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Una entrega a la patria


El mejor homenaje que podemos hacerle a la Patria en sus 106 años de vida independiente, es el de entregarle en bandeja de oro, una educación que desde el nivel primario hasta la Universidad, proporcione una formación rica en valores y en conocimientos que contribuyan, eficazmente, al desarrollo integral de un país que ha venido siendo víctima de la improvisación y de la ineficiencia de sus gobiernos. Es muy doloroso que este importante renglón de la vida nacional se encuentre en crisis, porque ha faltado la debida planificación entre padres de familia, estudiantes, educadores, autoridades del Ministerio y la sociedad civil para que en un gran diálogo nacional se busquen las causas y efectos de una situación que está haciendo tanto daño al progreso y desarrollo de la nación.

Cuánto duele ver a una juventud que es reserva del país envuelta en actos de violencia y en situaciones que perjudican, notablemente la tranquilidad familiar y a la economía de la república. Una juventud que ya debería saber cuál es el mejor método para defender sus derechos y conquistas, pero en cambio se abocan al incendiarismo, a la destrucción, al ataque frontal contra sus hermanos y a la negación de los valores que nos conducen a la comprensión, al respeto, a la solidaridad y a la convivencia humana. Y nos preguntamos: En donde está la guía de los hogares, de los colegios, de la Universidad para que este potencial humano tan importante en la vida de la república, pueda encaminarse hacia un cambio de actitud que lleve a la reflexión; en donde está la orientación oportuna y permanente de los educadores para hacer de sus alumnos respetuosos, comprensivos, defensores de la verdad y salvaguarda de la educación nacional. Año tras año al iniciarse el período escolar surgen problemas relacionados con las malas condiciones de las escuelas que no permiten el normal desarrollo del proceso enseñanza aprendizaje; la falta de material didáctico, de educadores que han perdido el entusiasmo y hasta la mística para forjar las futuras generaciones del país y la enseñanza que se imparte en los niveles primarios y secundarios, continúan siendo muy cuestionados por no responder a la realidad nacional, el conocimiento que se ofrece no genera los cambios de actitud en los estudiantes y no les permite adaptarse al medio en que viven, ni participar, eficazmente en el progreso de la nación.

Sin lugar a dudas necesitamos un ministro líder que dedique especial atención a conocer las escuelas del país y a relacionarse con padres de familia, estudiantes educadores para que de allí surjan las importantes reuniones pedagógicas frecuentes, instrumentos indispensables para lograr la superación de nuestro sistema educativo.

101 años de Panamá América

 
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