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Una mala idea, otra vez


Cuando el año pasado se habló de "Reforma Tributaria", en un inicio, muchos pensamos que se iba a presentar una propuesta para repartir la carga impositiva de una manera más justa. Creímos que se trataba de una Reforma para acabar con los delitos fiscales de los grandes defraudadores: muchos comerciantes importadores, financieros especuladores, burócratas deshonestos, grandes terratenientes y gente de igual talante que hace trampa en sus impuestos todos los años, con la complicidad de algunos funcionarios, contadores y políticos. Luego de conocer y escuchar lo que escasamente se ha difundido sobre la naturaleza de dichas reformas, sospechamos que las susodichas medidas van en otra dirección: en la de subir impuestos. El rechazo rotundo a una subida disfrazada de impuestos, en un momento particularmente inconveniente y el efecto adicional de ciertos escándalos, hicieron que el tema fuera puesto en espera, hasta hace poco. Pero ahora, motivados quizás por lo que lograron respecto al uso del Fondo Fiduciario, todo da la fuerte impresión de que se pretende, nuevamente, reintroducir sigilosamente el paquete de las susodichas "Reformas" y su trasfondo fundamental: la extensión del ITBM a los servicios o su elevación a 8 ó10%.
Pienso que bajo la influencia de las "medidas de choque y ajuste estructural" gestadas por las instituciones financieras internacionales a lo largo de la última década, se quiere revivir una alternativa perjudicial, peligrosa y decepcionante. Pareciera que el Gobierno Nacional, urgido de liquidez, ha elegido no "alborotarle el avispero" a los estamentos sociales poderosos y se ha tomado el camino más fácil. En lugar de intervenir seriamente en contra de los grandes defraudadores y de los que abusan de inmerecidos privilegios, bajo el pretexto de "garantizar la seguridad jurídica", de "no espantar la inversión" y de "no perjudicar a los que generan empleos", pareciera que esta "Reforma" busca atacar el bolsillo de la clase media y de los sectores populares, otra vez. Ante la carencia de dinero fresco provocada por una economía en evidente crisis y por un Estado que no cuenta con la solvencia que les proporcionaban el IRHE y el INTEL, se ha optado por la típica salida de pasarle más carga fiscal a los consumidores.
Sin ser economista, cualquiera se puede dar cuenta que los que han concebido esta supuesta salida no han sopesado adecuadamente y con suficiente sentido común, las consecuencias de lo que está proponiendo. Decimos esto porque no estamos ante un ejercicio teórico de economía y finanzas sino ante una economía dependiente, frágil y golpeada en medio de una crisis. Pretender imponerle medidas draconianas tendrá un grave costo político y social. Esta "Reforma", tal como está concebida, parece una idea mala e inoportuna. Dada la severidad de nuestra crisis económica, hay que tocar el delicado entretejido de nuestra economía y de nuestra sociedad, con mucho, mucho cuidado. En una economía deteriorada, hay que aplicar medidas que estimulen balanceadamente al consumo y al ahorro, y no imponer impuestos suicidas que limiten y golpeen a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, que retrotraigan aún más a la catatónica economía del país. Muchos presentimos que de implementarse esta "Reforma", lo que se puede generar en un rápido cataclismo económico, que a su vez disparará una enorme espiral de intranquilidad social. Ante un alza generalizada de impuestos (y, por consiguiente, del costo de la vida), es lógico esperar una contracción aún mayor en el consumo de bienes y servicios, por parte de la clase media y de las clases populares. Ello, generará directamente menos circulación de dinero, la rentabilidad y la sobrevivencia de muchas empresas medianas y pequeñas se irá a pique. A su vez, ello se traducirá en el cierre de más empresas, en muchísimos más despidos y en una zozobra social muy peligrosa. Y no hay que ser una lumbrera para saber lo que va a pasar después.
Una de las cosas que más despierta la suspicacia es el hecho de que, en ningún momento los propulsores de esta "Reforma" han divulgado sus estudios sobre cómo la misma va a afectar a la economía familiar de los panameños, de manera inmediata y directa. No han dicho tampoco cómo estiman que se afecte la actividad económica del país, en sus diferentes niveles y formas (desde el industrial hasta el buhonero). Tampoco han dicho si, como sería lógico esperar, van a recortar o no el enorme gasto público o si van a eliminar parte de los enormes beneficios y onerosos privilegios de que disfrutan los legisladores, ministros, etc. Muchos presentimos que eso no va a suceder. Y cada vez más pareciera que este silencio no es motivado por la ignorancia, sino por la conveniencia. No se debe decir lo que perjudica. Por otro lado, tanto el argumento como el léxico que se han usado para tratar de vendernos dichas "Reformas" han sido (y son) cada vez más desafortunados. Se nos ha dicho que sin esta "Reforma", el país se paralizará y que, por ende, "todos tenemos que asumir la carga" para salvar a la Nación. Personalmente, quisiera saber si mi carga será, proporcionalmente hablando, igual, menor o mayor que la de los potentados que medran en este país desde siempre y que, hoy, son más ricos que nunca. Pero ante toda la pretendida justificación a estas medidas, está la evidencia incontestable de las cifras.
