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Una reñida segunda vuelta


La incertidumbre sobre el desenlace electoral peruano se acrecienta por la resolución manifiesta de muchos ciudadanos de votar en blanco como señal de insatisfacción por ambos candidatos. Sólo cuando concluya el cómputo oficial de los votos, se conocerá la magnitud del descontento.
Conscientes de la crisis impredecible que se derivaría de una considerable votación negativa, los candidatos dieron espacio en sus discursos de cierres de campaña a llamados elocuentes, invitando al cumplimiento masivo del deber electoral.
En verdad, las campañas de guerra sucia desarrolladas por los dos contendientes, aderezadas con ataques personales y denuncias minuciosas de corrupción e impunidad, han lesionado tanto a García como a Toledo ante una masa de ciudadanos que anhela gobernantes sin las lacras morales del fenecido régimen de Fujimori, Montesinos y los civiles y militares de su entorno político que ya están procesados y/o encarcelados. Después del trauma del gobierno de Fujimori, los peruanos tienen derecho a aspirar a ser gobernados por personas honorables en el manejo de la administración estatal y eficiente en la conducción económica.
Sin embargo, en lugar de propuestas bien estructuradas para solucionar los graves problemas económicos, los electores vieron y escucharon a través de los medios el copioso desarrollo de spots publicitarios injuriosos para los contrincantes y una ola de revelaciones de carácter personal, que tal vez no sólo afecta a los candidatos sino al conjunto de los miembros del establishment político peruano. La estrategia errónea era ganar votos denigrando al contendiente y no formulando eficaces programas de gobierno.
No ha sido la transición política ideal, luego de la hecatombe fujimorista. Sin embargo, las reglas de la democracia admiten que no siempre se llega a votar por el mejor candidato, sino, por desdicha, por el menos malo. Queda, con todo, la esperanza que los corruptos del pasado se transformen en los honrados del futuro y que las responsabilidades del rescate de un país en crisis acabe por corregirlos y enmendarlos, en nombre del bienestar de los millones de peruanos que tanto esperan de ellos.


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