Mons. Rómulo Emiliani

Una plaga destructiva


Una adicción, cualquiera, te puede llevar a la ruina. Una dependencia a algo que te haga sentir bien y estable a corto plazo, pero que te desequilibre y destruya a largo plazo, que llene de mala manera un vacío afectivo, psicológico, biológico o existencial termina siendo letal. Te mata en lo más profundo, te convierte en esclavo, hace de ti un títere a merced de la sustancia, sea droga, licor, o juegos de azar, internet, comida, compras, pornografía. Todo lo que te haga decir: "sin eso no puedo vivir" es señal clara de adicción. Pon atención: si aquello que consumes, sea lo que sea, quieres controlarlo y no puedes; lo buscas en grandes cantidades y le dedicas mucho tiempo; tienes ansias y deseos irresistibles de conseguirlo y te hace incumplir tus deberes familiares y profesionales y genera problemas médicos y psicológicos es adicción.

Si ves que un ser querido tuyo comienza con alteraciones del sueño, se enoja fácilmente, no come, baja de peso, disminuye el rendimiento laboral o académico, aparecen nuevos raros amigos, tiene gastos excesivos, desmejora su higiene y apariencia física, no se sabe de dónde viene o va, preocúpate.

No hay que alarmarse de manera descontrolada. Ni demostrar miedo ni caer en rabietas. De manera serena abordar la situación. Tu hijo está en adicción. Ya no es libre. Empieza a ser un esclavo. Primero, orar mucho por el muchacho. Segundo, abordarlo de la manera más pacífica y dialogante posible. Hacerle tomar conciencia de su situación, que vea el trayecto degradante de su vida, el derroche de energía, tiempo y dinero que está perdiendo por el mal hábito, y como se van perdiendo las buenas relaciones humanas que tiene y su relación con Dios. Decirle que lo normal en un adicto es irse destruyendo paulatinamente. Que su cerebro y su cuerpo tendrán daños irreparables sobre todo si se consume drogas y licor. Que él es responsable de su existencia. Que solamente tiene una vida y no hay repuesto. Hay que motivarlo para el cambio, generar esperanza, hacerle soñar en algo nuevo, que visualice un futuro mejor. Hay que elevar su autoestima, hacerle ver que Dios lo ama, que tiene una misión sagrada que cumplir.

Ayudan mucho los grupos de Alcohólicos Anónimos con sus diferentes vertientes. Los doce pasos seguidos de manera disciplinada bajo la guía de un tutor y la asistencia continua a los grupos que tienen, más la participación en la Eucaristía y grupos juveniles y de oración, dan seguridad de un verdadero cambio en los jóvenes y adultos.

101 años de Panamá América

 
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