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Una guerra sin sentido




No tiene sentido que dos pueblos tan necesitados de paz como son los de Israel y Palestina, se vayan eternamente a las manos, cuando están destinados por razones geográficas, históricas y religiosas a compartir la misma tierra.
Hamas es un grupo terrorista que ganó las elecciones y el gobierno en Palestina. El gobierno de Israel no lo acepta. Hamas dice que no es asunto suyo. Declara una tregua unilateral y formula un pronunciamiento en el que reconoce implícitamente a Israel, que era una exigencia de Estados Unidos para impulsar negociaciones de paz. El aparato de seguridad israelí detiene a ministros y congresistas palestinos y sobrevuela sus edificios.
Un buque de guerra israelí bombardea una playa palestina, matando a una veintena de civiles. Hamas declara entonces el fin de la tregua, sus milicias entran en combate, matan a dos soldados israelíes y capturan a un tercero. Israel responde con sus tanques, artillería y aviación. Exige la devolución de su soldado secuestrado. Hamas alega que es prisionero de guerra y pide un canje por los suyos encerrados en cárceles israelíes. Israel dice que no negociará con terroristas. Hamas insiste en que es una fuerza beligerante. Aquello es de no acabar.
"Si lo matan, arderá el cielo y caerá sobre ellos", advirtió un vocero del gobierno israelí. En ese instante, la milicia chiita libanesa de Hezbolá abre un segundo frente contra Israel, con el obvio propósito de debilitarlo y forzarlo a dividir sus fuerzas, Hezbolá por el Norte y Hamas por el Sur. En la primera semana de ofensiva, Hezbolá mata a ocho soldados israelíes y captura a dos más, mientras hace llover más de un millar de cohetes a más de 40 kilómetros dentro de Israel. El ejército israelí advierte la maniobra y deja caer toda su furia sobre Líbano. ¿A dónde conduce todo esto? A más violencia, más muertos y heridos, más destrucción, tragedia e incertidumbre. El mundo se acerca, una vez más, al umbral de una nueva guerra en el Medio Oriente, mientras los precios del crudo saltan hacia las nubes. ¿Habrá alguien que haga imperar la sensatez?

101 años de Panamá América

 
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