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Una masacre sepulta un proyecto político


Primero los hechos: tres asaltantes toman una sucursal del Banco de la Nación Argentina en la localidad de Ramallo, a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires. La policía es avisada y se tiende un cerco al edificio. Los ladrones mantienen unos seis rehenes en su interior. A partir de allí comienza un largo período de negociaciones entre los ocupantes y los que establecen el cerco. Estos últimos incluyen miembros de la policía de la Provincia de Buenos Aires, un grupo elite policial denominado Halcón, otro grupo de operaciones especiales llamado GEO, y por último otro grupo de operaciones especiales de la Policía Federal, la cual depende del gobierno nacional. Todos ellos han de estar, según la ley provincial, bajo el mando de un juez, quien dirige el operativo.
Las horas transcurren, algunos rehenes son liberados a cambio de la llave de la caja fuerte, las negociaciones se rompen porque los ladrones reciben esa llave pero no la clave para abrirla y, ya en horas de la madrugada, deciden salir del edificio. Para ello toman el auto del contador del banco y se acomodan en él utilizando al contador, al gerente y a la esposa del primero como "escudos". Se abre la puerta del garaje, el vehículo sale lentamente, comienza a transitar por la vereda y a los pocos metros es acribillado por disparos que llegan de todos los costados.
Como resultado, el contador y el gerente mueren en el acto, dos ladrones también, la mujer y uno de los delincuentes quedan heridos.
Y herida, también de muerte, parece quedar la campaña política del gobernador de esta provincia, el candidato peronista Eduardo Duhalde.
Aparentemente este desastroso resultado final se debe a una increíble suma de impericias, a falta de coordinación y ausencia de un mando unificado efectivo. Es más, se sostiene luego que dos grupos policiales habían manifestado al juez que estaban en condiciones de ingresar al lugar y reducir a los ladrones en pocos segundos.
El sangriento hecho puede resultar el último clavo del ataúd político de Duhalde. El tema de la seguridad se encuentra entre uno de los más importantes entre los votantes de esta populosa provincia. Un elevado porcentaje de sus habitantes manifiesta que ha sufrido algún incidente violento en los últimos meses y muchos de ellos también tienen serias dudas sobre si la policía provincial en verdad los protege o los ataca. Esto se debe a que no son pocos los delitos descubiertos en los que miembros o ex miembros de esa fuerza eran protagonistas. En este sentido la mala fortuna de Duhalde comenzó unos años atrás cuando se animó a decir que su provincia tenía "la mejor fuerza policial del mundo".
Un poco de humildad no le hubiera venido mal. El gobernador, desde entonces, ha delineado una política al respecto que uno no podría calificar sino de oscilante: pasando de la "mano dura", proponiendo algo parecido a la "tolerancia cero" hasta la limpieza de la fuerza y de la corrupción existente en su interior.
Uno de sus últimos intentos de limpiarla había llevado a un recrudecimiento de las acciones violentas: cuando la fuerza se ve atacada responde generando una sensación de desprotección entre los habitantes, ya sea por acción u omisión. El propio candidato peronista a la gobernación y actual vicepresidente de la Nación, Carlos Ruckauf, demandó "mano dura" y el ministro de seguridad de la provincia tuvo que irse. Pero cuando se nombra a su reemplazante, este no tiene mejor idea que designar como secretario de Seguridad al abogado de una de las mayores bandas de delincuentes de la región. Por supuesto, ser abogado no es ser miembro de la banda, pero admitamos que no es la mejor decisión política, menos en una campaña electoral.
Todo esto se había acumulado ya, hasta que la masacre de Ramallo muestra la falta de control y de eficiencia de quienes tienen a cargo la seguridad.
Y la de quienes en 10 años de gobierno lejos de tener la mejor fuerza del mundo se acercan a la peor. Seguramente los votantes castigarán esta actitud. Es de esperar que los siguientes gobernantes sepan leer el mensaje. Si es así, el peronismo recordará la "masacre de Ramallo" como la que determinó la muerte de dos personas inocentes y también la muerte de la esperanza de mantenerse en el poder por cuatro años adicionales.
Corresponsal de la agencia de prensa

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