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Una relación estratégica


El proyecto que el presidente mexicano Vicente Fox propuso a su colega George W. Bush durante su visita a Washington rebasa los tradicionales parámetros geopolíticos para llegar a un concepto casi metafísico sobre un futuro común entre los dos países y sus respectivos pueblos.
Desde que los dos mandatarios se reunieron en el rancho de Fox en Guadalajara y el mandatario mexicano primero llevó a su colega a visitar a su madre, se creó una simbiosis entre ambos que dio lugar a que Bush deliberadamente esperara para que su "amigo y vecino" pudiera gozar del protagonismo de la primera visita de Estado que concede desde que asumió el gobierno el 20 de enero.
"No existe una relación más importante en el mundo como la que tenemos con México", dijo Bush al recibir a Fox en la Casa Blanca. "Juntos construiremos el "Siglo de las Américas", porque el punto de partida para tener unas buenas relaciones exteriores es tener un buen vecindario".
Ni Bush ni Fox son los primeros en destacar la importancia de la cercanía geográfica y de la interdependencia económica. En Panamá, el fallecido canciller Gabriel Lewis Galindo esperaba que su país continuara gozando de una "relación estratégica" con Estados Unidos aun después del cierre de las bases que ese país mantuvo en la república ístmica durante casi un siglo. Pero este anhelo no se cumplió por la reticencia del departamento de Estado y del Pentágono de privilegiar a Panamá por encima de los otros países centroamericanos y caribeños, así como por una burocrática falta de imaginación.
El mandatario mexicano, por otro lado, va mas allá al proclamar no sólo la vecindad sino las metas políticas, económicas y sociales que su gobierno comparte con las de Bush. Nada pudo ser más elocuente que la improcedente reunión conjunta de los dos gabinetes en la Casa Blanca como expresión del reconocimiento del gobierno estadounidense.
"Lograr confianza mutua entre nuestros dos países es la clave de nuestro futuro común", advirtió Fox ante una solemne sesión conjunta del Senado y de la Cámara de Diputados de Estados Unidos durante su visita oficial. "Confianza mutua nos ayudará a ambos países a cumplir con nuestras respectivas obligaciones y nuestro destino común".
Por cierto, no todos los mexicanos comparten este entusiasmo que algunos críticos condenan como "anexionismo". Tres ex secretarios de Relaciones Exteriores y miembros de la dirigencia del exgobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) cuestionan la política exterior de Fox, al señalar que parece no haber una política de Estado en la materia, y que, en algunos aspectos, todo depende "del humor cambiante del canciller Jorge Castañeda".
Los exministros de Relaciones Exteriores, Fernando Solana y Manuel Tello, cuestionaron, incluso, la pretensión del nuevo gobierno de colocar a México dentro del Consejo de Seguridad de la ONU.
Concretamente, Solana preguntó: "¿Para qué? ¿Vamos a ser un voto fácil de los que tienen silla permanente en el Consejo?". Tello secundó: "¿En qué nos puede beneficiar formar parte de ese órgano, cuando México no tiene misiones de paz en muchas zonas de conflicto bélico?".
En Estados Unidos también existen núcleos de resistencia a un mayor grado de integración, aunque una corriente preponderante reconoce lo que se perfila como un incremento inevitable no sólo en el controvertido flujo inmigratorio sino por la cada vez mayor interdependencia económica y la fusión sociocultural, ya no sólo con los Estados del Suroeste sino a través de los cuatro puntos cardinales del país.
Para Robert A. Pastor, profesor de ciencias políticas de la Universidad Emory y exasesor para asuntos hemisféricos del presidente Jimmy Carter, la visita de Fox ofreció "una oportunidad única no sólo para redefinir las relaciones con México, sino también para asentar las bases para una Comunidad Norteamericana".
Para lograr este objetivo, Bush y Fox debieran invitar a Canadá a la creación de una Comisión Norteamericana junto, que como indicó podría proponer "pasaportes norteamericanos" similar a la libertad de tránsito que gozan los ciudadanos de la Unión Europea, escribe Pastor en un artículo publicado en "The Washington Post".
"A diferencia de la abultada Comisión Europea, la norteamericana debiera ser más humilde y ser no sólo asesora de 15 destacados individuos, sino de cada uno de los países. Su misión sería asistir a los líderes para pensar en forma continental".
Una tesis similar fue presentada por el veterano periodista Anthony DePalma en un nuevo libro, "Una Biografía de un Nuevo Continente Americano" publicada por "Public Affairs Press" de Nueva York en inglés. Comenzando con el relato histórico desde los viajes de Colón, DePalma, un veterano corresponsal del "New York Times" considera que "Estados Unidos, México y Canadá fueron formados por el mismo proceso de descubrimiento, asentamiento, desarrollo y su final separación de las potencias europeas que les dieron vida".
El epílogo, titulado "Simetría recuperada", capta la estrecha relación entablada entre Fox y Bush, que parece ir camino a la plenitud. Junto con el primer ministro canadiense Jean Chretien, escribe DePalma, "reconocen que una fuerte identidad norteamericana es un vital interés nacional". En una clara referencia a la política de "fronteras abiertas" de Fox y a la mayor flexibilidad demostrada por Bush en materia de inmigración, el autor vaticina: "El inicio casi simultáneo de sus mandatos ha generado cierta sinergia en las amplias extensiones del continente....Sus palabras y acciones durante el último año han armonizado el continente de una manera que nunca antes había sido posible".

101 años de Panamá América

 
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