UNASUR, Colombia y las bases de Estados Unidos
La ambivalencia es mala consejera, aun cuando en la diplomacia haya mucho de eso. El lunes de esta semana se ha iniciado en Quito la reunión de UNASUR, esa agrupación de naciones suramericanas que en principio anunció acciones conjuntas en la economía, contra la pobreza y por el desarrollo. A su vez, se denominó como foro de coordinación y debate sobre los temas puntuales por los que transita el sur del continente, por lo que el anuncio colombiano de permitir que Estados Unidos utilice siete de sus bases se ha convertido en tema crucial de la agenda de esta entidad.
Nadie les niega ese derecho, pero tal preocupación debería mostrarse igualmente respecto a la escalada militarista que en los dos últimos años ha realizado Caracas. En todo caso, el convenio colombo-estadounidense podría interpretarse como una respuesta a los cien mil fusiles AK-47 comprados por Chávez a Rusia, las armas adquiridas en Irán, los tanques de guerra recientemente anunciados, y la extraña manera como lanzacohetes suecos comprados por Venezuela han aparecido en manos de las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
No es posible que las alarmas diplomáticas suenen sólo en un sentido y guarden silencio en otro. De todos modos, después de dos periodos en el Palacio de Nariño, Álvaro Uribe ha demostrado la seriedad de su país en estos temas, y la manera como los encara.