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Una visita agradable


A finales de 1969, hubo en el aula máxima de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, de la ciudad de Santiago (Veraguas), una feria para exhibir productos agropecuarios cosechados en un asentamiento campesino de Montijo. La producción estuvo bajo el asesoramiento técnicos de una misión del Gobierno de la República de China.
En aquella oportunidad, productos como el ají pimentón, tomates, chayote, naranjas injertadas, melones y sandías, jamás vistos, por su tamaño, fueron expuestos por primera vez en Panamá, para dar a conocer nuevas técnicas modernas y científicas empleadas por los asiáticos en tierras que para muchos no eran fértiles.
Desde entonces, el aporte chino en la Panamá se ha incrementado. La República de China (Taiwán) ha sido de gran importancia para la preparación de muchos panameños. Ese aporte, desinteresado de muchos años, pone de relieve una excelente y gran relación de amistad, solidaridad y cooperación, no sólo a nivel de gobiernos sino de ambos pueblos.
Las autoridades taiwanesas, desde que visité en 1980 ese gran país, ubicado en el amplio litoral Pacífico, me dejaron con la impresión de sus simpatías hacia la República de Panamá.
La estratégica posición geográfica de nuestro país representa enorme importancia para la diversificación de los productos de aquella isla del Pacífico asiático hacia América Latina en general. Además, la relación histórica de la presencia de los asiáticos en el istmo panameño, desde mediados del siglo XIX, nos revela una gran influencia en la vida de los nacionales.
Taiwán es uno de esos amigos que no nos ha fallado y, nos anima y motiva, igual que otros países, por cuanto sus experiencias en el asombrado campo de los milagros económicos influyen en una variedad de reciprocidad.
Así, como otros mandatarios chinos que han venido a nuestro país, la presencia de Annette Hsiu-lien Lu, fue bienvenida. Se registra cuando, tras muchos años de conversaciones, se concluye un tratado de libre comercio con Taiwán, reparando, quizás, algunas desigualdades en virtud del gran auge económico y productivo de aquel país que, algunas veces, se refleja notoriamente en un desbalance.
Annette, es ejemplo de lucha, junto al Presidente Chen Sui bian. Abraza la democracia, la libertad, la paz, el amor y la independencia de su pueblo, buscando conservar la identidad de los chinos. Algo sobresaliente en esta mujer, es que se caracteriza por ser activista de los derechos humanos. Para ella, estos son “poderes suaves” que dan prosperidad y crecimiento económico.
Su visita aquí no sólo se debió interpretar como de paso, sino de reiteración de los lazos amistad entre ambos pueblos, de pasar revista a la cooperación mutua y de afianzar las perspectivas que impone la cumbre entre la República de China y los países del istmo centroamericano, caribeño y Panamá a celebrarse en Taipei, el 21 de agosto de 2003.
Taiwán puede servir como facilitador de una nueva civilización del Océano Pacífico en el siglo XXI, y permitir así que el “poder suave” se convierta en un valor universal. De allí la importancia de incluir, en el próximo período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidades “la cuestión de la representación de la República de China (Taiwán) en la ONU”, lo contrario sería una discriminación contra su soberanía y su pueblo, que asciende a 23 millones de habitantes; impidiendo, a este país del lejano oriente, a continuar ayudando a mantener la paz y la estabilidad en Asia y el Pacífico.

101 años de Panamá América

 
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