Una obligación centenaria
El hombre es una figura fundamental en el desarrollo de todas las instituciones de la sociedad. Sin él, muchas de ellas, ni siquiera existirían.
Esto se hace evidente al observar el papel jugado por el hombre panameño en los cien años de vida republicana. Algunos de ellos sobresalen de modo llamativo: el General Victoriano Lorenzo, héroe popular y ejemplo de dignidad y lucha; Roberto Durán, cuatro veces campeón del mundo, en cuatro categorías distintas; Ricardo Miró, máximo exponente de la poesía panameña.
Sin duda, hay muchos otros personajes que también se han destacado en forma especial: Rogelio Sinán, Ascanio Arosemena, Octavio Méndez Pereira; la lista de panameños notables es extensa. Podríamos citar nombres de quienes han realizado asombrosas y ejemplares proezas o que sobresalen en el mundo diplomático, deportivo o comercial; o que se desempeñan con gran éxito en el ámbito literario, político, artístico, religioso o social.
Sin embargo, en esta ocasión deseo exaltar de manera particular a otro tipo de hombre, del cual depende, en gran medida, el destino de nuestra sociedad y que hoy, más que nunca, se necesita su presencia y actuación. Me refiero al hombre común, a ese hombre anónimo que cotidiana, fiel y diligentemente cumple su labor de amor en el hogar y la comunidad donde le toca actuar. Al que hace que la sociedad siga desarrollándose gracias a su trabajo, responsabilidad y nobleza. Ese es el verdadero protagonista, aunque no aparezca en ningún periódico o programa de televisión.
Rindamos tributo al esposo, que de manera afectuosa, responsable y desinteresada protege y estimula a su esposa para que triunfe en la vida. También, al hermano, al tío, al abuelo que en sus ámbitos estimulan, aconsejan y consuelan.
Pero sobre todo, expresemos nuestra gratitud a todos nuestros padres, en el año del Centenario, por todo lo que han hecho por nosotros. Tenemos hacia ellos una obligación ineludible, y de paso, de un monto incalculable.
¿O podremos pagar el agotamiento y los sacrificios extremos ofrecidos por el padre con generosidad durante toda una vida? ¿Podremos entender alguna vez el amor de muchos padres que sacrifican sus sueños para que sean realidad los de sus hijos? ¿O podrán compensarse las penurias, el estrés, las tristezas vividas por el padre en el cumplimiento de sus obligaciones?
Es importante resaltar que esa deuda no se calcula solo por la extensión de su amor, sino por lo fundamental de su tarea. Son ellos quienes -a través de palabra y ejemplo-, con ternura, amor y disciplina participan en la formación de las nuevas generaciones: el futuro de la nación.
Es el padre, en compañía de la madre, quien trabaja por el sostenimiento de la familia, además, de colaborar ardua y fielmente en la educación de los hijos, al mismo tiempo que colabora en el desarrollo de la inteligencia y de los principios morales y espirituales básicos para una vida de éxito, tales como la solidaridad, el amor, el respeto a los semejantes, la responsabilidad, la laboriosidad, la honestidad. Sin embargo, esta tarea tan ardua como monumental, se plantea hoy como el mayor desafío para los que crían y, al mismo tiempo, por la condición de nuestros hogares y de la sociedad entera, como una centenaria necesidad.
Sí, en el umbral de un nuevo centenario, tenemos la gran necesidad de formar más seres humanos íntegros y capaces de usar valores y conocimientos de manera eficaz, creativa y ética en una sociedad descosida y deteriorada, esto es, hacer a los hijos plenamente personas, defensores de valores significativos y enaltecedores de la condición humana.
En el año del Centenario de la República, padres, reciban infinitas bendiciones por lo que son y por lo que han hecho por nosotros; hacia ustedes nuestra gratitud por su amor incondicional.
Rindamos tributo a todos los padres, no a los mal llamados padres de la patria que se han enriquecido del Estado, sino a esos padres anónimos, por su contribución gigante al progreso y felicidad de Panamá. ¿Cómo? Llevando una vida laboriosa, honesta y responsable, expresando amor y gratitud y siendo buenos hijos, buenos amigos y buenos ciudadanos.
