Una historia de errores
La noticia sobre un ciudadano que murió a consecuencia de un disparo, llamó inicialmente mi atención porque me pareció que se trataba de una injustificada y lamentable muerte violenta, cuyo origen tuvo que ver con un cheque que el occiso intentó cambiar en un supermercado de la localidad. El domingo, día de bien disfrutada pereza, saboreo con especial calma los tres o cuatro diarios dominicales que suelo leer; me resultó harto curioso y digno de anotar, que la noticia sobre el trágico suceso no fuera la misma noticia en cuatro diarios diferentes. Para empezar, la víctima no era, y era, Elmer Linares, Emilio Alberto Linares Ríos y Luis Alberto Linares, los tres nombres que aparecieron en los diarios que leí. La edad del difunto: 52 años, aproximadamente 70 años, aproximadamente 52 años y aproximadamente 60 años, dijeron las noticias. Por otra parte, el cheque era falso según tres de las cuatro noticias, y que no era falso, sino que había sido reportado como perdido, fue la otra versión; también que "debió presentar su cédula de identidad personal y esta era falsa". Horas después el "verdadero Elmer Linares" o el "verdadero Emilio Linares" se presentó (¿o se presentaron?) a identificarse como dueño(s) legítimo(s) del cheque, origen de esta tragedia. El agente de seguridad privada, calificado incorrectamente como asesino en dos de las noticias, se llama Ermel (o Elmer) Oswaldo Quijada Urieta. Que un diario diga que la víctima recibió un disparo en el pulmón izquierdo y que otro diga que fue en el costado izquierdo del abdomen no tiene ya mayor importancia ante el resultado fatal del disparo.
Vuelvo al punto inicial, o sea, a lo que despertó mi interés en este suceso: la facilidad, o ligereza del guardia de seguridad para disparar a un delincuente que no desenfundó un arma en ningún momento ni puso en peligro la vida de nadie, sino que trató de huir al verse en una situación comprometida. Un parroquiano del negocio (o que pasaba cerca del lugar, dicen) también fue herido en la pierna por el segundo disparo del "nervioso agente de seguridad". Confieso que nunca me he sentido tranquila cuando tengo cerca a personas con armas, pues temo que no tienen el entrenamiento adecuado para manejarse en situaciones de emergencia, especialmente los de las agencias de seguridad privada. Lamento profundamente una muerte que no debió ocurrir y también lo siento por un hombre humilde que, creyendo que cumplía bien con su deber, fue detenido y tal como se manejan las cosas de la justicia en nuestro Panamá, quién sabe cómo le resultará esta amarga experiencia; los guardias de seguridad son de extracción humilde, que desempeñan un trabajo de alto riesgo por la frecuencia y la agresividad de los criminales, cada vez mejor armados.
El tema del entrenamiento de los agentes de seguridad ha sido planteado en varias ocasiones, precisamente por incidentes que no fueron debidamente enfrentados. Esta tragedia no debe quedar sin el análisis serio de las autoridades responsables de los asuntos de vigilancia y seguridad, no sólo en cuanto al manejo de armas sino a la condición mental de los guardias, capacidad para enfrentar situaciones de crisis, consumo de drogas y todos los aspectos relevantes que garanticen la seguridad de ellos y la de nosotros. En este caso, ¿se justificaba detener al impostor a punta de balazos? Creo que no. Tal vez en unos días, o semanas, quién sabe, logremos saber con certeza cómo se llama el verdadero dueño del cheque, el nombre de la víctima, su edad y si era, como creo en estos momentos, neófito en estas trampas. A la hora de la verdad, el enredo de los nombres, edad y demás detalles periodísticos son minucias en esta historia de errores que ha mostrado el peligro, siempre presente, de guardias inexpertos que diariamente arriesgan su vida. Y la nuestra.
Vuelvo al punto inicial, o sea, a lo que despertó mi interés en este suceso: la facilidad, o ligereza del guardia de seguridad para disparar a un delincuente que no desenfundó un arma en ningún momento ni puso en peligro la vida de nadie, sino que trató de huir al verse en una situación comprometida. Un parroquiano del negocio (o que pasaba cerca del lugar, dicen) también fue herido en la pierna por el segundo disparo del "nervioso agente de seguridad". Confieso que nunca me he sentido tranquila cuando tengo cerca a personas con armas, pues temo que no tienen el entrenamiento adecuado para manejarse en situaciones de emergencia, especialmente los de las agencias de seguridad privada. Lamento profundamente una muerte que no debió ocurrir y también lo siento por un hombre humilde que, creyendo que cumplía bien con su deber, fue detenido y tal como se manejan las cosas de la justicia en nuestro Panamá, quién sabe cómo le resultará esta amarga experiencia; los guardias de seguridad son de extracción humilde, que desempeñan un trabajo de alto riesgo por la frecuencia y la agresividad de los criminales, cada vez mejor armados.
El tema del entrenamiento de los agentes de seguridad ha sido planteado en varias ocasiones, precisamente por incidentes que no fueron debidamente enfrentados. Esta tragedia no debe quedar sin el análisis serio de las autoridades responsables de los asuntos de vigilancia y seguridad, no sólo en cuanto al manejo de armas sino a la condición mental de los guardias, capacidad para enfrentar situaciones de crisis, consumo de drogas y todos los aspectos relevantes que garanticen la seguridad de ellos y la de nosotros. En este caso, ¿se justificaba detener al impostor a punta de balazos? Creo que no. Tal vez en unos días, o semanas, quién sabe, logremos saber con certeza cómo se llama el verdadero dueño del cheque, el nombre de la víctima, su edad y si era, como creo en estos momentos, neófito en estas trampas. A la hora de la verdad, el enredo de los nombres, edad y demás detalles periodísticos son minucias en esta historia de errores que ha mostrado el peligro, siempre presente, de guardias inexpertos que diariamente arriesgan su vida. Y la nuestra.