Una nueva visión educativa
Sin duda, existen esfuerzos entre las autoridades nacionales de la educación y los educadores de todos los niveles de las escuelas del país, rurales y urbanas, por intentar verdaderas transformaciones y cambios en la práctica pedagógica y producir algunos elementos teóricos y prácticos que ayuden, fundamentalmente, a descubrir el fin último del proceso educativo, que es la realización personal del estudiante como objeto y sujeto del quehacer educativo.
Está comprobado por especialistas en la materia y por propia experiencia profesional, que si no ocurre un proceso personal y colectivo que signifique reconocer el valor del "cómo aprender" y "cómo enseñar", principios constructivos que surgen de la investigación psicológica, y que es necesario su comprensión e interpretación a la luz de la educación, ¿no se podría, entonces, ayudar a los educadores de nuestro país a promover los cambios convenientes en su realización pedagógica a nivel del aula?
La realidad de nuestro sistema educativo, tanto en el plano administrativo como en el docente en que funcionan los distintos niveles de la educación: preescolar, primaria, media, el nivel medio y el superior, en el mayor de los casos, es que no existe una clara y eficiente coordinación en el desarrollo de las actividades escolares, lo que afecta sensiblemente todo el proceso educativo y éstos se refleja inevitablemente en el aula.
Se observa con preocupación que instituciones educativas funcionan aisladas y separadas unas de otras con tendencia hacia la autonomía, resultando, a todas luces, inconvenientes. Los docentes, tal como es el caso de la Premedia (Básica General), perciben y así lo han manifestado, una sana inquietud por la ausencia de seguimiento en cuanto a los procesos de supervisión, la falta de apoyo oportuno por parte de la planta ministerial en cuanto a establecerse, orgánicamente, las nuevas estructuras o modalidades educativas curriculares, y como agentes activos del proceso, no tienen claro su papel dentro de los planes pilotos aprobados y por lo tanto, sienten que su trabajo no ha cambiado ni mejorado, a pesar de que se habla de modernización del proceso enseñanza aprendizaje.
Convendría ahora verificar si, ciertamente, por ejemplo, las juntas educativas escolares, creadas por ley, al igual que las asociaciones de padres de familia, vienen funcionando de manera coordinada, y convendría evaluar los planes y programas pilotos existentes dentro de la Básica General para que se registre la realidad de la integración y armonía en el trabajo docente y administrativo, de manera que el educador, como profesional receptivo al cambio, no manifieste, como hasta ahora lo ha estado haciendo, que nuestras autoridades improvisan en la formulación del planeamiento de los planes y programas en el delicado y complejo proceso educativo.
Está comprobado por especialistas en la materia y por propia experiencia profesional, que si no ocurre un proceso personal y colectivo que signifique reconocer el valor del "cómo aprender" y "cómo enseñar", principios constructivos que surgen de la investigación psicológica, y que es necesario su comprensión e interpretación a la luz de la educación, ¿no se podría, entonces, ayudar a los educadores de nuestro país a promover los cambios convenientes en su realización pedagógica a nivel del aula?
La realidad de nuestro sistema educativo, tanto en el plano administrativo como en el docente en que funcionan los distintos niveles de la educación: preescolar, primaria, media, el nivel medio y el superior, en el mayor de los casos, es que no existe una clara y eficiente coordinación en el desarrollo de las actividades escolares, lo que afecta sensiblemente todo el proceso educativo y éstos se refleja inevitablemente en el aula.
Se observa con preocupación que instituciones educativas funcionan aisladas y separadas unas de otras con tendencia hacia la autonomía, resultando, a todas luces, inconvenientes. Los docentes, tal como es el caso de la Premedia (Básica General), perciben y así lo han manifestado, una sana inquietud por la ausencia de seguimiento en cuanto a los procesos de supervisión, la falta de apoyo oportuno por parte de la planta ministerial en cuanto a establecerse, orgánicamente, las nuevas estructuras o modalidades educativas curriculares, y como agentes activos del proceso, no tienen claro su papel dentro de los planes pilotos aprobados y por lo tanto, sienten que su trabajo no ha cambiado ni mejorado, a pesar de que se habla de modernización del proceso enseñanza aprendizaje.
Convendría ahora verificar si, ciertamente, por ejemplo, las juntas educativas escolares, creadas por ley, al igual que las asociaciones de padres de familia, vienen funcionando de manera coordinada, y convendría evaluar los planes y programas pilotos existentes dentro de la Básica General para que se registre la realidad de la integración y armonía en el trabajo docente y administrativo, de manera que el educador, como profesional receptivo al cambio, no manifieste, como hasta ahora lo ha estado haciendo, que nuestras autoridades improvisan en la formulación del planeamiento de los planes y programas en el delicado y complejo proceso educativo.