Una gran conferencia
No fui obligada, sencillamente me llamó la atención el tema "Etica y Política" e imaginé que Monseñor José Dimas Cedeño o quien lo patrocinara, no traería un plomo sino un buen orador. Y así fue. Monseñor Rodríguez Maradiaga, Cardenal y Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, nos mantuvo cautivados durante una hora y media por ser un orador extraordinario con dominio de la palabra, del podium y la audiencia. Nadie se movía si no era cuando él decía algo relacionado con la política y tuviera que ver con determinados personajes. Estar pendientes del orador era lo importante y nadie quería perderse palabra de lo que decía.
A pesar del título de la conferencia, con mucho tacto sólo hizo alusión a la palabra ética en dos ocasiones; sin embargo tocó magistralmente la actualidad política y económica del mundo. Hizo una crítica fina a la globalización y la responsabilizó de los problemas de la humanidad y de la pobreza que existe en el mundo; así como mencionó también al neoliberalismo que ha traído una fuerza económica, cuyo poder está por encima del poder político que hace que los gobiernos estén atados en sus políticas que no pueden adaptar a las circunstancias nacionales y dar mejor vida a los pueblos. Hizo acopio de lo que ha sido la privatización en los países y los perjuicios que ha traído a los pueblos.
La presencia de una cantidad grande de políticos fue beneficiosa, pero debió asistir mayor número a quienes hace falta escuchar las palabras de Monseñor Rodríguez. En lo referente a la política y los políticos, nos dio una lección de ética, honestidad, buen comportamiento, de lo que no debemos hacer, sin imposición, sin señalamiento con el índice, pero con firmeza, con autoridad moral y con una sonrisa agradable que indicaba hasta dónde se compenetraba con el público. La personalidad arrolladora de Monseñor impedía que nadie se moviera de sus asientos ni que hubiera ni un comentario casi en silencio.
Nos enseñó algo que siempre se dice pero que, salido de él, se escuchó diferente porque era sincero, porque era él quien lo decía. Aquellos que entran a la política deben hacerlo para servir, para trabajar por el país y no para servirse del mismo; además, no mirar las arcas del Estado con interés lujurioso sino como un medio de inversión para bienestar del pueblo gobernado. Así mismo habló del poder que tienen quienes gobiernan y que no debe ser utilizado en forma equivocada porque lleva a la corrupción que va en contra de la honestidad y la ética para gobernar. Hizo, en diferentes etapas, una descripción de la figura del político bueno, honrado, bien intencionado que debieran ser todos y de la figura indeseable de lo que, en verdad, son la mayoría que sólo piensan en su propio interés y el de su bolsillo.
Hace mucho tiempo no escuchaba una conferencia tan espectacular como la de Monseñor Rodríguez Maradiaga. Dijo de todo sin que nadie se ofendiera, por la forma de decirlo y, repito, por su autoridad moral para hacerlo. Más a menudo debiéramos tener estas oportunidades a ver si nuestros políticos aprenden de un eclesiástico que es papable, según he escuchado y que, ojalá Dios quisiera que llegara algún día a esa posición porque se nota en él una mente de avanzada, se nota que sería un Papa que llevaría a la Iglesia más adelante todavía y que traería nuevas ideas no desgastadas y beneficiosas para los católicos del mundo. Rezaremos para que sea así, además del honor de tener un jefe Máximo de la Iglesia Católica que sea centroamericano de un país humilde como Honduras.
Orgullosa me siento de haberlo conocido, aunque en ese revolcón ni me recuerde sino como una persona más; pero, igual le di la mano y lo felicité por su presentación. Esas son las oportunidades que no quisiera desperdiciar nunca y me duele que otros lo hagan.
A pesar del título de la conferencia, con mucho tacto sólo hizo alusión a la palabra ética en dos ocasiones; sin embargo tocó magistralmente la actualidad política y económica del mundo. Hizo una crítica fina a la globalización y la responsabilizó de los problemas de la humanidad y de la pobreza que existe en el mundo; así como mencionó también al neoliberalismo que ha traído una fuerza económica, cuyo poder está por encima del poder político que hace que los gobiernos estén atados en sus políticas que no pueden adaptar a las circunstancias nacionales y dar mejor vida a los pueblos. Hizo acopio de lo que ha sido la privatización en los países y los perjuicios que ha traído a los pueblos.
La presencia de una cantidad grande de políticos fue beneficiosa, pero debió asistir mayor número a quienes hace falta escuchar las palabras de Monseñor Rodríguez. En lo referente a la política y los políticos, nos dio una lección de ética, honestidad, buen comportamiento, de lo que no debemos hacer, sin imposición, sin señalamiento con el índice, pero con firmeza, con autoridad moral y con una sonrisa agradable que indicaba hasta dónde se compenetraba con el público. La personalidad arrolladora de Monseñor impedía que nadie se moviera de sus asientos ni que hubiera ni un comentario casi en silencio.
Nos enseñó algo que siempre se dice pero que, salido de él, se escuchó diferente porque era sincero, porque era él quien lo decía. Aquellos que entran a la política deben hacerlo para servir, para trabajar por el país y no para servirse del mismo; además, no mirar las arcas del Estado con interés lujurioso sino como un medio de inversión para bienestar del pueblo gobernado. Así mismo habló del poder que tienen quienes gobiernan y que no debe ser utilizado en forma equivocada porque lleva a la corrupción que va en contra de la honestidad y la ética para gobernar. Hizo, en diferentes etapas, una descripción de la figura del político bueno, honrado, bien intencionado que debieran ser todos y de la figura indeseable de lo que, en verdad, son la mayoría que sólo piensan en su propio interés y el de su bolsillo.
Hace mucho tiempo no escuchaba una conferencia tan espectacular como la de Monseñor Rodríguez Maradiaga. Dijo de todo sin que nadie se ofendiera, por la forma de decirlo y, repito, por su autoridad moral para hacerlo. Más a menudo debiéramos tener estas oportunidades a ver si nuestros políticos aprenden de un eclesiástico que es papable, según he escuchado y que, ojalá Dios quisiera que llegara algún día a esa posición porque se nota en él una mente de avanzada, se nota que sería un Papa que llevaría a la Iglesia más adelante todavía y que traería nuevas ideas no desgastadas y beneficiosas para los católicos del mundo. Rezaremos para que sea así, además del honor de tener un jefe Máximo de la Iglesia Católica que sea centroamericano de un país humilde como Honduras.
Orgullosa me siento de haberlo conocido, aunque en ese revolcón ni me recuerde sino como una persona más; pero, igual le di la mano y lo felicité por su presentación. Esas son las oportunidades que no quisiera desperdiciar nunca y me duele que otros lo hagan.