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Una nueva luz


Nuestra atención al bombardeo de Afganistán y otras graves repercusiones del ataque terrorista cometido contra la humanidad en Estados Unidos el 11 de septiembre no debe permitir que pase desapercibida una nueva luz que podría dirigir a la civilización hacia la paz.
Con el desplome de las dos torres en Manhattan, se vinieron abajo tres premisas fundamentales del partido republicano de Estados Unidos que representan el egoísmo y el aislamiento. La primera se refiere al papel que debe desempeñar el gobierno con relación a la sociedad. Cuando antes el presidente Bush y su partido buscaban reducir a un mínimo la intervención del gobierno en el ámbito ciudadano, desde el ataque han aceptado que el gobierno tiene la responsabilidad de ofrecer protección y asistencia a los ciudadanos.
Otro cambio se ha visto en su actitud hacia la empresa privada. Cuando antes los republicanos endiosaron a la libre empresa y las fuerzas del mercado, sosteniendo que la globalización económica era la solución para todo lo que aquejaba al mundo, ahora confrontan una realidad muy distinta. El gobierno ha tenido que socorrer tanto a las empresas aéreas y las compañías de seguros que se van a pique como resultado de los ataques terroristas y, navegando contra la corriente en tiempos guerreristas, los promotores de la globalización promueven la paz. Aunque algunos políticos y empresarios mantienen posiciones atrabiliarias defendiendo sus prejuicios o sus intereses, por ello se han hecho acreedores a inusitadas y ásperas críticas en los medios de comunicación.
De igual manera, el partido republicano ha tenido que abandonar su sentido de superioridad al comprobar que Estados Unidos depende del mundo y no viceversa. El presidente Bush, anteriormente tildado por sus aliados europeos como un llanero solitario por su arrogante posición unilateral, ahora promueve la cooperación internacional. No sólo ha reprochado las declaraciones insensatas del primer ministro de Israel, sino que habla de establecer el estado de Palestina, y procura entablar relaciones más estrechas con la esfera árabe. Donde antes republicanos reaccionarios veían a las Naciones Unidas como una institución endemoniada, ahora han aceptado el valor de la ONU, inclusive abonando a la deuda que antes negaban.
Por otra parte, la sociedad de Estados Unidos ha tomado un rumbo positivo. Ver el odio en los rostros de sus enemigos declarados, ha llevado a la comprensión de que el odio puede acabar con el mundo. Hay manifestaciones de pacifistas. Se celebra el multiculturalismo. Los seres pensantes han comprendido que no se puede argumentar que éste u otro país sea el único que tiene la razón. Aunque las diferencias parecen seguir hitos religiosos, se entiende que nada se puede decir en contra de los musulmanes que no sea también históricamente cierto de los cristianos y los hebreos. Junto con artículos censurando a bin Laden y los talibanes, los diarios señalan las fallas de la política exterior de Estados Unidos, así como la pobreza y la ausencia de educación pública en los países del Medio y Lejano Oriente que son caldo de cultivo de terroristas.
Ante la abnegación y sacrificio de los rescatistas en Nueva York, los valores están cambiando. Hay resistencia a las fuerzas del mercado que promueven el consumismo y el individualismo egoísta. Reaccionando contra la violencia, mucha gente se comporta de una manera distinta. Hay más tolerancia, amabilidad y preocupación por el prójimo. Lo he visto en la ciudad donde resido y un reportaje del New York Times del 10 de octubre habla de lo mismo. En la ciudad que sufrió la hecatombe, sus residentes lamentan los casos de discriminación contra personas que profesan la fe del Islam o que tienen apariencia de ser del Medio Oriente. La justificada animadversión que la minoría de color sentía por los policías, se ha convertido en respeto por el papel que éstos han desempeñado desde el ataque. En los barrios, quienes antes no se trataban por ser de distintas etnias y religiones, hoy se saludan y preguntan por sus seres queridos.
Sobre el mismo fenómeno reportó un artículo del Washington Post el 14 de octubre observando que Daniel Yankelovich, especialista en sondeos culturales y mercadeo, asegura que el nuevo calor humano que se percibe no es pasajero sino que va en aumento.
Lo cierto es que, desde que ocurrió el ataque del 11 de septiembre, una nueva luz ilumina el horizonte. Quienes vivimos el horror del ataque del 11 de septiembre y estamos a la expectativa de otros que ocurrirán, hemos comprendido que lo único de valor que tenemos es el amor que damos y el amor que recibimos. Debemos proteger esa luz de amor, comprensión y tolerancia, cada uno colaborando en la vida diaria para que esa llamita, hoy apenas perceptible, se convierta en un sol resplandeciente que ilumine el futuro de este frágil planeta.

101 años de Panamá América

 
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