Una luz de esperanza
EN NUESTRA condición de prensa libre e independiente, siempre consagrados a informar, defender las causas nobles y combatir injusticias, la mala conducta pública y contribuir a formar ciudadanos probos y dignos y como incansables defensores de la verdad, deseamos dar una calurosa bienvenida a la recién nombrada Procuradora General de la República, licenciada Ana Matilde Gómez de Sousa. Lo hacemos tras haber escuchado a través de la televisión las palabras proferidas por ella al aceptar el cargo.
Las mencionadas declaraciones pueden ser consideradas como un hito en la historia de nuestra vida republicana; abren el camino a un honrado manejo de la cosa pública y constituyen una no soñada esperanza en nuestros tiempos de daño y descomposición social.
Lo expuesto por la señora Procuradora General, en el sentido de que los fiscales deben despojarse de privilegios, merece ser cumplido. Ese patrón ejemplar debe extenderse, sin dilaciones, a todo tipo de favoritismos, que en muchos casos, constituyen el descaro más censurable y una pecaminosa trampa.
Los demás superprivilegiados también deben dejar de serlo en todas las esferas. No más carros exonerados para ciertos funcionarios y legisladores. No más ley o reglamento de una Asamblea Nacional que incluya escandalosas canonjías.
Un reglamento se establece para el funcionamiento de una entidad. Los derechos a exenciones especiales no constituyen reglamento.
Es hora ya de que se termine la desvergüenza de otorgar privilegios absurdos. Deben limitarse rigurosamente, de una vez por todas, los llamados gastos de representación que constituyen a veces el cincuenta por ciento o más de ciertos salarios y son un fraude contra la Caja de Seguro Social.
Por estas razones damos una especial bienvenida a la nueva Procuradora, quien a través de sus palabras se ha convertido en una verdadera esperanza redentora para un pueblo angustiado, dolido, decepcionado y con creciente irritación por conductas vituperables de quienes en nada contribuyen al engrandecimiento de la República.
Las mencionadas declaraciones pueden ser consideradas como un hito en la historia de nuestra vida republicana; abren el camino a un honrado manejo de la cosa pública y constituyen una no soñada esperanza en nuestros tiempos de daño y descomposición social.
Lo expuesto por la señora Procuradora General, en el sentido de que los fiscales deben despojarse de privilegios, merece ser cumplido. Ese patrón ejemplar debe extenderse, sin dilaciones, a todo tipo de favoritismos, que en muchos casos, constituyen el descaro más censurable y una pecaminosa trampa.
Los demás superprivilegiados también deben dejar de serlo en todas las esferas. No más carros exonerados para ciertos funcionarios y legisladores. No más ley o reglamento de una Asamblea Nacional que incluya escandalosas canonjías.
Un reglamento se establece para el funcionamiento de una entidad. Los derechos a exenciones especiales no constituyen reglamento.
Es hora ya de que se termine la desvergüenza de otorgar privilegios absurdos. Deben limitarse rigurosamente, de una vez por todas, los llamados gastos de representación que constituyen a veces el cincuenta por ciento o más de ciertos salarios y son un fraude contra la Caja de Seguro Social.
Por estas razones damos una especial bienvenida a la nueva Procuradora, quien a través de sus palabras se ha convertido en una verdadera esperanza redentora para un pueblo angustiado, dolido, decepcionado y con creciente irritación por conductas vituperables de quienes en nada contribuyen al engrandecimiento de la República.