Una educación para la vida
Recientemente un grupo de profesores de química de la Universidad de Panamá considerábamos la posibilidad de acercarnos al Ministerio de Educación para hacerle saber nuestra inquietud sobre los estudiantes que recibimos, pero tal iniciativa fue abandonada al conocerse que en el pasado tal intento se había hecho y que la respuesta de un funcionario de dicho ministerio fue que su misión era preparar estudiantes para la vida, no para la universidad.
Entiendo perfectamente la filosofía de preparar estudiantes para la vida, pero creo que la misma ha sido mal interpretada. ¿Cuál sería entonces la alternativa para aquellos que desean tener una vida universitaria? He estado en otras latitudes donde se aplica dicho concepto, pero también se ofrecen alternativas a aquellos que desean ingresar a la universidad. Por ejemplo, se hace obligatorio que todo estudiante tome un curso de cada una de las disciplinas básicas, dejando un número considerable de créditos optativos que el estudiante podrá cumplir con cursos desde cocina hasta astronomía. Los estudiantes que así lo deseen pueden tomar cursos que prácticamente son una preparatoria universitaria. Siendo la actual Ministra de Educación una profesora universitaria, estoy seguro que no comparte aquel estricto concepto de educación para la vida. Sin embargo, me preocupa que esa corriente, por ser válida en principio, se aplique en una forma equivocada. Tal inquietud se incrementa al leer las tres entregas sobre los resultados del diálogo sobre la educación, publicadas en ese diario los días 13, 14 y 15 de junio pasado.
Deseo aclarar que apoyo las recomendaciones emanadas del mencionado diálogo. Simplemente estimo que las mismas presentan dos omisiones fundamentales -al menos eso es lo que percibo de las publicaciones antes mencionadas-. La primera de ellas consiste en que no se describe el perfil del egresado, en la misma forma como se detalla el perfil del educador deseado. La otra omisión consiste en que no se indican las estrategias para lograr estudiantes para una educación superior. Tengo fe en que tales omisiones no se encuentran en el documento original.
No dudo que aunque dichas omisiones se encontrasen en el documento original, el logro de los objetivos planteados en dicho diálogo proporcionaría mejores estudiantes universitarios. No obstante, soy de la opinión que dichos logros no deben darse "por carambola", sino que deben ser el producto de objetivos preestablecidos; ya que, de lo contrario, con el tiempo poco a poco otros objetivos se impondrían sobre aquellas actividades que en su momento preparen estudiantes para una educación superior. Independientemente del perfil del egresado que se haya propuesto en las mesas de diálogo, me voy a permitir expresar mis expectativas al respecto. Se habla mucho de valores, pero dichos valores pocas veces son definidos. Abogo por un estudiante con un concepto de calidad de vida que no haya sido impuesto sino descubierto. Un estudiante que no piense que la única forma de ser alguien en la vida es siendo médico, abogado o ingeniero. Un estudiante que incluya a la naturaleza en su concepto de progreso.
También se habla mucho de incrementar la autoestima del estudiante, pero poco se dice sobre cómo lograrlo. Soy de la opinión que la mejor forma de lograrlo es permitiéndole la estudiante descubrir y desarrollar lo que mejor sabe hacer. Un estudiante a quien todos identifiquen como muy bueno en una determinada actividad, sea ésta académica o no.
Mucho se comenta sobre la importancia de las computadoras en la educación, cuando posiblemente nuestros estudiantes pasan demasiado tiempo sentados. Se sabe que la mano es la parte del cuerpo humano que más conexiones tiene con el cerebro, entonces resulta claro el cómo desarrollar la actividad cerebral. Abogo por estudiantes que sepan usar un martillo, que estén en capacidad de realizar reparaciones menores en casa y que no piensen que el trabajo duro es para los que no estudiaron.
Se habla tanto de la importancia del idioma inglés cuando todavía no estoy seguro si mis estudiantes dominan el español. Abogo por estudiantes que, aunque no sepan la respuesta a una pregunta, al menos entiendan qué se les pregunta. Estudiantes que aunque den una respuesta incorrecta, ésta no sea contradictoria.
¿Y qué hay de las matemáticas? Abogo por estudiantes que vean una fórmula matemática como un simbolismo de un principio lógico, así como las letras lo son de un sonido. Estudiantes que vean las leyes físicas como leyes naturales y no como leyes académicas. Con relación a la preparación de estudiantes para estudios superiores, podemos comenzar con aceptar que muchos de los que hoy desean incorporarse a la fuerza laboral podrían posteriormente aspirar a un título superior. Debemos igualmente tener presente que nuestros estudiantes posiblemente se encuentran a edad muy temprana para decidir su futuro a través de un determinado bachillerato. Debemos así mismo institucionalizar una retroalimentación permanente entre las diversas carreras universitarias y los bachilleratos secundarios.