(Isamo19@htomail.com)
Esto se hace evidente al observar el papel jugado por el hombre panameño en los cien años de vida republicana. Algunos de ellos sobresalen de modo llamativo: el General Victoriano Lorenzo, héroe popular y ejemplo de dignidad y lucha; Roberto Durán, cuatro veces campeón del mundo, en cuatro categorías distintas; Ricardo Miró, máximo exponente de la poesía panameña.
Sin duda, hay muchos otros personajes que también se han destacado en forma especial: Rogelio Sinán, Ascanio Arosemena, Octavio Méndez Pereira; la lista de panameños notables es extensa. Podríamos citar nombres de quienes han realizado asombrosas y ejemplares proezas o que sobresalen en el mundo diplomático, deportivo o comercial; o que se desempeñan con gran éxito en el ámbito literario, político, artístico, religioso o social.
Sin embargo, en esta ocasión deseo exaltar de manera particular a otro tipo de hombre, del cual depende, en gran medida, el destino de nuestra sociedad y que hoy, más que nunca, se necesita su presencia y actuación. Me refiero al hombre común, a ese hombre anónimo que cotidiana, fiel y diligentemente cumple su labor de amor en el hogar y la comunidad donde le toca actuar. Al que hace que la sociedad siga desarrollándose gracias a su trabajo, responsabilidad y nobleza. Ese es el verdadero protagonista, aunque no aparezca en ningún periódico o programa de televisión.
Rindamos tributo al esposo, que de manera afectuosa, responsable y desinteresada protege y estimula a su esposa para que triunfe en la vida. También, al hermano, al tío, al abuelo que en sus ámbitos estimulan, aconsejan y consuelan.
Pero sobre todo, expresemos nuestra gratitud a todos nuestros padres, en el año del Centenario, por todo lo que han hecho por nosotros. Tenemos hacia ellos una obligación ineludible, y de paso, de un monto incalculable.
¿O podremos pagar el agotamiento y los sacrificios extremos ofrecidos por el padre con generosidad durante toda una vida? ¿Podremos entender alguna vez el amor de muchos padres que sacrifican sus sueños para que sean realidad los de sus hijos? ¿O podrán compensarse las penurias, el estrés, las tristezas vividas por el padre en el cumplimiento de sus obligaciones?
Es importante resaltar que esa deuda no se calcula solo por la extensión de su amor, sino por lo fundamental de su tarea. Son ellos quienes -a través de palabra y ejemplo-, con ternura, amor y disciplina participan en la formación de las nuevas generaciones: el futuro de la nación.
Es el padre, en compañía de la madre, quien trabaja por el sostenimiento de la familia, además, de colaborar ardua y fielmente en la educación de los hijos, al mismo tiempo que colabora en el desarrollo de la inteligencia y de los principios morales y espirituales básicos para una vida de éxito, tales como la solidaridad, el amor, el respeto a los semejantes, la responsabilidad, la laboriosidad, la honestidad. Sin embargo, esta tarea tan ardua como monumental, se plantea hoy como el mayor desafío para los que crían y, al mismo tiempo, por la condición de nuestros hogares y de la sociedad entera, como una centenaria necesidad.
Sí, en el umbral de un nuevo centenario, tenemos la gran necesidad de formar más seres humanos íntegros y capaces de usar valores y conocimientos de manera eficaz, creativa y ética en una sociedad descosida y deteriorada, esto es, hacer a los hijos plenamente personas, defensores de valores significativos y enaltecedores de la condición humana.
En el año del Centenario de la República, padres, reciban infinitas bendiciones por lo que son y por lo que han hecho por nosotros; hacia ustedes nuestra gratitud por su amor incondicional.
Rindamos tributo a todos los padres, no a los mal llamados padres de la patria que se han enriquecido del Estado, sino a esos padres anónimos, por su contribución gigante al progreso y felicidad de Panamá. ¿Cómo? Llevando una vida laboriosa, honesta y responsable, expresando amor y gratitud y siendo buenos hijos, buenos amigos y buenos ciudadanos.
(Isamo19@htomail.com)