Una esperanza para la biodiversidad
Pese a que todas las campañas publicitarias e investigaciones a nivel mundial tienden a hacer énfasis principalmente en la conservación y recuperación de especies de la fauna silvestre en vías de extinción, como lo demuestran el número considerado de proyectos destinados a la protección de las mismas, e inclusive termine usted identificándose con esta loable causa, también es cierto que son las especies vegetales, las que sirven de sustento, hábitat y refugio de la fauna silvestre, atraviesan y sufren la misma vulnerabilidad que las especies faunísticas, debido, principalmente, por el proceso de deforestación por el cual atraviesan los bosques tropicales. De allí que sean las especies arbóreas las que se encuentren en mayor número en el libro rojo; registro mundial de las especies en vías de extinción, de la World Wildlife Foundation (WWF). Y que en el caso de Panamá, tiene un sin número de explicaciones, las cuales pasan, desde la falta de políticas de protección específicas, hasta una fiscalización que asegure la sobrevivencia de los individuos arbóreos en peligro de extinción. Esta falta de interés general por parte de la sociedad, es la que llevó a un puñado de científicos y profesionales, apoyados por la Fundación Universidad de Panamá (FUPA), a dar inicio a un plan. Que culminó con la asignación por parte del ARI de una superficie de 200 hectáreas; en el área de amortiguamiento del Parque Nacional Chagres, la aprobación por parte del Consejo Económico Nacional (CENA) para la concesión de esta área por un alquiler simbólico de un balboa por hectárea al año y la elaboración del Plan de Manejo y Estudio de Impacto Ambiental de la Ciudad de Arbol, para la realización de este ambicioso, pero esperanzador proyecto, el cual permitirá el establecimiento de un centro para el estudio, conservación y colecta de árboles, inicialmente de la cuenca del Canal y posteriormente, del resto del país, sean estos frutales, maderables, medicinales, ornamentales, uso múltiple o principalmente, nativos, endémicos y en vías de extinción. De igual forma este proyecto contará con un vivero para la reproducción de las especies nativas colectadas, herbario, centro de documentación y centro de educación ambiental para la capacitación del elemento más importante de cualquier proyecto, la población de la cuenca canalera y la comunidad nacional. Pese a que este proyecto inició en el año de 1997, contado con el apoyo financiero de la Fundación Multi Credit Bank, la Comisión Latinoamericana Interparlamentaria para el Medio Ambiente (CLIMA); y que este proyecto está considerado dentro de la Estrategia Nacional del Ambiente, la cual fue formulada por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), en la actualidad la Ciudad del Arbol Panameño se halla sin los recursos financieros para ser concretizada.
Es por eso que en esta coyuntura la FUPA se encuentra en conversación con la Coordinadora Indígena Campesina de Agroforestería Comunitaria (CICAFOC), para la obtención del apoyo financiero para realizar el mismo.
Considero necesario, que por otro lado el gobierno, las organizaciones no gubernamentales ambientalistas, como organizaciones cívicas coadyuven en la búsqueda del apoyo financiero para que este emprendedor equipo de profesionales pueda desarrollar este proyecto, que es una esperanza para la biodiversidad panameña. Y que en la práctica, la Ciudad de Arbol Panameño pueda, permitirle nuestro país contar con el tan necesitado Banco Genético de Especies Nativas para resguardar nuestros recursos florísticos.
Es por eso que en esta coyuntura la FUPA se encuentra en conversación con la Coordinadora Indígena Campesina de Agroforestería Comunitaria (CICAFOC), para la obtención del apoyo financiero para realizar el mismo.
Considero necesario, que por otro lado el gobierno, las organizaciones no gubernamentales ambientalistas, como organizaciones cívicas coadyuven en la búsqueda del apoyo financiero para que este emprendedor equipo de profesionales pueda desarrollar este proyecto, que es una esperanza para la biodiversidad panameña. Y que en la práctica, la Ciudad de Arbol Panameño pueda, permitirle nuestro país contar con el tan necesitado Banco Genético de Especies Nativas para resguardar nuestros recursos florísticos.