default

Una influenza inesperada


La influenza porcina no tarda en acercarse a Panamá. La ventaja es que por ser un país que ha visto la experiencia de sus vecinos tiene la oportunidad de prepararse ante el inminente peligro. Uno de los riesgos más altos de esta pandemia es el pánico que infunde en la población; que, en ocasiones, se alimenta de experiencias agrias que recuerdan la falta de insumos e información que emana de las instituciones responsables.

La nueva administración gubernamental enfrenta un reto aún mayor del que esperaba; no sólo debe hacer frente a las millonarias promesas efectuadas, sino que deberá estar claro en que esta pandemia pudiera aislar al país. En México, por ejemplo, han tenido que suspender clases en todos los niveles por más de 15 días, cerraron restaurantes, bares, cines, balnearios, museos, gimnasios, escuelas y entidades; y el sector turístico sufre uno de sus peores reveses por la cancelación de vuelos y cruceros a este país.

Esa situación trae consigo un esfuerzo económico extraordinario para el gobierno, del país que sea, para amortizar la paralización comercial producida por el virus, además del contingente que debe destinarse al sistema de salud para contrarrestar sus efectos en la población. Por eso no sólo las alarmas de la OMS se encienden, sino las de los muchos proyectos que el pueblo aguarda esperanzado después de haber escuchado como disco rayado las miles de promesas efectuadas a través de los medios de comunicación.

La alerta está encendida, si conjugamos el nivel 5 impuesto por la OMS y la transición gubernamental por la que atraviesa el país, se hace imperante un correcto uso del dinero del Estado para neutralizar ambas cosas: el virus de influenza porcina y la esperanza de un pueblo que no aguanta más pausas ante los inminentes problemas que lo azotan.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América