estado de ánimo, una actitud especial hacia el mundo, las cosas y las personas que nada tienen que ver con lo acontecido hasta ahora. Algo parecido al Renacimiento, tras descubrirse nuevos mundos y nuevas leyes del universo. El renacentista tenía una actitud tan distinta del hombre del medievo que no se comprendían aunque hablasen la misma lengua y fueran contemporáneos. Vivían en mundos diferentes. Por mucho que mirasen los vecinos de Galileo por su telescopio, no se darían cuenta de lo que Copérnico había visto sin siquiera verlo. Por mucho que manejen las computadoras los que todavía no han entrado en la nueva era tecnológica, no vivirán en ella.
La nueva era tecnológica requiere, ante todo, un individualismo feroz. Desprenderse de todo tipo de lazos, para adelantarse por el universo inexplorado de los microchips, en busca de caminos más seguros, de atajos más cortos, de fórmulas más exactas para los millones de problemas que crea una economía, un entretenimiento, unas comunicaciones globales. El internauta, como el astronauta, es, ante todo, un individualista, un solitario, al que no le importan los riesgos por grandes que sean. Se requiere audacia, inquietud, espíritu de iniciativa, hambre de nuevos horizontes. Cuando se pregunta a los jóvenes norteamericanos en el "college" qué quieren hacer cuando acaben sus estudios, más del 80% contesta que tener su propia empresa. Todos ellos sueñan con imitar a Bill Gates. Mientras tanto, más de la mitad de los panameños quiere ser funcionario.
Si usted cree que poniéndoles una computadora en la escuela, instituto o universidad cambiarán de objetivo, está muy equivocado. La única forma de introducir la revolución tecnológica en Panamá es crear la atmósfera en que aquélla se desarrolla, apoyando la libre iniciativa, recortando el intervencionismo estatal, favoreciendo las empresas que nacen, dando facilidades a los niños con nuevas ideas, en vez de atándoles con trabas burocráticas y aplastando sus empresas incipientes con impuestos. De esta capacidad para anticipar la nueva tecnología es que el país podrá aprovecharla para éstas y las futuras generaciones; de lo contrario, el resultado será recursos tirados al caño.