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Una frase fallida


Es difícil de creer que un alto funcionario de gobierno no pueda darse cuenta a tiempo de la responsabilidad de sus palabras. Y que tampoco sea capaz de medir las consecuencias que tendrá una frase fallida en los ámbitos de la opinión pública, especialmente cuando se trata de un alto ministro de la República. De ahí que resulte sorprendente que el Ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, quizá en broma, al referirse al problema de la delincuencia en Panamá, dijera que “exportaremos pandilleritos a otras naciones”. La frase lo ha colocado nuevamente en el centro de una polémica.

Muchos han considerado lo dicho por Mulino inadmisible y vergonzoso, pues se trata nada menos del ministro responsable de la política de seguridad estatal. Por otro lado, la frase alude al sensible tema de la delincuencia juvenil, un asunto tan mal encarado en la mayoría de los foros debido a las ambigüedades y distorsiones de datos estadísticos que suelen citarse para recalentar los ánimos contra los menores que viven en los suburbios de la capital. En cualquier caso, si se trató de una broma no causó risa entre muchos políticos del actual gobierno, pues implica la admisión de que se está ante un gigantesco problema que, además de sorprenderle al ministro rector, pudiera constituir una advertencia que el tema pudiera desbordársele de la mano al gobierno de Martinelli. Admitir, ni siquiera en broma, que exportaremos delincuentes ha sido una frase inconsecuente con la responsabilidad del cargo. Sus asesores podrían recordarle aquel proverbio chino que dice que el sabio no dice lo que sabe y que el necio no sabe lo que dice.

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