Una patada contra los decretos leyes de seguridad
Hoy después que han concluido, los procesos electorales internos en la mayoría de los partidos políticos del país y teniendo las Elecciones Generales a la vuelta de la esquina, es necesario meditar sobre la realidad que vivimos. Tenemos frente a nosotros un Ejecutivo obcecado, imponiéndonos reformas a los estamentos de seguridad por vía decretos leyes, a espaldas del pueblo y bajo una estructura fuera de los controles establecidos en materia de recaudación, lo cual se dará a discreción de los gendarmes. Se han creado nuevas instituciones, cuyas facultades serán tan amplias que el control previo o el control posterior será un detalle. Un ejemplo lo tenemos en los estamentos de seguridad, que tienen incidencia directa en decisiones de Estado.
Los personeros del gobierno tratan de desacreditar la perspectiva humanitaria, deslegitimando a quienes somos detractores de la postura oficialista, con el pueril argumento de que el militarismo es solo un fantasma. El militarismo significó un sistema que en la práctica se tradujo en la organización de un aparato estatal terrorista, que se dedicó a la violación sistemática de los derechos humanos. Fue un régimen de terror, que gracias al sacrificio riesgos y ofrendas de vida, los civilistas marcaron las pautas para su desaparición.
Como Diputado de la República, soy consciente de las nefastas consecuencias de ese periodo de nuestra historia política. También pondero el esfuerzo de la sociedad civil que, a través de la Asamblea Legislativa y la gestión de gobierno del Lic. Guillermo Endara, se concretaron esfuerzos para asegurar el goce efectivo de los derechos humanos. En este momento, tras amplio consenso nacional, surgen las Reformas Constitucionales que abolieron el ejército y se estableció la subordinación de las fuerzas de seguridad al poder civil; y, sobre todo, en el Art. 310 de la Constitución, se marca el camino para evitar la concentración de poderes en las instituciones de seguridad.
Como diputado me siento avergonzado cuando un tema tan sensible como lo es la migración, es manejado por la vía de decretos: y esta sumisa Asamblea, con su aplanadora bancada PRD, no ha movido un dedo para que este importante tema se abra a discusión y el pueblo pueda conocer las verdades que giran en torno a éste, habiendo un gran signo de interrogación alrededor de la materia impositiva y es por ello que siguen ocultos en los fastuosos salones de palacio.
Ante este escenario tan tétrico y oscuro, me solidaricé con la red Democrática Ciudadana que, junto con un distinguido grupo de civilistas, concurrieron a los predios del Palacio Legislativo para exponer su oposición a los decretos leyes sobre Seguridad; mas, lejos de ser atendidos para escuchar la vivida voz del pueblo, las puertas de acceso se cerraron. Y, precisamente, por ser un hijo del pueblo, que convive con ellos, me sentí ofendido por este desaire al soberano pueblo. Y es por eso, que haciendo acopio de todas mis fuerzas he pateado el portón de entrada, porque estas puertas jamás deben cerrarse, pues venimos del pueblo y a el nos debemos. Esta patada es una clarinada para un Gobierno que es sordo y una Asamblea Nacional que debe estar siempre dispuesta a debatir ampliamente los temas que nos interesan a todos.