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¿Una cumbre de la intolerancia?


Con frecuencia, los líderes africanos se quejan ante la falta de interés de la comunidad internacional en los problemas que afectan a la región. A pesar de los discursos pronunciados en encuentros intergubernamentales, Africa continúa siendo un "continente olvidado". Ese desinterés crónico sólo cede cuando se producen estallidos violentos, enfrentamientos armados o catástrofes naturales. Entonces, los medios masivos de información "redescubren" la compleja realidad africana.
Durante los últimos meses, la prensa internacional volvió a interesarse en Africa a causa de la Conferencia Internacional contra el Racismo, convocada por Naciones Unidas en Durban (Sudáfrica). El país fue "premiado" con la sede en reconocimiento a sus esfuerzos por desmantelar el "apartheid", el sistema de segregación racial vigente durante cuatro décadas. Desde la elección de Nelson Mandela como presidente (mayo de 1994), los sudafricanos construyen una sociedad multirracial, aunque enfrentan enormes dificultades sociales heredadas del esquema abolido.
En Durban se congregaron cerca de 7.000 delegados procedentes de 170 naciones, entre representantes de Estados miembros de la ONU, activistas por los derechos humanos y funcionarios de agencias internacionales. La reunión, impulsada por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos (ONU) Mary Robinson, debía debatir cómo desarticular las prácticas discriminatorias vigentes en el mundo.
Entre otros temas, la agenda original contemplaba la marginación de los dalits ("intocables") de la India; la discriminación de los Roma (comúnmente conocidos como gitanos), en Europa Central y del Este; los afrolatinos, postergados social y económicamente en las Américas; el neonazismo emergente en Alemania; y el legado de la esclavitud. Sin embargo, la agudización del conflicto palestino-israelí en los últimos meses y su abierta manipulación con fines propagandísticos, desplazaron esas preocupaciones.
La complejidad de la situación en Medio Oriente no puede ser puesta en duda. Sin embargo, una conferencia convocada específicamente para armonizar la lucha contra el racismo no constituye el ámbito más adecuado para su tratamiento. Asimismo, resulta inadmisible que la cumbre se haya transformado en un espacio donde imperó la intolerancia. Tal como expresó Elie Wiesel (sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de Literatura 1986), "lo más doloroso no fueron las expresiones de odio vertidas en la conferencia por algunos delegados palestinos y árabes, sino la poca disposición a combatirlas de quienes estaban presentes". A lo cual agregó: "no comprendo cómo una conferencia contra el racismo se transformó en un foro impregnado de racismo".
La misma comisionada Robinson denunció la distribución por parte de la Unión de

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