Una renuncia que renueva
La tan esperada renuncia al fin llegó, el CEN del PRD entre más aletargaba su despedida obligatoria, ampliaba consecuentemente el malestar de la masa perredista que exigía una renovación.
Nadie asumió la falacia mediática de una unidad que era interpretada como una medida coyuntural, politiquera, que acentuó más el descontento entre los miembros y electores, dado que la suciedad en el rostro del PRD es tal, que la hipocresía no pudo fingirse.
El tema que sobresale es quién asumirá la directriz, y el cuestionamiento surge no por falta de miembros capaces, que de esos el PRD tiene de sobra, sino que aquellos que se postulen para representar al partido que no a ellos mismos, deben tener una trayectoria militante que les permita ser reconocidos por las bases, y una conducta lo más cerca de lo intachable y trasparente.
Los grupos por la renovación deben asumir una actitud de confianza entre ellos mismos, consensuar opiniones, ampliar los espacios de participación, reconocer a los que verdaderamente desean un partido de oposición de los que buscan notoriedad y crean consignas de oportunismo.
Quienes serán los que se atrevan a someterse al escrutinio público, que estén dispuestos a cargar con una derrota aplastante, una reputación vilipendiada, y por si fuera poco, un ardid de grillos, serpientes y escorpiones que estarán a la sombra de los errores o deslices para envenenar voluntades.
Aunado a esto, una maquinaria mediática política del actual gobierno contra la imagen del partido.
Esta renuncia renueva, pero es necesario que todo aquel que quiera brillar pase por el fuego del escrutinio, ya sea moral, jurídico, político, social; a fin de que las oscuridades pasadas y presentes no ensombrezcan la luz de las opiniones para mandar y contradecir.
*Miembro del PRD.