default

Una Ley justa para todas y todos


Desde hace mucho tiempo, asumí con mente y corazón el compromiso de llevar adelante la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad sin discriminación, la liberación plena, por conquistar el lugar cimero que siempre nos ha pertenecido por derecho propio, por voluntad y por trabajo.
Siempre he creído en el entusiasmo de nosotras, las mujeres, en nuestra capacidad revitalizadora, en nuestra fuerza transformadora que mantiene permanentemente la ilusión de un mañana limpio, abierto a la alegría de vivir y que se resiste, consistentemente, a perder la confianza en el mundo que nos rodea. De esta convicción emanan muchas de las motivaciones que orientan mi conducta y mi accionar, bien sea en el hogar, en la comunidad o en el parlamento.
Estas son las fuentes a las que acudí para armarme de valor, de persistencia y de paciencia, de mucha paciencia, durante varios años, luchando a lo interno de la Asamblea Legislativa, sorteando obstáculos, sobrepasando barreras, para finalmente presentar y lograr, en 1998, la consideración, discusión y aprobación del proyecto de Ley "por el cual se instituye la igualdad de oportunidades para las mujeres" en Panamá.
Esta Ley, la No. 4 de 29 de enero de 1999, persigue fundamentalmente allanar el camino para la definitiva erradicación de la discriminación ejercida en contra de las mujeres en nuestro país.
"La discriminación, cualquiera que sea su forma, es la idea más antagónica a la democracia que puede existir " Con estas palabras inicia la presentación del Programa de Promoción de la Igualdad de Oportunidades en Panamá, un programa que nace del consenso entre el movimiento de mujeres con vocación democrática y el Estado panameño, para la ejecución del Plan Nacional Mujer y Desarrollo 1994-2000, documento elaborado y estructurado por el Foro Mujer y Desarrollo, el cual posteriormente fue avalado por todos los partidos políticos legalmente constituidos antes del torneo electoral de 1994. Gracias a esta aceptación, el partido o partidos que resultasen triunfadores en los comicios de ese año, tenían el compromiso de poner en práctica el mencionado Plan.
Con este compromiso adquirido y siendo Panamá suscriptor de la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, nos resultó inexplicable e inexcusable que la Asamblea no pudiera concretar los mencionados postulados en la aprobación de la Ley que proponíamos. Finalmente se logró y fue respaldada por unanimidad en el segundo y tercer debate y este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se convertirá en Ley de la República, luego de ser sancionada por el Organo Ejecutivo.
Sí, me siento orgullosa y satisfecha de haber logrado convertir en realidad esta Ley. Sí, y me emociona hasta las lágrimas saber que hemos establecido la base jurídica para condenar toda discriminación basada en el sexo y establecer los principios de políticas públicas tendientes a la transformación de nuestra sociedad y a erradicar esa discriminación.
Creo comprender hoy la emoción que sintieron las mujeres panameñas cuando conquistaron su derecho al sufragio; creo saber ahora y compartir los sentimientos de Acracia Sarasqueta, la primera mujer electa para ocupar una curul en la entonces Asamblea de Diputados (1948). Y no me cabe la menor duda de que será la misma emoción que me embargará el próximo 2 de mayo cuando llevemos a la primera mujer a ocupar la Presidencia de la República: Mireya Moscoso.
Al haber celebrado el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, es bueno que reflexionemos que para llevar a la práctica esta Ley, debemos ofrecerle a una hermana de género, a Mireya Moscoso, la oportunidad de tomar las decisiones más importantes del país.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América