Una tremenda locura
En tiempos de campaña política es usual que las comunidades y algunos gremios aprovechen la coyuntura y soliciten a las autoridades la realización de sus más caras ambiciones. Es el momento en que muchos aprovechan para ser escuchados ya que nunca sus peticiones han sido atendidas y se valen del interés de los "políticos" por el voto del electorado para formular sus peticiones. Y la situación no ha sido diferente en el caso de la Unión Nacional de Bases Taxistas que se han declarado en rebeldía ante las autoridades y han declarado que armarán a sus asociados para lograr protección ante la creciente ola de asesinatos y robos de que son objeto. Su director, que parece responder más a sus pretensiones a legislador por el arnulfismo en el distrito de San Miguelito que a una genuina preocupación por la delicada situación surgida, declaró por la pantalla chica que con el financiamiento de una empresa importadora de armas, unas 600 unidades se van a armar a un costo aproximado de casi un cuarto de millón de dólares.
Los gremialistas dicen que se "encuentran cansados de la irresponsabilidad como la Policía actúa en los retenes". Según ellos, se reunieron con la Ministra de Gobierno y acordaron que se les pediría identificación a todas las personas que viajaran en el auto, no sólo al conductor como se hace en la actualidad, en horas nocturnas y las autoridades no han cumplido, lo que no ayuda a la prevención contra el delito y salvaguarda de sus vidas ya que no es ningún secreto las decenas de conductores de taxi que han sido asesinados en el desempeño de su trabajo.
Estimo que primeramente hay que determinar si realmente estos señores han sido asesinados en el desempeño de sus funciones y no haciendo otros menesteres, pues si bien es cierto que dentro del gremio de conductores de taxis hay personas muy honorables, también hay un elemento que da espanto.
Son varias las consideraciones que hay que tener en cuenta ante la solicitud de este gremio de taxistas: Es característico entre los conductores de taxi el manejo desordenado por nuestras calles y avenidas que justifican ante la necesidad de cubrir la cuenta del dueño del taxi y la del conductor. Son personas sumamente irritables que suelen protagonizar toda clase de riñas en la vía pública cuando, según su criterio, tienen el derecho a vía o no pueden realizar alguna maniobra, aun contrario al reglamento del tránsito, para recoger o dejar algún pasajero. Constituyen realmente un caos en la calle, no tienen ninguna cortesía con los transeúntes u otros automovilistas a quienes tiran sus automóviles. No se le ocurra a nadie llamarles la atención mediante el claxon o cualquiera otra forma porque recibirá en respuesta la más desabrida réplica. De concedérseles el permiso solicitado para portar armas en vez de tirarle a uno el auto le dispararán un balazo.
Habida cuenta de lo anterior resulta un absurdo concederle permiso a este elemento para que porte un arma de fuego, cualquiera que sea la causa. El hacerlo dará lugar a que muy pronto veamos en nuestras vías públicas balaceras y muerte de inocentes por razones "tan poderosas" como la que "le disparé porque no me cedió la vía", o bien "le disparé porque no me quería pagar la tarifa de la carrera," etc. Cundirá el terror en las calles y los usuarios estarán a merced de los caprichos de los nuevos "pistolas alegres" de nuestras vías públicas. Si hoy muchos de estos individuos no respetan a los agentes del tránsito que a veces prefieren hacerse los de la vista gorda y no sancionar a los infractores porque saben que las boletas jamás son canceladas, menos respeto les tendrán ahora por considerarse en un terreno de igualdad al estar ambos armados.
Es un hecho innegable que a muchas personas el estar armado las transforma y concede el valor para la ejecución de hechos que en otras circunstancias jamás harían. Causa el mismo efecto que la droga o licor en algunas personas, les hace perder sus inhibiciones y las estimula a ejecutar actos que en otras circunstancias jamás harían. El conductor de taxis, por lo general, es un elemento violento, sin cultura, "el rudo de la calle" y que permanentemente está en conflicto consigo mismo, por la permanente tensión que le ocasiona el sólo hecho de la necesidad de cubrir la cuenta del dueño del taxi y, por ende, no nos luce como la persona indicada para que porte un arma con o sin permiso de la autoridad competente.
Por otro lado, ¿qué uso dará este conductor de taxi al arma que pretende concederle la Unión Nacional de Bases Taxistas a sus miembros, después de las horas de trabajo?, es decir, cuando cese de conducir el taxi. Además, como dijo muy responsablemente otro dirigente gremial de taxis que se opone a la medida: "Si hoy asaltan a los conductores de taxis para robarles doce o quince balboas, ¿cómo será cuando se sepa que además de algún dinero portan armas que tienen un alto costo y que les servirá también para delinquir?"
