Una opinión
En la sección "Estilo de Vida", de El Panamá América del 21 de abril de 2002, leímos un reportaje sobre el cisma que estremece, hoy, a la Iglesia Católica panameña.
Si bien es cierto, en este mundo, nadie está vacunado contra el pecado (Jn 8, 6-8) y somos nadie para señalar con el índice a aquel que cae. Al contrario, nuestro deber como miembros de una Iglesia que camina hacia la santidad, es ayudar y orar por aquéllos que el demonio ha hecho caer.
En mi humilde opinión, además como católico practicante y respetuoso de los cánones vigentes, creo que la postura asumida por nuestro pastor diocesano, donde se suscitó el escándalo (Diócesis de Penonomé) no fue la más prudente; porque ese sacerdote es un ministro de una gran familia que es nuestra Iglesia y en una familia no se celebran estas situaciones, pero tampoco se echan. Si nuestra Iglesia Católica pregona ante la feligresía, que cuando un hijo da un paso equivocado, en una familia, que no se eche ni se le señale con el dedo de la mano, si no que lo acojamos, busquemos las causas, corrijamos los errores y demos el debido perdón que Jesucristo nos enseñó.
Por qué ahora, a este sacerdote se le cierran todas las puertas y no nos preocupamos del porqué de la situación? ¿No será por fría soledad que siempre acompaña a nuestros sacerdotes? ¿No será por la falta de una renovación constante?
Fijémonos en la sabia opinión del pastor Red Thompson, de la Iglesia Metodista, que a pesar que él pertenece a otra comunidad cristiana, se expresa de forma más cristiana con más calor humano.
Seguro estamos que no es el celibato la causa, tomando las palabras del pastor metodista; sin embargo se especula lo contrario en la calle. Lo que sí debemos estar seguros es que el demonio, las fuerzas extrañas (Ef. 6,12), trabajan 24 horas para destruir nuestra Iglesia creada por Jesucristo.
Si bien es cierto, en este mundo, nadie está vacunado contra el pecado (Jn 8, 6-8) y somos nadie para señalar con el índice a aquel que cae. Al contrario, nuestro deber como miembros de una Iglesia que camina hacia la santidad, es ayudar y orar por aquéllos que el demonio ha hecho caer.
En mi humilde opinión, además como católico practicante y respetuoso de los cánones vigentes, creo que la postura asumida por nuestro pastor diocesano, donde se suscitó el escándalo (Diócesis de Penonomé) no fue la más prudente; porque ese sacerdote es un ministro de una gran familia que es nuestra Iglesia y en una familia no se celebran estas situaciones, pero tampoco se echan. Si nuestra Iglesia Católica pregona ante la feligresía, que cuando un hijo da un paso equivocado, en una familia, que no se eche ni se le señale con el dedo de la mano, si no que lo acojamos, busquemos las causas, corrijamos los errores y demos el debido perdón que Jesucristo nos enseñó.
Por qué ahora, a este sacerdote se le cierran todas las puertas y no nos preocupamos del porqué de la situación? ¿No será por fría soledad que siempre acompaña a nuestros sacerdotes? ¿No será por la falta de una renovación constante?
Fijémonos en la sabia opinión del pastor Red Thompson, de la Iglesia Metodista, que a pesar que él pertenece a otra comunidad cristiana, se expresa de forma más cristiana con más calor humano.
Seguro estamos que no es el celibato la causa, tomando las palabras del pastor metodista; sin embargo se especula lo contrario en la calle. Lo que sí debemos estar seguros es que el demonio, las fuerzas extrañas (Ef. 6,12), trabajan 24 horas para destruir nuestra Iglesia creada por Jesucristo.