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“Una pequeña cirugía; nada del otro mundo”


En estos últimos tiempos, los avances científicos y médicos han sido verdaderamente asombrosos; desde la prevención y cura de enfermedades, hasta extender nuestra expectativa de vida. A este mismo ritmo, la medicina convencional ha catapultado a la cosmética y esta última pasó de simples inyecciones de botox, a procedimientos quirúrgicos dignos de cualquier libro de ciencia ficción. La demanda de estos servicios, es alimentada por la sociedad occidental hedonista, que aprisiona nuestra razón y nos hace verlo como sencillo, rutinario e incluso necesario.

Las intervenciones cosméticas, deben verse con la seriedad que ameritan, pues no son simples retoques y en algunos casos contemplan grados de dificultad tan complejos y riesgosos para la vida del paciente. Peligros y riesgos, que algunos médicos cirujanos sin experiencia, pasan por alto o en el peor de los escenarios, no comunican los posibles riesgos reales de tales procedimientos.

Siendo mesurados en nuestro criterio, no podemos dejar de lado que reconocemos que nuestro país ha sido bendecido con muchos doctores de reconocida trayectoria nacional e internacional. Empero, últimamente, nuestro pequeño istmo ha sufrido una demanda desmedida de la perfección física, lo que ha podido socavar los más altos niveles de vocación de algunos galenos, al contraponer los principios del capitalismo, al juramento hipocrático.

En los últimos años, han aumentado alarmantemente los casos de complicaciones post-operatorias de procedimientos cosméticos. Sólo basta preguntar a alguien a su alrededor y encontrarán, la hermana de alguien, la hija de aquel, la esposa de este.

Es cierto que podría deberse a una simple curva dado el incremento de intervenciones de este tipo. Pero si a eso vamos, en el mundo de las probabilidades, también podría deberse a la falta de control y fiscalización por parte de las autoridades gubernamentales, de las más simples y básicas normas de salubridad. Recuerden que hasta hace poco, en cualquier spa, te inyectaban aceites aduciendo que era meso-terapia.

Las autoridades deben prestar más atención a esta vertiginosa curva. La primera línea de defensa, deberá comenzar en la determinación de esos buenos doctores, que se esfuerzan en las salas de cuidados intensivos, tratando de salvar las metidas de pata de otros no tan buenos. Esto es un asunto que va más allá de las supuestas lealtades al oficio, pues el abuso de algunos de sus colegas podría tocarlos algún día.

Mientras esto ocurre, a nosotros, pacientes y clientes sólo queda por hacer, la aplicación de todas las herramientas para identificar el procedimiento al cual nos someteremos, las credenciales del médico, segundas opiniones, rehuir atajos baratos y por último, pero no menos importante, encomendarnos a nuestro Dios.

Para nuestra amiga, que Dios te bendiga y te dé vida eterna.

101 años de Panamá América

 
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