No puede ser que las autoridades que están empeñadas en recoger las armas de fuego mediante la implementación de diversas campañas como la de intercambio de armas por alimentos, ahora, so pretexto de una seguridad que sólo acarreará exactamente lo contrario, desasosiego en la sociedad, accedan a concederle permiso a los taxistas para que se armen cuando han denotado irresponsabilidad en el desempeño de su trabajo y observancia de la ley. Ojalá prevalezca el sano juicio y las autoridades no accedan a tan absurdas pretensiones de este dirigente que da la impresión que sólo pretende el voto de los miembros de su gremio.
Los gremialistas dicen que se "encuentran cansados de la irresponsabilidad como la Policía actúa en los retenes". Según ellos, se reunieron con la Ministra de Gobierno y acordaron que se les pediría identificación a todas las personas que viajaran en el auto, no sólo al conductor como se hace en la actualidad, en horas nocturnas y las autoridades no han cumplido, lo que no ayuda a la prevención contra el delito y salvaguarda de sus vidas ya que no es ningún secreto las decenas de conductores de taxi que han sido asesinados en el desempeño de su trabajo.
Estimo que primeramente hay que determinar si realmente estos señores han sido asesinados en el desempeño de sus funciones y no haciendo otros menesteres, pues si bien es cierto que dentro del gremio de conductores de taxis hay personas muy honorables, también hay un elemento que da espanto.
Son varias las consideraciones que hay que tener en cuenta ante la solicitud de este gremio de taxistas: Es característico entre los conductores de taxi el manejo desordenado por nuestras calles y avenidas que justifican ante la necesidad de cubrir la cuenta del dueño del taxi y la del conductor. Son personas sumamente irritables que suelen protagonizar toda clase de riñas en la vía pública cuando, según su criterio, tienen el derecho a vía o no pueden realizar alguna maniobra, aun contrario al reglamento del tránsito, para recoger o dejar algún pasajero. Constituyen realmente un caos en la calle, no tienen ninguna cortesía con los transeúntes u otros automovilistas a quienes tiran sus automóviles. No se le ocurra a nadie llamarles la atención mediante el claxon o cualquiera otra forma porque recibirá en respuesta la más desabrida réplica. De concedérseles el permiso solicitado para portar armas en vez de tirarle a uno el auto le dispararán un balazo.
Habida cuenta de lo anterior resulta un absurdo concederle permiso a este elemento para que porte un arma de fuego, cualquiera que sea la causa. El hacerlo dará lugar a que muy pronto veamos en nuestras vías públicas balaceras y muerte de inocentes por razones "tan poderosas" como la que "le disparé porque no me cedió la vía", o bien "le disparé porque no me quería pagar la tarifa de la carrera," etc. Cundirá el terror en las calles y los usuarios estarán a merced de los caprichos de los nuevos "pistolas alegres" de nuestras vías públicas. Si hoy muchos de estos individuos no respetan a los agentes del tránsito que a veces prefieren hacerse los de la vista gorda y no sancionar a los infractores porque saben que las boletas jamás son canceladas, menos respeto les tendrán ahora por considerarse en un terreno de igualdad al estar ambos armados.
Es un hecho innegable que a muchas personas el estar armado las transforma y concede el valor para la ejecución de hechos que en otras circunstancias jamás harían. Causa el mismo efecto que la droga o licor en algunas personas, les hace perder sus inhibiciones y las estimula a ejecutar actos que en otras circunstancias jamás harían. El conductor de taxis, por lo general, es un elemento violento, sin cultura, "el rudo de la calle" y que permanentemente está en conflicto consigo mismo, por la permanente tensión que le ocasiona el sólo hecho de la necesidad de cubrir la cuenta del dueño del taxi y, por ende, no nos luce como la persona indicada para que porte un arma con o sin permiso de la autoridad competente.
Por otro lado, ¿qué uso dará este conductor de taxi al arma que pretende concederle la Unión Nacional de Bases Taxistas a sus miembros, después de las horas de trabajo?, es decir, cuando cese de conducir el taxi. Además, como dijo muy responsablemente otro dirigente gremial de taxis que se opone a la medida: "Si hoy asaltan a los conductores de taxis para robarles doce o quince balboas, ¿cómo será cuando se sepa que además de algún dinero portan armas que tienen un alto costo y que les servirá también para delinquir?"
No puede ser que las autoridades que están empeñadas en recoger las armas de fuego mediante la implementación de diversas campañas como la de intercambio de armas por alimentos, ahora, so pretexto de una seguridad que sólo acarreará exactamente lo contrario, desasosiego en la sociedad, accedan a concederle permiso a los taxistas para que se armen cuando han denotado irresponsabilidad en el desempeño de su trabajo y observancia de la ley. Ojalá prevalezca el sano juicio y las autoridades no accedan a tan absurdas pretensiones de este dirigente que da la impresión que sólo pretende el voto de los miembros de su gremio.