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Una economía dinámica


Muchos se preocupan de la caída del empleo industrial en Estados Unidos, creyendo que indica deterioro económico. Pero un examen más cuidadoso demuestra que se trata más bien de una señal positiva.
Estos son los hechos. Para julio de este año había 14,6 millones de estadounidenses empleados en manufactura. Eso significa una reducción de 17% con respecto a la cifra más alta de empleo industrial, 17,6 millones en marzo de 1998. Sin embargo, la producción industrial desde entonces ha aumentado a pesar de la recesión. ¿Cómo es eso posible? La productividad industrial -la producción por trabajador- aumentó sustancialmente. En otras palabras, estamos produciendo más con menos trabajadores.
¿Es la producción industrial un componente menor del PIB? Sí. Como lo explicó mi colega Robert Hall del Hoover Institution al atestiguar recientemente en el Congreso, esto viene sucediendo así desde 1947. La razón es que el inmenso incremento de la productividad industrial ha hecho que el precio de los productos manufacturados caiga en relación al precio de la medicina, la educación y demás servicios. Entonces, a pesar que la producción industrial ha aumentado, el PIB mide esa producción al valor mercado, el cual ha estado bajando. Usted no está en peor situación hoy al poder comprar dos televisores por el precio que antes podía comprar uno solo y de inferior calidad.
La realidad es que la caída de los precios de los productos industriales es una de las razones principales de por qué el ingreso per cápita y la prosperidad han aumentado tanto en EE.UU. desde la Segunda Guerra.
Una de las consecuencias del aumento de la productividad es la caída del número de obreros industriales. Pero ellos consiguen trabajo en otras áreas. Es decir, ellos producen bienes y servicios que mejoran nuestro nivel de vida.
La única manera de impedir la caída de puestos de trabajo en la industria es imponiendo severas restricciones que mantiene fijo el número de obreros, haciendo ilegal todo aumento de productividad. Eso, de paso, reduciría nuestra libertad y tales restricciones impiden que aumente el nivel de vida.
La historia del crecimiento económico es la historia de gente haciendo más con menos y cambiándose a nuevos trabajos que eran desconocidos para la generación anterior.
Debido a que Henry Ford produjo millones de autos en líneas de ensamblaje, los obreros que fabricaban coches de caballos perdieron su empleo. Diez años más tarde, la mayoría de esos trabajadores estaban ganando más haciendo otras cosas.
Claro que algunos puestos industriales se han perdido porque estamos importando más de China y de otros países con salarios más bajos que EE.UU. Pero esa es otra manera de decir que estamos haciendo mejor uso de la mano de obra aquí. Si usted lleva su ropa a una lavandería está pagando por algo que podría hacer usted mismo, pero eso le permite hacer mejor uso de su tiempo.
De la misma manera, nos beneficiamos importando bienes chinos de producción masiva, mientras nos especializamos en valiosos servicios y propiedad intelectual aquí en EEUU.
* Profesor de la Escuela de Postgrado Naval y académico investigador del Hoover Institution. (c) www.aipenet.com
"La clase de relaciones que por el tratado se establecen son de naturaleza tan íntima que su buena armonía no puede depender sino del amplio miramiento del uno para con el otro... No somos dos vecinos que deben llevarse bien; somos dos que vivimos bajo un mismo techo, guardando cada cual sus especiales intereses y que por tanto se deben constantes consideraciones y miramientos. Por razón de la garantía de nuestra independencia y de los valiosos intereses que vuestro país tiene aquí, nuestra vida política lo afecta sobremanera y nuestra suerte no puede serle indiferente a la vez que el respeto que debe a nuestra soberanía le impone miramientos que harían su acción embarazosa si de nuestra parte no nos prestásemos a facilitar el cumplimiento de lo que para ambos países es un gran beneficio..."
"...tengo en mira establecer por medio de esta exposición mi buen deseo de que haya una regla de oro que resuelva en lo futuro todas las cuestiones que puedan suscitarse entre nuestros respectivos países originadas de dicha convención. Dicha regla puede resumirse así: Panamá reconoce la amplitud de los derechos cedidos a los Estados Unidos de América por el tratado; pero los Estados Unidos al hacer uso de esos derechos tendrá siempre en miras los intereses de Panamá para no lastimarlos innecesariamente."
"...antes de presentar su réplica al señor de Obaldía, nuestro Ministro [ Plenipotenciario, el Secretario Hay] había dado su opinión favorable a la actitud tomada en este para nosotros vital asunto, por el Presidente Roosevelt, alma nobilísima y justiciera... manifestada en la carta que con fecha 18 de octubre de 1904, dirigió al Secretario de la Guerra [Taft]. [En la misma, el Roosevelt formuló tres normas:] 1ª. "No tenemos la menor intención de establecer una colonia independiente en el centro de la República de Panamá..." 2ª. "...es nuestra intención que los derechos que tenemos sean ejercidos con todo el cuidado debido al honor e intereses del pueblo de Panamá. " 3ª. "El ejercicio de los poderes que se nos dan por el tratado...puede fácilmente si no se demuestra verdadera simpatía tanto por el bienestar presente como futuro del pueblo de Panamá, causar sentimiento de desconfianza hacia el Gobierno Americano."
El viejo prócer, esa noche en el Instituto Nacional, se veía a sí mismo "como patriarca rodeado de vosotros mis hijos en la patria". Concluyó expresándose a nombre suyo y de sus compañeros en la obra de la Independencia como "confiados en el porvenir y esperando tranquilos el veredicto de la historia". ¿Podemos los panameños y panameñas de hoy decir otro tanto?

101 años de Panamá América

 
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