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Una denuncia sin sentido


Se trata de un joven profesional de trayectoria ejemplar y honestidad templada en acero quirúrgico. Es a la vez un dedicado hombre de familia, dotado de un don de gente extraordinario, que le ha ganado la simpatía, respeto y reputación de sus colegas de El Panamá América y de otros medios; e incluso de legisladores de diversa tendencia que, salvo excepciones, han sabido superar los naturales roces y malentendidos inherentes a un irroprochable ejercicio de su oficio.
Hace pocos días, Cordero preparó una nota curiosa que recogimos en primera plana. En ella, figura el esposo de la legisladora Young, irrumpiendo en las oficinas de protección de la mujer maltratada de Puerto Armuelles, en actitud de irrespeto para con su esposa parlamentaria.
Ese mismo día, el noticiero de una televisora local se hizo eco del mismo hecho, al que añadió tomas en vídeo de una máquina de computadora del citado despacho supuestamente averiada durante el confuso incidente.
Al día siguiente, publicamos también en primera plana una réplica de la legisladora en la que aclaraba que no fue ella la irrespetada por su esposo sino una de las dependientes de la citada oficina.
En nuestra redacción recibimos asimismo la visita del cónyuge de la señora Young, quien solicitó igual oportunidad de aclarar nuestra nota. Dijo y publicamos que el día del incidente se había presentado ante las oficinas de la mujer maltratada a preguntar por su esposa, la legisladora Young; pero al ver impedido su paso por una de las funcionarias del despacho, dio un empujón a la funcionaria, pero nunca a su esposa. Y así lo pusimos.
Dos días después se presentó la legisladora Young ante un despacho del Ministerio Público, a presentar una querella criminal por calumnia e injuria contra el periodista Cordero, no contra quien irrumpió en un despacho.
Como hemos dicho muchas veces, en este país muy pocos entienden el sentido de las leyes sobre libertad de información y de prensa. Para los altos funcionarios es mucho más fácil demandar al periodista y culpar a los medios que ir a la raíz de los problemas y buscarles solución.
Obviamente no hubo calumnia, pues Cordero no atribuyó a la denunciante haber cometido delito alguno; y mucho menos profirió ofensa contra la legisladora. Por el contrario, por ironía, la noticia favorecía la integridad y el respeto que debe guardar todo ciudadano al despacho destinado a la defensa de los derechos de la mujer maltratada. Nunca es tarde para rectificar. Y está más que claro, quién debe hacerlo.


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