El Gobierno pretende extraer de los contribuyentes unos 80 millones de dólares más, en esto que califican como la "expansión de la base del impuesto ITBM". Pero sin necesidad de extender el impuesto del 5% a los servicios o sin elevar el ITBM a 8 o 10% (o sea, sin ir en contra el bolsillo de los consumidores) y solamente atacando de manera efectiva la evasión fiscal de los grandes defraudadores en el país, el Gobierno podría recuperar unos 200 millones de dólares anuales. Pero para ello, los personeros del gobierno tendrían que atreverse a tocar grandes intereses e influencias.
Así mismo, el Gobierno pudiera proceder a atacar efectivamente la corrupción y muchos mecanismos legales pero moralmente incorrectos, que permiten un enriquecimiento censurable a costa de recursos que deberían ir a las arcas del Estado. Para muestra sólo dos casos: las enormes ganancias de los cónsules, que en conjunto seguramente suman mucho más de lo que el Gobierno quiere recaudar con esta "Reforma Tributaria". O, ¿qué no decir de la eliminación definitiva de las partidas circuitales, una vieja e incumplida promesa de Unión por Panamá? Solamente eliminándolas el Estado se ahorraría 35 millones de dólares adicionales, todos los años. Paradójicamente, esta "Reforma" va en contra de los compromisos adquiridos por la actual administración. En el propio texto del Programa Electoral "Nuestro Compromiso para el Cambio" (página 32) se decía claramente: " Política tributaria: Manejaremos con suma prudencia la política tributaria. Estudiaremos la posibilidad de corregir la tasa de impuesto sobre la renta a favor del contribuyente y la de transferir el impuesto de inmuebles a los gobiernos locales... etc". La "Reforma Tributaria" desdice, de hecho, estos compromisos de campaña.
Finalmente, está el hecho serio y nefasto de que se siguen decidiendo los grandes asuntos de la Nación a espaldas del pueblo. Temas como las privatizaciones, el Fondo Fiduciario, la modernización del Canal, el proyecto de Nación que queremos y este mismo, de la Reforma Tributaria, deberían ser objetos de una amplia consulta nacional y no una decisión arbitraria que arrogantemente se abrogan decidir los políticos, por sí solos. Todo hace pensar que esta Reforma será pactada y aprobada en la oscuridad de la noche, luego de "arduas negociaciones" y después de que muchos políticos se rasguen las vestiduras diciendo que no podían hacer otra cosa, ante la presión del BID o del Banco Mundial y que "es por el bien de las futuras generaciones".
Personalmente creo que es hora de que todos los panameños, en nuestra condición de contribuyentes al fisco, de consumidores y de ciudadanos, procedamos a razonar y a actuar en consecuencia. Panamá necesita urgentemente de un verdadero Programa de Desarrollo Económico y Social, que se fije verdaderas metas de Estado y no un parche temporal llamado "Reforma Tributaria". Estamos entrando en un juego muy peligroso y ojalá que la llamada "clase política" reflexione.
No se puede arrinconar, hostigar y abusar arbitrariamente del pueblo y esperar que no reaccione con igual o peor fuerza o furia, tarde o temprano. Esta Reforma es como arrojarle kerosén a la llama ardiente de nuestros problemas cotidianos. Le rogamos a los personeros del gobierno y de la oposición que piensen bien y que rectifiquen en este peligroso asunto, antes de volver a jugarle "la ruleta rusa" a nuestra frágil e incipiente democracia.
El teniente Mascuñana, quien pertenecía para entonces al G-2, apareció después, a eso de las 2:00 de la madrugada. "Minga" se sintió confiada porque él "era como mi hijo. Se había criado con Luis, Chivale y los demás"... "yo le daba comida y su papá me decía Minga no lo ayudes, este hijo mío es malo". Esa mañana, Mascuñana se llevó a "Yiyo" en un helicóptero a Punta Chame, donde nació y se crió Alcibiades, porque para entonces ya estaba al tanto de que él estaba allá pescando.
Llegaron al pueblo . Yiyo iba amenazado por un arma como garantía de que "Chivale" se entregaría y así fue. Poco después ambos estaban de regreso en Panamá en el cuartel del G- 2. "En el viaje mi hermano no me dijo nada, venía callado", recuerda "Yiyo", y replica: "aunque yo no creía que "Chachi" ( Mascuñana), podría hacernos esto".
Inició el vía crucis de la búsqueda. Solicitudes desde los más influyentes personajes de la política criolla hasta al propio "hombre fuerte" de Panamá resultaron infructuosas. "Nunca más lo vimos".
Mientras Minga se llevaba la mano a la cabeza, su voz tenue tomó fuerza al preguntar: "Ay, Dios mío, ¿por qué Chachi nos hizo esto?, ¿por qué?". Y aunque las llamadas parecen ser la acción de algún "descorazonado", aún las dudas y la desesperación están allí, mientras la familia espera ansiosa los resultados de las pruebas de ADN.

101 años de Panamá América

 
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