Una lección práctica
Son las dos de la tarde en la sala de redacción de un diario. Los teléfonos suenan incesantemente. El fax no deja de recibir gacetillas, notas de prensa y noticias de los corresponsales del interior. Algunos periodistas llegan y empiezan a redactar sus noticias, otros buscan fotos para ilustrar un reportaje, un grupo discute sobre las posibles consecuencias de las declaraciones de un político, unos ríen a carcajadas por el desliz de un colega, mientras otros comentan sobre el último libro de García Márquez.
Un súbito silencio interrumpe la algarabía. "Boletín de última hora... un voraz incendio consume dos calles del populoso barrio de Santa Ana, mientras los bomberos luchan por apagar las llamas". Por pocos segundos, sólo se escucha la noticia en la televisión. Inmediatamente el jefe de redacción llama a los reporteros para elegir al que cubrirá la información. Minutos más tarde sale un periodista y un fotógrafo hacia el lugar de los hechos.
En medio de esa agitación, nadie nota mi presencia, pero estoy ahí, observando todo, pendiente de cada movimiento, con mi grabadora mental encendida. Para todos era un día "normal"; para mí una experiencia nueva, una emoción y una meta cumplida.
Estar en esa sala de redacción, más que una práctica profesional para obtener un título universitario, significa el primer paso para realizar mi sueño: ser periodista. Sé que no será fácil, ya que esta profesión es una de las peor remuneradas y más saturadas, pero estoy segura de tener la vocación y preparación necesarias. Sólo necesito una oportunidad.
Los primeros días fueron de adaptación. Como en todas partes, hay que convivir con todo tipo de personas. La mayoría eran amables y estaban dispuestos a ayudar, algunos me inspeccionaban de pies a cabeza para luego preguntar "y ésta quién es?"; otros simplemente me ignoraban; a unos cuantos les interesaban mis trabajos y me daban consejos útiles que siempre tomaré en cuenta.
Aprender el programa de computadora fue otro reto, ya que era totalmente diferente a los que yo conocía, con muchos comandos y códigos nuevos. El primer día demoré una media hora con una noticia, y al terminar, la borré del sistema al apretar la tecla equivocada.
Una de las cosas más importantes para los que inician en esta carrera, es hacer los contactos en las instituciones públicas y privadas. Hay que aplicar todos los conocimientos en relaciones humanas, saber tratar a las personas con cortesía y amabilidad, siempre sonreír y recordar los nombres de los funcionarios.
En la tarde, los periodistas comienzan a regresar de la calle. La redacción se llena y no hay suficientes máquinas. Todos están apurados por cerrar sus páginas. Muchas veces tuve que esperar a que alguien terminara para poder empezar a trabajar. Me acomodaba en cualquier lado, escribía las notas a mano y luego las pasaba a la computadora.
Cada pequeño logro era un gran triunfo. Había días buenos, en los que conseguía la información rápidamente; otras veces tenía que lidiar con el hermetismo de un funcionario, la burocracia de las instituciones o con evasivas de una fuente. Uno de esos días difíciles alguien me dijo "no te preocupes, todos pasamos por eso".
Esa solidaridad que a veces recibimos de nuestros colegas, contrasta con la actitud de los jefes y dueños de medios. Fue una odisea lograr una cita con el director. Cuando estuve frente a él, traté de disimular mi nerviosismo, conversé con soltura y le mostré una carpeta con mis artículos y reportajes (colaboraciones) que habían sido publicados anteriormente. Finalmente le expresé mi interés de hacer mi práctica profesional en el periódico. Me miró fijamente y dijo "está bien, siempre y cuando no estorbe a los que están trabajando". Sin ocultar mi indignación, le respondí "¿cómo alguien que trabajará tiempo completo sin recibir más remuneración que la oportunidad de aprender puede estorbar aquí?" Sonrió como si acabara de pasar la primera pregunta de un examen de aptitudes periodísticas y en un tono mucho más cordial me dio la bienvenida.
Fue una lección de humildad. A veces creemos que somos los dueños del mundo, que sabemos todo lo necesario, sólo por haber estudiado cinco años en la universidad. ºQué gran mentira! El periodismo es una carrera dinámica, interesante y motivadora, en la cual hay que asumir retos y moverse al ritmo de la información. ºQué diferente es la realidad de la teoría que nos enseñan en la universidad! No cabe duda, la mejor escuela es la calle.
Entendí que un buen periodista es también un buen lector, un admirador de la cultura y una persona sensible al dolor humano. Los profesionales exitosos tienen la entereza de afrontar las críticas y envidias que vienen de todas partes, un compromiso ético con la verdad y una dedicación total a su carrera. Sin importar la hora, el día o el lugar están siempre dispuestos, porque disfrutan lo que hacen.
