Una propuesta en grande para Armuelles
En visita que hiciera Alberto Vallarino a la atribulada Puerto Armuelles la semana pasada, el precandidato dramatizó con cifras las raíces de la decadencia bananera, marcada por precios en descenso, progresiva pérdida de empleos y la reducción de los mercados debido a una férrea competencia y a prácticas proteccionistas de la Comunidad Europea.
La Corte Suprema de Justicia acaba de confirmar la legalidad del despido de 500 trabajadores de la frutera. Y aunque es posible que la desgracia que provocó el huracán "Mitch" sobre los hermanos centroamericanos, fuerce la recontratación temporal de algunos cesados por algún tiempo, a la postre volveremos al mismo problema cuando los bananales hondureños sean reacondicionados.
En realidad lo que se impone es la elaboración de un plan de reconversión de Puerto Armuelles en un polo de desarrollo y centro de exportación industrial, comercial y agrario.
Para ello se requiere reunir a las fuerzas vivas de la región, con el objeto de que participen junto al gobierno nacional y gente bien inencionada, en la elaboración de una estrategia a corto y mediano plazo cuya ejecución genere empleos y riqueza.
La presencia de un puerto y aguas profundas, es providencial. En la capital del país y en Vacamonte, no tenemos igual suerte. Demasiada sedimentación obliga a contratar frecuentes trabajos de dragado, que recargan los costos de operación y afectan la productividad de los puertos. Eso no ocurre en Armuelles. Por eso construyeron el terminal sur del oleoducto en la Bahía de Charco Azul.
Imaginemos una zona libre en torno al puerto, con industrias empacadoras y exportadoras operando libres de impuestos. Imaginemos que, igual que logró Costa Rica, traemos también una Intel con sus dos mil empleos directos y tres mil millones de dólares en exportaciones de alta tecnología en su primer año de operaciones.
Imaginemos una legión de expertos agrícolas coordinando con los burócratas refrigerados del Viceministerio de Comercio Exterior, un plan de reconversión de bananales en fincas de producción de otros rubros flexibles de alto rendimiento y aceptación en el extranjero.
En fin, imaginemos a Armuelles como un puerto especializado en agroexportaciones, operando a precios y servicios competitivos, con una zona libre, rodeada por un cinturón de fincas productoras organizadas, todo comunicado por vía terrestre con Bocas del Toro y con Centroamérica por vía férrea y terrestre, y con los ricos mercados de Asia-Pacífico a través de su puerto y, por qué no, a través de un aeropuerto de carga. Grandes problemas requieren de grandes soluciones.
La Corte Suprema de Justicia acaba de confirmar la legalidad del despido de 500 trabajadores de la frutera. Y aunque es posible que la desgracia que provocó el huracán "Mitch" sobre los hermanos centroamericanos, fuerce la recontratación temporal de algunos cesados por algún tiempo, a la postre volveremos al mismo problema cuando los bananales hondureños sean reacondicionados.
En realidad lo que se impone es la elaboración de un plan de reconversión de Puerto Armuelles en un polo de desarrollo y centro de exportación industrial, comercial y agrario.
Para ello se requiere reunir a las fuerzas vivas de la región, con el objeto de que participen junto al gobierno nacional y gente bien inencionada, en la elaboración de una estrategia a corto y mediano plazo cuya ejecución genere empleos y riqueza.
La presencia de un puerto y aguas profundas, es providencial. En la capital del país y en Vacamonte, no tenemos igual suerte. Demasiada sedimentación obliga a contratar frecuentes trabajos de dragado, que recargan los costos de operación y afectan la productividad de los puertos. Eso no ocurre en Armuelles. Por eso construyeron el terminal sur del oleoducto en la Bahía de Charco Azul.
Imaginemos una zona libre en torno al puerto, con industrias empacadoras y exportadoras operando libres de impuestos. Imaginemos que, igual que logró Costa Rica, traemos también una Intel con sus dos mil empleos directos y tres mil millones de dólares en exportaciones de alta tecnología en su primer año de operaciones.
Imaginemos una legión de expertos agrícolas coordinando con los burócratas refrigerados del Viceministerio de Comercio Exterior, un plan de reconversión de bananales en fincas de producción de otros rubros flexibles de alto rendimiento y aceptación en el extranjero.
En fin, imaginemos a Armuelles como un puerto especializado en agroexportaciones, operando a precios y servicios competitivos, con una zona libre, rodeada por un cinturón de fincas productoras organizadas, todo comunicado por vía terrestre con Bocas del Toro y con Centroamérica por vía férrea y terrestre, y con los ricos mercados de Asia-Pacífico a través de su puerto y, por qué no, a través de un aeropuerto de carga. Grandes problemas requieren de grandes soluciones.