Una violencia desenfrenada
En diversas ocasiones nos hemos referido a la violencia en los menores de edad y a la promoción de ésta a través de programas televisivos, en donde predomina el crimen, la droga, el asalto, la violación, la vulgaridad y el sexo, y que están haciendo gran daño a una sociedad que experimenta una quiebra de valores éticos y morales. Y muy a pesar de que muchos han tocado el mismo tema de manera acertada, la situación continúa igual sin que las autoridades a quienes corresponde dar soluciones, hayan logrado un plan de acción eficaz frente a esta ola de violencia que crece, vertiginosamente, y que mantiene a la comunidad nacional alarmada y temerosa por la falta de una seguridad pública. Y nos duele que esto esté ocurriendo, porque los más afectados son la niñez y la juventud, que ya han comenzado a verse envueltos en delitos que la ciudadanía consciente ha repudiado por su extrema gravedad.
Menores de edad con revólver en mano y sin ningún control, recorren las calles con el propósito de robar, asaltar y acabar con la vida de los panameños. Tal vez ellos consideran que la misma sociedad los ha acorralado en una esquina de hambre y miseria y no se les ha dado la oportunidad para convertirse en futuros ciudadanos dignos del respeto y la consideración que todo ser humano se merece. Y los niños que se encuentran en las esquinas y semáforos acercándose a las ventanillas de los automóviles para pedir algo que alivie su hambre, son los hombres del futuro que "matan, porque les da la gana", ya que dentro de ellos hay una amargura por el abandono en que se encuentran, sin una familia bien integrada, sin escuelas que los ayuden a encauzar sus vidas por senderos de rectitud y disciplina, sin leyes sociales que procuren la existencia de una sociedad más justa para la extrema pobreza y el hambre que son "caldos de cultivo" para la promoción de la violencia, desaparezcan del suelo patrio y haya más solidaridad humana, comprensión, amor y paz entre los panameños.
Es tarea del gobierno intensificar los esfuerzos contra la violencia y delincuencia juvenil, contra el narcotráfico que está haciendo tanto daño a los niños y a los jóvenes de Panamá, reservas morales de la patria, contra la exagerada cantidad de armas que, clandestinamente, se encuentran en las calles en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos de muerte. La situación de violencia que se registra en la República está demandando, con urgencia, la organización de un frente común para que pueblo y gobierno, en una cruzada contra el hambre, la miseria y el desempleo, logren la paz y tranquilidad que la familia panameña está necesitando.
Urge que los medios de comunicación, especialmente algunos canales de televisión, sean más conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan a los panameños programas que contribuyan, positivamente, al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de nuestros valores humanos y al robustecimiento de una familia que, en un alto grado, no está en condiciones de orientar a niños y jóvenes que se ven afectados por una ola de violencia que crece a ritmos vertiginosos en toda la nación.
Menores de edad con revólver en mano y sin ningún control, recorren las calles con el propósito de robar, asaltar y acabar con la vida de los panameños. Tal vez ellos consideran que la misma sociedad los ha acorralado en una esquina de hambre y miseria y no se les ha dado la oportunidad para convertirse en futuros ciudadanos dignos del respeto y la consideración que todo ser humano se merece. Y los niños que se encuentran en las esquinas y semáforos acercándose a las ventanillas de los automóviles para pedir algo que alivie su hambre, son los hombres del futuro que "matan, porque les da la gana", ya que dentro de ellos hay una amargura por el abandono en que se encuentran, sin una familia bien integrada, sin escuelas que los ayuden a encauzar sus vidas por senderos de rectitud y disciplina, sin leyes sociales que procuren la existencia de una sociedad más justa para la extrema pobreza y el hambre que son "caldos de cultivo" para la promoción de la violencia, desaparezcan del suelo patrio y haya más solidaridad humana, comprensión, amor y paz entre los panameños.
Es tarea del gobierno intensificar los esfuerzos contra la violencia y delincuencia juvenil, contra el narcotráfico que está haciendo tanto daño a los niños y a los jóvenes de Panamá, reservas morales de la patria, contra la exagerada cantidad de armas que, clandestinamente, se encuentran en las calles en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos de muerte. La situación de violencia que se registra en la República está demandando, con urgencia, la organización de un frente común para que pueblo y gobierno, en una cruzada contra el hambre, la miseria y el desempleo, logren la paz y tranquilidad que la familia panameña está necesitando.
Urge que los medios de comunicación, especialmente algunos canales de televisión, sean más conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan a los panameños programas que contribuyan, positivamente, al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de nuestros valores humanos y al robustecimiento de una familia que, en un alto grado, no está en condiciones de orientar a niños y jóvenes que se ven afectados por una ola de violencia que crece a ritmos vertiginosos en toda la nación.