Una integración complementaria y no excluyente
LOS COMPLEJOS procesos de negociación nos confirman que la sociedad debe ser el eje de la integración latinoamericana, por lo que resulta importante aportar soluciones acordes con una estrategia de competitividad para crear fuentes de empleos que mitiguen la pobreza. La norma de la reciprocidad y la igualdad jurídica deben prevalecer en las negociaciones económicas internacionales, como parte de una estrategia que obligue a las potencias desarrolladas a desmantelar las medidas proteccionistas de subsidios, a fin de lograr un efectivo acceso de nuestros productos a sus mercados. Somos parte de una corriente para integrar un bloque de países a nivel subregional dispuestos a demandar reglas inspiradas en más elementales principios de la justicia distributiva.
Ante la posibilidad de ser parte del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea con Centroamérica, Panamá define sus prioridades en la integración subregional, a través de un acercamiento de propósitos con iniciativas derivadas del Sistema de Integración Económica Centroamericana, lo que permitirá seguir trabajando para disminuir la brecha que cada vez parece distanciar a los ricos de los pobres en nuestra región. Como parte de los intereses estratégicos del país, se perfila el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea para el año 2008, lo que nos permitirá ampliar las oportunidades de beneficios compartidos para desarrollar nexos con una región que está a la vanguardia de los procesos de integración mundial.
Resulta imperioso integrarnos progresivamente con los riesgos y oportunidades al mercado en crecimiento de 42 millones de personas de Centroamérica, con la ventaja de ser el país menos poblado, y precisamos seguir consolidando el mercado interno, a través de la competitividad de nuestras empresas para integrarnos con fuerza a las posibilidades colectivas con mayor capacidad de negociación a nivel subregional y regional. Panamá está en condiciones de emprender una diplomacia vecinal para defender mejor sus intereses nacionales y potencializar las fortalezas del país como Centro de Trasbordo Intermodal en el ámbito regional y mundial.
Si Estados Unidos quiere participar en el proyecto de ampliación del canal panameño, deberá abrir también sus mercados a las exportaciones panameñas en el marco del TLC, pendiente de firma, sin la introducción en el último minuto de enmiendas que puedan desvirtuar lo negociado. En todo caso, se impone la consulta entre las partes para garantizar logros importantes en la protección del agro, compras del Canal y cuotas para etanol, que es parte de la agenda del presidente Martín Torrijos en su encuentro con el mandatario de Brasil, para que las empresas brasileñas bioenergéticas puedan instalarse en el país y participar de los proyectos de ampliación del Canal.
Por otra parte, el desafío que conlleva la apertura de mercados locales y la negociación de un Acuerdo de Asociación con Europa, y un TLC, precisa de la voluntad política, individual, colectiva clara y decidida, sin menoscabo del papel que tienen los Estados de garantizar la equidad social en ámbito jurisdiccional. Para alcanzar de esta alianza estratégica se requiere una combinación de iniciativas económicas y políticas que logren encadenamientos productivos entre los sectores de la economía y así reducir los niveles de desigualdad, como también buscar el fortalecimiento institucional del Estado de derecho.
Ante la incertidumbre y la falta de consensos relevantes, sólo queda abrir espacios de legitimidad a los parlamentos nacionales y regionales (Parlatino) para que conciten ante el Parlamento Europeo el respaldo decidido a los procesos institucionales y a las políticas macroeconómicas sanas que permitan un crecimiento sostenible dirigido a garantizar la cohesión económica y social. Todo eso acompañado de transparencia, buen gobierno y lucha contra la corrupción, como elementos claves en el fortalecimiento del sistema democrático.
Los países centroamericanos están obligados a invertir grandes esfuerzos en la construcción institucional como condición sine qua non para alcanzar el desarrollo. Panamá no es la excepción y, desde su posición estratégica, promueve una institucionalidad democrática comprometida con la tarea de alcanzar logros en materia de equidad social para disminuir la brecha que ha creado la marginalidad del cuarenta por ciento de nuestra población.
Nos enfrentamos al imperativo de construir una comunidad pluralista con Centroamérica, lo que implica mayor impulso al crecimiento económico, a la equidad social y a la sostenibilidad ambiental para establecer sólidamente lazos en la integración y la cooperación.
La integración no debe basarse sólo en el establecimiento de áreas de libre comercio, sino también en impulsar una comunidad de intereses con políticas institucionales, económicas y sociales convergentes con instrumentos de solidaridad dirigidos a corregir los desequilibrios regionales.
Las estrategias de desarrollo político y económico de Panamá se dirigen a fomentar la creciente competitividad y la atracción de inversiones en el marco de los TLC que protegen a los sectores más vulnerables de la economía con plazos razonables de desgravación, trato nacional, salvaguardas y procesos de reconversión. Y, por otra parte, se dirige a promover la integración política y la cooperación en el ámbito regional con proyectos energéticos de alta rentabilidad.