He iniciado mi lucha por ejercer mi carrera, pero antes de empezar me pregunté ¿es esto realmente lo que quiero hacer? ¿Lo lograré? La respuesta es sí. Siempre recordaré estos primeros momentos que pusieron a prueba mi valor, entereza y perseverancia.
Un súbito silencio interrumpe la algarabía. "Boletín de última hora... un voraz incendio consume dos calles del populoso barrio de Santa Ana, mientras los bomberos luchan por apagar las llamas". Por pocos segundos, sólo se escucha la noticia en la televisión. Inmediatamente el jefe de redacción llama a los reporteros para elegir al que cubrirá la información. Minutos más tarde sale un periodista y un fotógrafo hacia el lugar de los hechos.
En medio de esa agitación, nadie nota mi presencia, pero estoy ahí, observando todo, pendiente de cada movimiento, con mi grabadora mental encendida. Para todos era un día "normal"; para mí una experiencia nueva, una emoción y una meta cumplida.
Estar en esa sala de redacción, más que una práctica profesional para obtener un título universitario, significa el primer paso para realizar mi sueño: ser periodista. Sé que no será fácil, ya que esta profesión es una de las peor remuneradas y más saturadas, pero estoy segura de tener la vocación y preparación necesarias. Sólo necesito una oportunidad.
Los primeros días fueron de adaptación. Como en todas partes, hay que convivir con todo tipo de personas. La mayoría eran amables y estaban dispuestos a ayudar, algunos me inspeccionaban de pies a cabeza para luego preguntar "y ésta quién es?"; otros simplemente me ignoraban; a unos cuantos les interesaban mis trabajos y me daban consejos útiles que siempre tomaré en cuenta.
Aprender el programa de computadora fue otro reto, ya que era totalmente diferente a los que yo conocía, con muchos comandos y códigos nuevos. El primer día demoré una media hora con una noticia, y al terminar, la borré del sistema al apretar la tecla equivocada.
Una de las cosas más importantes para los que inician en esta carrera, es hacer los contactos en las instituciones públicas y privadas. Hay que aplicar todos los conocimientos en relaciones humanas, saber tratar a las personas con cortesía y amabilidad, siempre sonreír y recordar los nombres de los funcionarios.
En la tarde, los periodistas comienzan a regresar de la calle. La redacción se llena y no hay suficientes máquinas. Todos están apurados por cerrar sus páginas. Muchas veces tuve que esperar a que alguien terminara para poder empezar a trabajar. Me acomodaba en cualquier lado, escribía las notas a mano y luego las pasaba a la computadora.
Cada pequeño logro era un gran triunfo. Había días buenos, en los que conseguía la información rápidamente; otras veces tenía que lidiar con el hermetismo de un funcionario, la burocracia de las instituciones o con evasivas de una fuente. Uno de esos días difíciles alguien me dijo "no te preocupes, todos pasamos por eso".
Esa solidaridad que a veces recibimos de nuestros colegas, contrasta con la actitud de los jefes y dueños de medios. Fue una odisea lograr una cita con el director. Cuando estuve frente a él, traté de disimular mi nerviosismo, conversé con soltura y le mostré una carpeta con mis artículos y reportajes (colaboraciones) que habían sido publicados anteriormente. Finalmente le expresé mi interés de hacer mi práctica profesional en el periódico. Me miró fijamente y dijo "está bien, siempre y cuando no estorbe a los que están trabajando". Sin ocultar mi indignación, le respondí "¿cómo alguien que trabajará tiempo completo sin recibir más remuneración que la oportunidad de aprender puede estorbar aquí?" Sonrió como si acabara de pasar la primera pregunta de un examen de aptitudes periodísticas y en un tono mucho más cordial me dio la bienvenida.
Fue una lección de humildad. A veces creemos que somos los dueños del mundo, que sabemos todo lo necesario, sólo por haber estudiado cinco años en la universidad. ºQué gran mentira! El periodismo es una carrera dinámica, interesante y motivadora, en la cual hay que asumir retos y moverse al ritmo de la información. ºQué diferente es la realidad de la teoría que nos enseñan en la universidad! No cabe duda, la mejor escuela es la calle.
Entendí que un buen periodista es también un buen lector, un admirador de la cultura y una persona sensible al dolor humano. Los profesionales exitosos tienen la entereza de afrontar las críticas y envidias que vienen de todas partes, un compromiso ético con la verdad y una dedicación total a su carrera. Sin importar la hora, el día o el lugar están siempre dispuestos, porque disfrutan lo que hacen.
He iniciado mi lucha por ejercer mi carrera, pero antes de empezar me pregunté ¿es esto realmente lo que quiero hacer? ¿Lo lograré? La respuesta es sí. Siempre recordaré estos primeros momentos que pusieron a prueba mi valor, entereza y perseverancia.