Entiendo perfectamente la filosofía de preparar estudiantes para la vida, pero creo que la misma ha sido mal interpretada. ¿Cuál sería entonces la alternativa para aquellos que desean tener una vida universitaria? He estado en otras latitudes donde se aplica dicho concepto, pero también se ofrecen alternativas a aquellos que desean ingresar a la universidad. Por ejemplo, se hace obligatorio que todo estudiante tome un curso de cada una de las disciplinas básicas, dejando un número considerable de créditos optativos que el estudiante podrá cumplir con cursos desde cocina hasta astronomía. Los estudiantes que así lo deseen pueden tomar cursos que prácticamente son una preparatoria universitaria. Siendo la actual Ministra de Educación una profesora universitaria, estoy seguro que no comparte aquel estricto concepto de educación para la vida. Sin embargo, me preocupa que esa corriente, por ser válida en principio, se aplique en una forma equivocada. Tal inquietud se incrementa al leer las tres entregas sobre los resultados del diálogo sobre la educación, publicadas en ese diario los días 13, 14 y 15 de junio pasado.
Deseo aclarar que apoyo las recomendaciones emanadas del mencionado diálogo. Simplemente estimo que las mismas presentan dos omisiones fundamentales -al menos eso es lo que percibo de las publicaciones antes mencionadas-. La primera de ellas consiste en que no se describe el perfil del egresado, en la misma forma como se detalla el perfil del educador deseado. La otra omisión consiste en que no se indican las estrategias para lograr estudiantes para una educación superior. Tengo fe en que tales omisiones no se encuentran en el documento original.
No dudo que aunque dichas omisiones se encontrasen en el documento original, el logro de los objetivos planteados en dicho diálogo proporcionaría mejores estudiantes universitarios. No obstante, soy de la opinión que dichos logros no deben darse "por carambola", sino que deben ser el producto de objetivos preestablecidos; ya que, de lo contrario, con el tiempo poco a poco otros objetivos se impondrían sobre aquellas actividades que en su momento preparen estudiantes para una educación superior. Independientemente del perfil del egresado que se haya propuesto en las mesas de diálogo, me voy a permitir expresar mis expectativas al respecto. Se habla mucho de valores, pero dichos valores pocas veces son definidos. Abogo por un estudiante con un concepto de calidad de vida que no haya sido impuesto sino descubierto. Un estudiante que no piense que la única forma de ser alguien en la vida es siendo médico, abogado o ingeniero. Un estudiante que incluya a la naturaleza en su concepto de progreso.
También se habla mucho de incrementar la autoestima del estudiante, pero poco se dice sobre cómo lograrlo. Soy de la opinión que la mejor forma de lograrlo es permitiéndole la estudiante descubrir y desarrollar lo que mejor sabe hacer. Un estudiante a quien todos identifiquen como muy bueno en una determinada actividad, sea ésta académica o no.
Mucho se comenta sobre la importancia de las computadoras en la educación, cuando posiblemente nuestros estudiantes pasan demasiado tiempo sentados. Se sabe que la mano es la parte del cuerpo humano que más conexiones tiene con el cerebro, entonces resulta claro el cómo desarrollar la actividad cerebral. Abogo por estudiantes que sepan usar un martillo, que estén en capacidad de realizar reparaciones menores en casa y que no piensen que el trabajo duro es para los que no estudiaron.
Se habla tanto de la importancia del idioma inglés cuando todavía no estoy seguro si mis estudiantes dominan el español. Abogo por estudiantes que, aunque no sepan la respuesta a una pregunta, al menos entiendan qué se les pregunta. Estudiantes que aunque den una respuesta incorrecta, ésta no sea contradictoria.
¿Y qué hay de las matemáticas? Abogo por estudiantes que vean una fórmula matemática como un simbolismo de un principio lógico, así como las letras lo son de un sonido. Estudiantes que vean las leyes físicas como leyes naturales y no como leyes académicas. Con relación a la preparación de estudiantes para estudios superiores, podemos comenzar con aceptar que muchos de los que hoy desean incorporarse a la fuerza laboral podrían posteriormente aspirar a un título superior. Debemos igualmente tener presente que nuestros estudiantes posiblemente se encuentran a edad muy temprana para decidir su futuro a través de un determinado bachillerato. Debemos así mismo institucionalizar una retroalimentación permanente entre las diversas carreras universitarias y los bachilleratos secundarios.