Una triste realidad
Resulta frustrante para los ciudadanos honestos en distintas comunidades la nula presencia de los agentes de policía a fin de que le caigan "infraganti" a los elementos de mal vivir que perturban la tranquilidad social con sus repetidas convocatorias, a prima noche, la cual se extiende hasta avanzadas horas de la madrugada, con una música estridente o de fuerte percusión. Mientras se empujan altas dosis de licor y ante el llamado a los agentes más cercanos, la respuesta es que no cuentan con carros, ni agentes disponibles.
La triste realidad es que nuestro país está en manos de delincuentes de distintas categorías, principalmente porque la célula de la sociedad que es la familia, está en su mayoría, en franca descomposición. Se trata en buenas cuentas de que impera una complicidad colectiva en que si bien unos a otros se alcahuetéan, en el fondo existe una tremenda degradación moral en que la mala conducta social ha entrado en su diario discurrir. Es decir, lo que en unos pocos ciudadanos, la pésima conducta de estos elementos es motivo de censura, en aquellos les parece lo más normal, a tal punto, que en su propia miasma, concilian perfectamente el sueño, mientras en éstos, los decentes, les es imposible conciliarlo ante el abuso de los delincuentes nocturnos, vaya usted a saber en cuantas otras fechorías están metidos, marginados de toda disposición jurídica.
Por ahora y durante mucho tiempo más, esta situación anómala en vez de disminuir, se irá incrementando ante la falta de rigor para prevenir y castigar el delito. Es posible que a la policía en todos los sectores de la sociedad se le dote del equipo necesario para cumplir su misión, pero ello no bastará, se requerirá de mayor rigor de los altos mandos, imprimiéndole el debido respaldo a cada agente para que no se sienta cohibido en sus funciones, temeroso de que si actúa con mano firme, será finalmente desautorizado por sus superiores o que penda sobre su cabeza algún castigo disciplinario por apresurar la dosis frente al perturbador social, para circunscribirlos a los dueños de la noche.
Pero mientras impere un gobierno débil que deje de actuar con mano de hierro para perseguir eficientemente todo tipo de delitos, el hampa seguirá tomándose las calles y seguiremos viendo en la portada de los diarios los homicidios por diversas causas bajo los efectos del licor y las drogas o sustancias sicotrópicas o cuando menos, lesionados graves, con bala o arma blanca y que una clase bien acomodada no se jacte en decir que vivimos en una democracia.
La triste realidad es que nuestro país está en manos de delincuentes de distintas categorías, principalmente porque la célula de la sociedad que es la familia, está en su mayoría, en franca descomposición. Se trata en buenas cuentas de que impera una complicidad colectiva en que si bien unos a otros se alcahuetéan, en el fondo existe una tremenda degradación moral en que la mala conducta social ha entrado en su diario discurrir. Es decir, lo que en unos pocos ciudadanos, la pésima conducta de estos elementos es motivo de censura, en aquellos les parece lo más normal, a tal punto, que en su propia miasma, concilian perfectamente el sueño, mientras en éstos, los decentes, les es imposible conciliarlo ante el abuso de los delincuentes nocturnos, vaya usted a saber en cuantas otras fechorías están metidos, marginados de toda disposición jurídica.
Por ahora y durante mucho tiempo más, esta situación anómala en vez de disminuir, se irá incrementando ante la falta de rigor para prevenir y castigar el delito. Es posible que a la policía en todos los sectores de la sociedad se le dote del equipo necesario para cumplir su misión, pero ello no bastará, se requerirá de mayor rigor de los altos mandos, imprimiéndole el debido respaldo a cada agente para que no se sienta cohibido en sus funciones, temeroso de que si actúa con mano firme, será finalmente desautorizado por sus superiores o que penda sobre su cabeza algún castigo disciplinario por apresurar la dosis frente al perturbador social, para circunscribirlos a los dueños de la noche.
Pero mientras impere un gobierno débil que deje de actuar con mano de hierro para perseguir eficientemente todo tipo de delitos, el hampa seguirá tomándose las calles y seguiremos viendo en la portada de los diarios los homicidios por diversas causas bajo los efectos del licor y las drogas o sustancias sicotrópicas o cuando menos, lesionados graves, con bala o arma blanca y que una clase bien acomodada no se jacte en decir que vivimos en una democracia.