Una lucha por la seguridad social
TODO parece indicar que serán las clases más humildes de Panamá las que tendrán que aportar los mayores sacrificios para salvar la Caja de Seguro Social (CSS) que, en la actualidad, confronta la peor crisis económica de su historia a consecuencia de administraciones gubernamentales politizadas y sin visión de la importante tarea que esta entidad debe cumplir en beneficio de la seguridad social de los panameños.
Estamos convencidos de que la reestructuración del Seguro Social en lo que se refiere a autonomía, al fortalecimiento del aspecto económico y al logró de una verdadera ley orgánica que sirva de salvaguarda a los intereses de la institución, demanda el sacrificio y desvelo de la nación entera.
Ya han empezado a conocerse algunas propuestas, tales como el aumento en la edad de jubilación, de las cuotas obrero-patronal, la administración de la Caja a través de un patronato, castigar la evasión y la morosidad en el pago de las cuotas, reducir el número de beneficiarios, lograr que la Autoridad del Canal de Panamá aporte al buen funcionamiento de la institución etc.
Sobre esa realidad se pronunciará la comunidad nacional y la Asamblea de Diputados, y es de urgencia que surjan las mejores recomendaciones y propuestas que respondan a las aspiraciones de una institución y sus beneficiarios.
En este esfuerzo del gobierno y del pueblo para aliviar la difícil situación económica por la que atraviesa la entidad, debe estar presente el sentir de todos los sectores del país; el pensamiento de los miles de asegurados y pensionados que, religiosamente, aportan sus cuotas con el propósito de que la institución continúe ofreciendo sus servicios a la República; la opinión de los profesionales que conocen, a profundidad, qué es lo más conveniente para alcanzar la solución de este problema de Estado que tanto daño está causando a las grandes mayorías nacionales.
El Seguro Social necesita un cambio radical en su funcionamiento, más eficiencia, honestidad, calidad en el servicio; un liderazgo que la encamine hacia el mejoramiento y superación de todos los servicios que ofrece a la nación; un personal técnico y administrativo que se entregue a la causa de una institución eficiente, muy lejos de intereses partidistas y personales, un cambio de actitud que propicie la salvaguarda de la parte humana de la Caja de Seguro Social haciéndola más productiva.
No debemos ir a la mesa del diálogo llenos de odio, rencores y egoísmos, porque de esa manera, nuestra lucha será inútil. Tenemos que caminar, gobierno y pueblo, por la senda de la comprensión, la solidaridad y el bien común, identificados en esta tarea que es de todos y en momentos en que el problema de la salud lo necesita y hay que protegerla por ser uno de los aspectos más importantes en la vida de la nación.
Si queremos salvar la Caja de Seguro Social, tenemos que sacrificarnos por igual. No aceptaremos, de ninguna manera, que una vez dadas las reformas, la seguridad social continúe en los niveles más bajos de eficiencia y que los beneficios de la institución no lleguen, como debe ser, a todos los que contribuyen al sostenimiento.
Todos y cada uno de los que laboran en la Caja de Seguro Social deben comprender que la entidad pertenece al pueblo panameño que ha llegado hasta el sacrificio para recibir los mejores servicios en cantidad y calidad.
Estamos seguros de que el pueblo dará una lección de civismo y de solidaridad a aquellos malos panameños que han venido negando, de manera sistemática las cuotas obrero-patronal a la institución y a aquellos que en épocas pasadas, saquearon las arcas de una entidad del Estado, llamada a proteger la salud de las comunidades a lo largo y a lo ancho de la República.
Estamos convencidos de que la reestructuración del Seguro Social en lo que se refiere a autonomía, al fortalecimiento del aspecto económico y al logró de una verdadera ley orgánica que sirva de salvaguarda a los intereses de la institución, demanda el sacrificio y desvelo de la nación entera.
Ya han empezado a conocerse algunas propuestas, tales como el aumento en la edad de jubilación, de las cuotas obrero-patronal, la administración de la Caja a través de un patronato, castigar la evasión y la morosidad en el pago de las cuotas, reducir el número de beneficiarios, lograr que la Autoridad del Canal de Panamá aporte al buen funcionamiento de la institución etc.
Sobre esa realidad se pronunciará la comunidad nacional y la Asamblea de Diputados, y es de urgencia que surjan las mejores recomendaciones y propuestas que respondan a las aspiraciones de una institución y sus beneficiarios.
En este esfuerzo del gobierno y del pueblo para aliviar la difícil situación económica por la que atraviesa la entidad, debe estar presente el sentir de todos los sectores del país; el pensamiento de los miles de asegurados y pensionados que, religiosamente, aportan sus cuotas con el propósito de que la institución continúe ofreciendo sus servicios a la República; la opinión de los profesionales que conocen, a profundidad, qué es lo más conveniente para alcanzar la solución de este problema de Estado que tanto daño está causando a las grandes mayorías nacionales.
El Seguro Social necesita un cambio radical en su funcionamiento, más eficiencia, honestidad, calidad en el servicio; un liderazgo que la encamine hacia el mejoramiento y superación de todos los servicios que ofrece a la nación; un personal técnico y administrativo que se entregue a la causa de una institución eficiente, muy lejos de intereses partidistas y personales, un cambio de actitud que propicie la salvaguarda de la parte humana de la Caja de Seguro Social haciéndola más productiva.
No debemos ir a la mesa del diálogo llenos de odio, rencores y egoísmos, porque de esa manera, nuestra lucha será inútil. Tenemos que caminar, gobierno y pueblo, por la senda de la comprensión, la solidaridad y el bien común, identificados en esta tarea que es de todos y en momentos en que el problema de la salud lo necesita y hay que protegerla por ser uno de los aspectos más importantes en la vida de la nación.
Si queremos salvar la Caja de Seguro Social, tenemos que sacrificarnos por igual. No aceptaremos, de ninguna manera, que una vez dadas las reformas, la seguridad social continúe en los niveles más bajos de eficiencia y que los beneficios de la institución no lleguen, como debe ser, a todos los que contribuyen al sostenimiento.
Todos y cada uno de los que laboran en la Caja de Seguro Social deben comprender que la entidad pertenece al pueblo panameño que ha llegado hasta el sacrificio para recibir los mejores servicios en cantidad y calidad.
Estamos seguros de que el pueblo dará una lección de civismo y de solidaridad a aquellos malos panameños que han venido negando, de manera sistemática las cuotas obrero-patronal a la institución y a aquellos que en épocas pasadas, saquearon las arcas de una entidad del Estado, llamada a proteger la salud de las comunidades a lo largo y a lo ancho de la República.