Percibimos el futuro de la integración económica como un esquema de vínculos regionales complementarios y no excluyentes, que se constituyen en factores de estabilidad, de desarrollo y cohesión social en la proyección de las relaciones multilaterales de nuestro país.
Ante la posibilidad de ser parte del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea con Centroamérica, Panamá define sus prioridades en la integración subregional, a través de un acercamiento de propósitos con iniciativas derivadas del Sistema de Integración Económica Centroamericana, lo que permitirá seguir trabajando para disminuir la brecha que cada vez parece distanciar a los ricos de los pobres en nuestra región. Como parte de los intereses estratégicos del país, se perfila el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea para el año 2008, lo que nos permitirá ampliar las oportunidades de beneficios compartidos para desarrollar nexos con una región que está a la vanguardia de los procesos de integración mundial.
Resulta imperioso integrarnos progresivamente con los riesgos y oportunidades al mercado en crecimiento de 42 millones de personas de Centroamérica, con la ventaja de ser el país menos poblado, y precisamos seguir consolidando el mercado interno, a través de la competitividad de nuestras empresas para integrarnos con fuerza a las posibilidades colectivas con mayor capacidad de negociación a nivel subregional y regional. Panamá está en condiciones de emprender una diplomacia vecinal para defender mejor sus intereses nacionales y potencializar las fortalezas del país como Centro de Trasbordo Intermodal en el ámbito regional y mundial.
Si Estados Unidos quiere participar en el proyecto de ampliación del canal panameño, deberá abrir también sus mercados a las exportaciones panameñas en el marco del TLC, pendiente de firma, sin la introducción en el último minuto de enmiendas que puedan desvirtuar lo negociado. En todo caso, se impone la consulta entre las partes para garantizar logros importantes en la protección del agro, compras del Canal y cuotas para etanol, que es parte de la agenda del presidente Martín Torrijos en su encuentro con el mandatario de Brasil, para que las empresas brasileñas bioenergéticas puedan instalarse en el país y participar de los proyectos de ampliación del Canal.
Por otra parte, el desafío que conlleva la apertura de mercados locales y la negociación de un Acuerdo de Asociación con Europa, y un TLC, precisa de la voluntad política, individual, colectiva clara y decidida, sin menoscabo del papel que tienen los Estados de garantizar la equidad social en ámbito jurisdiccional. Para alcanzar de esta alianza estratégica se requiere una combinación de iniciativas económicas y políticas que logren encadenamientos productivos entre los sectores de la economía y así reducir los niveles de desigualdad, como también buscar el fortalecimiento institucional del Estado de derecho.
Ante la incertidumbre y la falta de consensos relevantes, sólo queda abrir espacios de legitimidad a los parlamentos nacionales y regionales (Parlatino) para que conciten ante el Parlamento Europeo el respaldo decidido a los procesos institucionales y a las políticas macroeconómicas sanas que permitan un crecimiento sostenible dirigido a garantizar la cohesión económica y social. Todo eso acompañado de transparencia, buen gobierno y lucha contra la corrupción, como elementos claves en el fortalecimiento del sistema democrático.
Los países centroamericanos están obligados a invertir grandes esfuerzos en la construcción institucional como condición sine qua non para alcanzar el desarrollo. Panamá no es la excepción y, desde su posición estratégica, promueve una institucionalidad democrática comprometida con la tarea de alcanzar logros en materia de equidad social para disminuir la brecha que ha creado la marginalidad del cuarenta por ciento de nuestra población.
Nos enfrentamos al imperativo de construir una comunidad pluralista con Centroamérica, lo que implica mayor impulso al crecimiento económico, a la equidad social y a la sostenibilidad ambiental para establecer sólidamente lazos en la integración y la cooperación.
La integración no debe basarse sólo en el establecimiento de áreas de libre comercio, sino también en impulsar una comunidad de intereses con políticas institucionales, económicas y sociales convergentes con instrumentos de solidaridad dirigidos a corregir los desequilibrios regionales.
Las estrategias de desarrollo político y económico de Panamá se dirigen a fomentar la creciente competitividad y la atracción de inversiones en el marco de los TLC que protegen a los sectores más vulnerables de la economía con plazos razonables de desgravación, trato nacional, salvaguardas y procesos de reconversión. Y, por otra parte, se dirige a promover la integración política y la cooperación en el ámbito regional con proyectos energéticos de alta rentabilidad.
Percibimos el futuro de la integración económica como un esquema de vínculos regionales complementarios y no excluyentes, que se constituyen en factores de estabilidad, de desarrollo y cohesión social en la proyección de las relaciones multilaterales de nuestro país.