Una vieja autopista en un nuevo milenio
En la década de 1980, se promulga la Ley 40 de 24 de octubre de 1980, que establece “La contribución especial de peaje” en sustento a la única autopista nacional Arraiján-La Chorrera, para que el viaje del sector oeste hacia la ciudad fuera más expedito, función que ha cumplido durante casi 30 años. Lastimosamente, como todos sabemos, esta “autopista” ha ido en franco deterioro, casi al punto de que si no se tiene cuidado, podríamos dejar las piezas del vehículo en el camino.
Ahora bien, cuando se hizo, se le aseguró al pueblo panameño que dicha contribución se cobraría hasta tanto, con dicho peaje, se cancelara el costo de su construcción, y por ende, se entendía que el mantenimiento estaba incluido; pero, después de 29 años, la administración saliente, en plena campaña política, anuncia la suspensión del cobro para “revisar” si el costo de la autopista ha sido cubierto.
En el contexto de dicha ley, se enfocaba en el supuesto de que la autopista Arraiján- La Chorrera no sería la única autopista nacional, y por el cual se pagaría un peaje mínimo para su manutención, y hoy vemos, contrario del espíritu de la ley, que actualmente la autopista Panamá-Colón se encuentra en manos de consorcios extranjeros, al igual que los corredores, que dicho sea de paso se hallan en proceso de revisión a fin de conocer si han recuperado su inversión, para que se constituyan en alternativa vial gratuita para la ciudadanía.
Quisiéramos saber dónde está el “Fondo Especial de Autopistas” establecido en el artículo 7 de la Ley 40 de 1980, que señalaba que el Ministerio de Obras Públicas en base a su creación debía, operar, administrar y mantener las autopistas, lo cual es de extrañarse si observamos el estado actual de la única autopista nacional existente, por la cual el pueblo panameño ha pagado durante tantos años sin que se vean resultados ni del cobro del peaje ni del “fondo especial de autopistas”, cuya existencia desconocemos, y cuyas consecuencias la pagan los usuarios.
El Estado panameño debe asumir su responsabilidad no sólo en brindar un sistema de transporte seguro, eficiente y al alcance de los usuarios; también debe darle los sistemas viales que permitan un viaje rápido, sin contratiempos, y en buenas condiciones, mediante la creación de la red de autopistas nacionales, cuya construcción se hace evidente frente a la proliferación desmedida de vehículos que congestionan diariamente las calles de la ciudad. Las futuras generaciones estarán agradecidas por este aporte al desenvolvimiento y desarrollo del país.
“El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal y como las ha hecho”. Wayne Dyer.