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Una política de desarrollo y consolidación democrática


Podemos vislumbrar que nuestro país está atravesando por una etapa económica, social e institucional que es producto de un indeterminado número de situaciones internacionales que condicionan nuestra estructuración interna. Las distintas plataformas políticas y económicas de los candidatos presidenciales que se perfilan a diario a través de los medios de comunicación, tocan puntos específicos acerca de cómo a mediano y largo plazo, podemos salir del desempleo, la pobreza o la crisis administrativa; o en otros casos logramos ver la falta de seriedad política del discurso, que en términos del debate de las reformas económicas y estatales que requieren las mayorías sociales, no nos indican puntos clarificadores, lo cual se refleja en una esperanza o incertidumbre de la sociedad en general; al mismo tiempo existe una falta en el equilibrio de consulta social e investigaciones serias e imparciales que requiere un país democrático.
La pregunta en este caso es: ¿De qué forma los políticos actuales, dependiendo de sus distintos partidos políticos, poseen un proyecto nacional de desarrollo, planificado, estructurado y sustentado en una participación efectiva de la sociedad panameña y en beneficio de ella? ¿En qué medida sus distintas plataformas de gobierno pudiesen formar categorías iguales, carentes de representatividad real, que apuntalan de una manera u otra, a una transnacionalización total per se de nuestra economía y de llevar a cabo los proyectos de reformas ideados por los Organismos Financieros Internacionales (IFIs,)?
La sociedad panameña no posee la homogeneidad necesaria a lo interno de ella para llevar a término feliz un proyecto de esta naturaleza, que pudiesen resultar en sociedades más desarrolladas. Las condiciones objetivas de nuestro país apuntan actualmente hacia un solo camino: el desempleo, el hambre, las situaciones insoportables de criminalidad, el deterioro de los valores morales, la ineficacia de las instituciones del Estado, la falta de una conciencia colectiva edificadora de un mejor futuro.
Es compleja la tarea que se nos presenta a los panameños. Debemos solucionar nuestros problemas en términos estructurales, partiendo de las raíces de los mismos. Sólo por medio de una acción ciudadana de las organizaciones sociales, los grupos políticos y los sectores comprometidos en la economía, dentro de un debate nacional serio, podríamos edificar un proyecto nacional de desarrollo que nos permitan adentrarnos a un mundo globalizado con una economía en crecimiento con énfasis en necesidades de la sociedad en general y no de grupos especiales, dentro de un país que contengan las condiciones estructurales e infraestructurales necesarias, pues de lo contrario, dentro de este actual proceso de modernización nos estaremos conduciendo desgastados al dar un paso en falso dentro de este paradigma de la humanidad. La tarea que se nos perfila ahora es crear nuestro propio modelo de desarrollo, de acuerdo a nuestras propias necesidades. Sin embargo debemos estar conscientes, que estamos partiendo de casi cero, en una sociedad altamente desvalorizada de sí misma.
Socialmente mediante la estructuración planificada de ese proyecto de desarrollo, producto de un debate nacional de alta seriedad, y por medio del trabajo socio-colectivo intenso, de la elevación de nuestra cultura política, de la acción participativa y comunitaria, de la educación técnica, científica y humanística necesaria y del compromiso de todos los sectores políticos (de gobierno y oposición) y productivos (empresarios y trabajadores) del país podríamos en un momento no muy lejano perfilarnos en el ámbito internacional como un país de alto contenido.
Es necesario, a su vez que se llegue a acuerdos de cooperación con los Organismos Internacionales de Desarrollo, consultándoles y a la vez haciéndoles entender que necesitamos nuestro propio remedio, sustentado y planificado por un diálogo nacional, tratando de deponer las pasiones que surgen por los intereses de grupo, cuando menos en el debate, para así lograr el doble, satisfaciendo los intereses generales de la sociedad, lo cual podrá permitirnos un gran avance nacional y por lo tanto internacional. Debe ser la unidad panameña la que se comprometa a la construcción de una nación fortalecida, y que sólo así nos permitan orientarnos mejor en un modelo de integración. Se puede pensar que lo anteriormente expuesto es una utopía, sin embargo el propósito del presente artículo es hacerle ver a los políticos actuales la necesidad de tener una conciencia nacional de desarrollo y de qué tipo de desarrollo.

101 años de Panamá América

 
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