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Una ley con nombre propio


Panamá es el único lugar del mundo en donde las leyes tienen nombre propio. Y no se habla de la Ley 25 del 6 de enero de 2001, se habla de la "Ley Tal". Es el caso de la Ley Faúndes, que todos sabemos que fue hecha y aprobada exclusivamente para perjudicar a un magistrado cuya posición quería el gobernante de turno para otra persona. La vergüenza es que él puso una demanda, la ganó y la ley continúa en existencia y ha sido aplicada a muchas personas más con el consiguiente perjuicio, no sólo para ellos sino para el país.
¿Quién ha dicho que la edad es obstáculo para trabajar cuando la mente está clara, la inteligencia sin variaciones, la fortaleza física entera y la experiencia ha aumentado a través de los años? Sólo aquí se le ocurre a un presidente y a un grupo de legisladores "lambones" y siguiendo consignas aún a costa de ellos mismos.
Panamá es un país en donde los viejos y viejas no valemos o no nos hacemos valer. El hecho de tener créditos para ser sujetos de jubilarse, pareciera que nos archiva y nos limita en las actividades cotidianas o para otras que estemos capacitados. Esto es un absurdo. En países desarrollados, las personas de edad avanzada trabajan sin ningún problema y las leyes los protegen, así como el trato de la sociedad.
No es posible que Astrid Wolf, siendo Representante de Corregimiento, quiso abrir una escuela en el Parque Omar Gallegos para niños que necesitaban ayuda en sus estudios y no podían pagar profesores privados acudiendo a los maestros y profesores jubilados de San Francisco para que dieran dos horas semanales para una obra de esta categoría, y no lo logró porque esos jubilados dijeron que ellos ya habían trabajado suficiente y ahora querían descansar. Esto es auto declararse inútiles. Pero aunado a esto, por ley, los que cumplimos 75 años debemos retirarnos de una posición pública por considerarnos inútiles. La dos cosas son inauditas, pero más la segunda que está legalizada y pocas personas han hecho algo por derogar esa ley.
Tengo entendido que los diputados se oponen a la derogación ahora que dos diputadas han presentado un proyecto para ello. Quisiera preguntarle al Sr. Wilson si es que no espera llegar a esa edad, o si llega, tendrá la suficiente influencia para continuar en el puesto que ocupe en ese momento porque, al vivir de la política, lo más probable es que siga igual hasta morir.
Señores, pareciera que Panamá es un país en donde los viejos no somos considerados porque los jóvenes pertenecen a otra generación con una brecha generacional muy grande y que no permite una comprensión de los problemas de ambos grupos. La violencia contra la tercera edad es más grande de lo que pensamos, sobre todo de parte de sus propios hijos que los tienen como empleados, que les quitan el dinero de su jubilación y no les dan ni alimentos para su vejez; que los obligan a pedir préstamos en las financieras sobre la base de su jubilación y quedan limpios mientras esos hijos y nietos malgastan el dinero que lograron y ni siquiera lo pagan. Y podría seguir. Pues, no debe ser así.
En otros países, los viejos son los primeros en la familia; aquí son los últimos; el maltrato de palabra, burlándose porque olvidan algo o no pudieron llevar a cabo un acto que los jóvenes sí pueden hacer, hiere la susceptibilidad de ellos y los hace sentirse incapaces de ser aptos para vivir. ¿Ven ustedes a un o una joven ayudar a cruzar la calle a un viejo que vaya solo? No; cruzan ellos y dejan a los viejos atrás; los autos ni siquiera detienen su marcha y pobre de nosotros.
Es hora de que los Padres de la Patria decidan derogar la ley Faúndes para bien de muchos y de ellos mismos, para cuando lleguen a esa edad, sea sin arrepentimiento.
Es de justicia que se haga algo positivo en la Asamblea y que no sea eliminar los beneficios que ya tenemos, como busca otro. Ojalá algo se logre y de una vez por todas termine el sufrimiento de las personas de edad que luego reciben jubilación de hambre que no les permite vivir decorosamente de acuerdo con sus derechos.
marisin@movistar.com.pa
5. El análisis económico del proyecto presentado por la Autoridad del Canal de Panamá indica que es rentable y sostenible y la comisión concuerda con ese análisis económico. Sin embargo, la ACP no ha presentado un análisis financiero en el cual se indique la estructura de financiamiento, el período de repago de la deuda y los indicadores financieros correspondientes.
El análisis de sensibilidad presentado por la ACP no incluyó la variabilidad en la demanda que es lo que determina los ingresos, argüyendo que estos estudios fueron sumamente exhaustivos.
En cuanto a la metodología utilizada por la ACP para el análisis económico, consideramos que la misma es aceptable para establecer la inversión requerida, pero hay elementos que no se consideraron como parte del proyecto por lo que su incidencia, tanto en el diseño económico como en el financiero, no está considerada. (Fin de citas).
En otras palabras, los elementos señalados entre muchos otros que no mencionamos por razón de espacio, evidencia un margen considerable de riesgo para el país.
raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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