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Una estrella cuesta abajo


Durante toda su gestión, el mandatario Martín Torrijos intentó cuidar su imagen hasta en el mínimo detalle. Fue insistente en que su nombre y su ejecución presidencial estuvieran rodeados de cierto brillo, quizá mítico, angelical, y los resultados de las encuestas que se hicieron en torno a su mandato, por lo menos hasta finales del año pasado, indican que la estrategia le dio resultado. Sin embargo, la verdad era otra. El gobierno, los ministros y directores de entidades públicas, que fracasaban según la percepción del público, son la realidad de la gestión Torrijos. ¿Cómo pudo un gobierno ser malo, y su cabeza recibir tan buena puntuación en cuanto a popularidad y eficiencia? Contradictoria paradoja de las estadísticas.

El mandato de Torrijos, como cualquier otro, será calificado por la historia. Es el tiempo el que tiene la última palabra. No obstante, no están lejos hoy quienes aseguran que el fracaso, al menos político, signó el paso del hijo del general por el Palacio de Las Garzas. No logró dar un paso en dirección correcta en materia de Educación, Salud, Transporte y reestructuración del Estado. Su acción en materia de reforma fiscal y del Seguro Social será buena o mala, dependiendo de su trascendencia, y eso todavía está por verse.

Hoy, a menos de treinta días de terminar su "reinado", el presidente Torrijos, y sus acompañantes tanto del PRD como del Partido Popular, van dejando una estela de amargura y decisiones fallidas que parecen estar preparándolos para que entren en la historia como uno de los peores gobiernos de la nueva era democrática. ¿O no?

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