default

Una cosa piensa el burro y otra quien lo arrea


ESTA SEMANA, no me referiré al tema de la ampliación, pero volveré a tratarlo en mi próximo artículo. De momento, sólo quiero recordarle a los señores de la ACP, al equipo de promoción del gobierno y a los "desinteresados voluntarios oficiosos", que aún siguen pendiente de respuesta las preguntas que les formulé la semana pasada, en representación, pienso, de muchos miles de compatriotas a los que no convence la insustancial propaganda oficial, como lo demuestran los sondeos más recientes.
Haga usted un recuento de las veces que los flamantes voceros de "la patria nueva", con su máximo exponente a la cabeza, con bombos y platillos, nos han anunciado: que las recaudaciones fiscales marchan viento en popa; que el Canal, cada día, produce más dinero; que Panamá Ports les entregó 140 millones; que Cable & Wireless aportó dividendos archimillonarios (recuerdan la ridícula foto recibiendo un cheque tamaño pancarta); que la "industria" de la chinguia genera pingües ganancias, que reparte con el gobierno; que el número de turistas aumenta (a pesar de la rémora que es el IPAT) y, en consecuencia, sus aportes a la economía panameña y al Fisco, representados por los impuestos y tasas, que gravan las compras de bienes y servicios que hacen nuestros visitantes; y, más recientemente, que por la venta de un banco el gobierno recibió varias decenas de millones. Estos son sólo los casos de más bulto.
Si a ese rosario de buenas nuevas, se suma que varias de las obras, de las poquísimas que ha realizado "la patria nueva", se han financiado con nuevos endeudamientos y donaciones; que el primer ciudadano y sus principales colaboradores se han convertido en viajeros impenitentes que rivalizan con el "jet set"; que a "los tres excelsos magistrados" se les pagará, de un solo quiñazo, 450,000 dólares por vacaciones acumuladas durante 16 años de "sacrificados servicios", en los que "de a vaina iban al cuartito"; que la Autoridad del Canal se gastó más de 50 millones de dólares, en estudios, que contrató cuando, con quienes y como le dio la gana, para emparapetar la propuesta de ampliación, que está llena de alternativas "conceptuales" y está gastándose cualquier cantidad de dinero para hacer la propaganda del proyecto; que todos los días, los diarios y las emisoras son inundados de páginas, a todo color y de cuñas pagadas con fondos públicos, para cantar y alabar "las maravillas y haceduras" del régimen de turno; que en los 20 ó 25 "consejos consultivos" (yuntas pueblo-gobierno que le llamaban antes) se han gastado casi tanto dinero como costarán las obras que en ellos se han anunciado o sólo prometido; que en una componenda infame, restregada a las decenas de miles de panameños que a duras penas sobreviven, se ignoró el clamor popular de que se redujera el número de diputados y, por el contrario, se le han aumentado sus privilegios y prebendas, entonces, no hay lógica humana que se pueda invocar para negar el aumento que demandan los educadores.
Es desafortunado que un sector de los educadores decidiera aceptar, sin presentar mayor lucha, la propuesta de 90 balboas que, como si se tratara de un acto de suprema generosidad, les hiciera el gobierno, pero que, además, no es para este año sino que se pagaría en tres tramos en el 2007, 2008 y 2009. Y es más desafortunado, porque le ha servido al apocalíptico encargado del Ministerio de Educación para ensayar actitudes prepotentes que recuerdan los tiempos de la dictadura. No otra cosa son las dos metidas de cascos con que ha reaccionado el caballero de marras, por boca de algunos de sus voceros y personalmente. Es una imperdonable falta de sentido común que su ministerio haya anunciado, con abierta actitud chantajista, que sólo tendrán derecho a recibir el aumento aquellos educadores que expresamente lo hayan aceptado, y que luego agregara, con ínfulas militariodes, que el diálogo está cerrado, y punto.
El Presupuesto para el año 2007 ni siquiera ha sido discutido y menos aprobado, de manera que mal puede hablarse de capítulos cerrados. En segundo lugar, si el gobierno, o el ministro, persistieran en su obcecación y, de manera unilateral, decidieran incluir el aumento de 50 balboas prometido para el 2007, tendrían, forzosamente, que pagarlo a todos los educadores. No hacerlo, aparte de una estupidez política, sería una violación de la garantía fundamental de que a igual trabajo corresponde igual salario. Por tanto, la advertencia, o amenaza del ministro no pasa de ser una bravuconada sin sentido ni asidero legal.
El otro exabrupto fue la declaración del mismo señor, en el sentido de que el diálogo con los educadores es capítulo cerrado, y punto. Mientras no se llegue a un acuerdo con la mitad de los educadores, que continúa firme en su demanda para que el aumento sea mayor que el ofrecido por el gobierno, no puede, sensatamente, considerarse el diálogo como un tema cerrado. En eso, el jefe del infrascrito, ya sea porque ha recibido consejo de otras fuentes o porque los resultados de las encuestas que secretamente ha realizado el gobierno sobre el posible resultado del referendo no son nada alentadores, ha optado por no quemar los puentes, le ha quitado la tea a su ministro, y ha dicho que el diálogo sigue abierto, comprobando, al desautorizarlo, aquel viejo refrán, que tanta veces le escuché a mi abuelo: "es que una cosa piensa el burro y otra distinta el que lo arrea".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América